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Cuestión de salud pública

El acto individual de vacunarse o no tiene efectos en el grupo claves para detener epidemias y brotes

09 may 2017 / 21:55 h - Actualizado: 10 may 2017 / 08:24 h.
  • Un enfermero actualiza la cartilla de vacunación con el sello y la fecha de la vacuna suministrada. / Manuel Gómez
    Un enfermero actualiza la cartilla de vacunación con el sello y la fecha de la vacuna suministrada. / Manuel Gómez

La inmunización mediante vacunas está considerada por la OMS como la política sanitaria con más potencial para reducir la morbilidad y mortalidad. Su funcionamiento se basa en que al inyectar de forma controlada el agente causante de enfermedades infecto contagiosas provocadas por virus o bacterias –bien en una dosis mínima o bien alterando sus propiedades dañinas–, su presencia despierte una reacción en el sistema inmunológico que lo prepare para que en caso de que aparezca el virus en toda su dimensión sea capaz de atacarlo. Igual que las enfermedades infecto contagiosas se caracterizan precisamente por su rápida expansión porque se transmiten fácilmente, el poder de la vacunación radica en que cuando en una población hay una tasa elevada de miembros inmunizados, los que no lo están quedan protegidos porque la cadena de posibles transmisiones se interrumpe. De ahí que los profesionales sanitarios defensores de la vacunación alerten de que los movimientos antivacunas pueden tener un efecto en la salud pública. La falta de inmunización no sólo afecta a los miembros que optan por no vacunarse sino que su decisión puede mermar la eficacia para el grupo de la práctica de vacunarse del resto.

Tanto la Sociedad Española de Pediatría como la Consejería andaluza de Salud reconocen que en la comunidad no hay constancia de una gran implantación de movimientos antivacunas como sí ocurre en Cataluña, donde recientemente ha saltado a la luz pública que hay pediatras del sistema público que comulgan con esta filosofía. Los detractores de las vacunas hacen hincapié en sus efectos secundarios, más graves que algunas de las enfermedades en sí. Los defensores de la inmunización subrayan que como todo medicamento es cierto que existen efectos secundarios pero con una incidencia minoritaria. Por contra, aunque también sean minoritarias las complicaciones que pueden presentar algunas de las enfermedades de las que existen vacunas, éstas pueden ser muy graves e incluso mortales, de ahí que defiendan que si existe el remedio para prevenirlas, merece la pena.

¿Pueden erradicar para siempre una enfermedad?

En el haber de argumentos a favor de la vacunación sistemática está la experiencia histórica. En España, las vacunaciones masivas comenzaron allá por el siglo XIX contra la viruela, si bien al no haber obligatoriedad y ante las dificultades de llevar un control no fue hasta 1921 cuando al obligar a vacunarse y aislar a los enfermos se logró poner coto a las epidemias, aunque con la Guerra Civil y la posguerra hubo rebrotes que obligaron a retomar la inmunización. Hoy la viruela es la única enfermedad vírica totalmente erradicada (desde 1979), esto es, que no existe en ningún país del mundo (sólo hay dos muestras del virus conservadas en dos laboratorios de EEUU y Rusia). Por eso ya no se vacuna contra ella. Hay otras enfermedades desaparecidas en el mundo occidental o en la mayoría de países europeos, como la polio, pero se sigue vacunando porque no está erradicada mundialmente y por tanto su transmisión aún es posible. Con todo, la vacuna contra la polio que en España empezó a aplicarse masivamente desde 1965 también demostró la eficacia de la inmunización al desaparecer esta patología que en la primera mitad del siglo XX hacía estragos. También por esos años se fue extendiendo la vacunación contra el sarampión y la difteria, el tétanos y la tosferina (a través de una vacuna polivalente).

¿Desde cuándo se incluyen en la sanidad pública?

El éxito al reducir los casos y gravedad de estas enfermedades llevó al Gobierno español, aún en la dictadura, a implantar un calendario sistemático de vacunaciones a la población infantil en 1975 que desde entonces se mantiene. Se va adaptando anualmente con las novedades que la investigación farmacéutica saca y las recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas de la Sociedad Española de Pediatría. Es el Consejo Interterritorial de Salud, formado por los Gobiernos central y autonómicos y las sociedades científicas, quienes anualmente elaboran un calendario recomendado en el que, para incluir una nueva vacuna, se tiene en cuenta su eficiencia en términos de la tasa de incidencia y gravedad de la enfermedad, la eficacia de la vacuna contra ésta y su impacto poblacional y el coste económico de la vacuna.

Desde la creación del Estado de las autonomías, y la transferencia de las competencias sanitarias a las comunidades, cada territorio aprueba su propio calendario de vacunas que se administran gratuitamente en los sistemas sanitarios públicos. La gran demanda del Comité Asesor de Vacunas es la unificación de estos calendarios para que en todas las comunidades se aplique el mismo.

¿En todas las regiones se ponen las mismas?

En realidad los calendarios actualmente vigentes presentan pocas diferencias entre territorios en cuanto a las enfermedades contra las que son inmunizados los niños. Básicamente, los más pequeños son vacunados contra la polio, las difteria, el tétanos, la tosferina, el sarampión, la rubeola, las paperas, la varicela, la hepatitis B, la meningitis C, el neumococo, la neumonía, el virus del papiloma humano (sólo las niñas aunque la Sociedad Española de Pediatría empieza a plantear extenderla también a los niños). Sí hay divergencias en el número de dosis que se aplican y, sobre todo, las edades a las que se ponen.

Al margen de las diferencias de dosis y edades, sólo Cataluña, Ceuta y Melilla incluyen una vacuna distinta al resto de comunidades: la de la hepatitis A. El doctor del Consejo Asesor de Vacunas de la Sociedad Española de Pediatría Francisco Álvarez explica que la inclusión de esta vacuna en el calendario de Ceuta y Melilla está justificada porque ambas ciudades autónomas están en territorio africano, donde existe esta enfermedad. En ambos casos se ponen dos dosis de esta vacuna a los 15 meses y a los dos años, o una a los 13 años para aquellos adolescentes que no estén vacunados ni hayan pasado la enfermedad.

En el caso de Cataluña, esta vacuna se implantó mediante un programa piloto de vacunación en los colegios a los niños de entre 11 y 12 años iniciado en 1998. Desde hace dos años, ya está incluido en el calendario del sistema público de salud con dos dosis, al año y a los 6 años, si bien para los niños que no han sido inmunizados a esa edad se mantiene la vacunación en los colegios a los 11 o 12 años que se irá extinguiendo cuando ya no haya niños mayores de 6 años sin vacunar.

¿Qué vacunas cubre el Sistema Andaluz de Salud?

En el caso de Andalucía, con la incorporación de la vacuna contra el neumococo a finales del año pasado –fue la última comunidad en incluirla apurando el plazo acordado por el Gobierno que expiraba en 2016– y el adelanto de la varicela a los 15 meses y tres años (anteriormente sólo se ponía a los niños de 12 años que no la hubieran pasado), el calendario de vacunación oficial del SAS es exactamente el fijado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. También recientemente se ha recuperado la dosis de refuerzo de la vacuna contra la tosferina a los 6 años, que ha estado suprimida durante más de un año debido a un problema global de desabastecimiento por parte de los laboratorios farmacéuticos que hizo que, por recomendación de los pediatras y sober todo a raíz de la muerte de un recién nacido en Málaga, se destinaran esas dosis a las embarazadas.

¿Hay otras recomendadas sin financiar?

El Comité Asesor de Vacunas recomienda otras dos vacunas que no incluye ni el calendario nacional ni sufraga ninguna comunidad autónoma. Se trata de la de la meningitis B (la propuesta de los pediatras es poner cuatro dosis a los 2, 4 y 6 meses y una de refuerzo entre los 12 y 15 meses) y la del rotavirus (con tres dosis recomendadas a los 2, 4 y 6 meses de edad). Sólo el País Vasco financia esta última pero únicamente para niños prematuros nacidos antes de la semana 32 de gestación.

En el caso de la meningitis B, desde 2015 se comercializa en farmacias (antes sólo estaba disponible para uso hospitalario). El Consejo Interterritorial no la incluye en el calendario por la baja incidencia de la bacteria causante de este tipo de meningitis (el año pasado se dieron cien casos en toda España) y porque la que actualmente se fabrica y comercializa (Bexsero) no protege contra todas las cepas de esta bacteria que circulan y su efectividad actual está fijada en un 70 por ciento. Sin embargo, el doctor Álvarez señala que en el Reino Unido está implantada desde septiembre de 2015 y ya se han realizado estudios que revelan que su efectividad es del 94 por ciento. Reconoce que es una enfermedad «poco frecuente pero muy agresiva» ya que «puede provocar la muerte inmediata o secuelas graves que van a requerir tratamiento de por vida».

En cuanto a la vacuna contra el rotavirus, se comercializa desde 2006 y el Comité Asesor lleva desde entonces recomendando su inclusión. El rotavirus es la causa más frecuente de gastroenteritis aguda en niños menores de dos años que en nuestro país no es mortal como en zonas en vías de desarrollo pero genera un alto índice de hospitalización infantil, por diarreas y deshidratación. Según el doctor Álvarez, su inclusión en el calendario de vacunación ahorraría 28 millones de euros anuales a los sistemas sanitarios públicos.

¿Cuánto cuestan las que no están sufragadas?

La de la meningitis B (Bexsero) cuesta 106 euros cada dosis (424 en total) y la del rotavirus entre 69,50 euros por dosis (Rotateq) y 93,66 euros (Rotarix, de la que en vez de tres dosis sólo son necesarias dos). La de la varicela, que hasta este año no estaba incluida y muchos padres ya se la ponían a sus hijos pagándola, cuesta 45,38 euros por dosis (Varivax) –llegó a haber un problema de desabastecimiento en farmacias que disparó las ventas en Portugal y por internet. La del neumococo (Prevenar13) cuesta 70 euros cada dosis. Tampoco se incorporó hasta final del año pasado y además inicialmente sólo para los niños nacidos a partir de octubre de 2016, que eran los que en diciembre tenían dos meses, la edad de la primera dosis, mientras que aquellos más mayores a los que sus padres ya les hubieran puesto alguna dosis debían sufragar el resto. El pasado abril, el SAS dictó unas nuevas instrucciones para financiar esta vacuna a todos los niños nacidos desde el 1 de enero de 2016.


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