viernes, 19 abril 2019
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¿De quién será la culpa cuando la culpa no sea de nadie?

Toma de decisiones. Hogar, trabajo, compras, gestiones... Mil rutinas comunes serán hechas por las máquinas, que aprenderán de su experiencia

19 jun 2018 / 00:01 h - Actualizado: 18 jun 2018 / 00:01 h.
  • ¿De quién será la culpa cuando la culpa no sea de nadie?

Uno de los logros más interesantes de la tecnología acogida al marchamo de inteligencia artificial es su capacidad para ir aprendiendo de su propia experiencia. Pero para ello, previamente, necesitará ser adiestrada, se le darán claves, patrones... instrucciones. La máquina podrá ser exquisitamente pulcra y aséptica, pero, ¿qué pasa si su profesor no lo es tanto? No hace falta que sea queriendo: basta con que se le escape un mínimo matiz para que el razonamiento del aparato quede sesgado. ¿De quién será la culpa, entonces, en caso de que por esta razón se cause algún tipo de perjuicio? Sobre todo, en asuntos especialmente sensibles, caso de la salud, la justicia, el consumo... Es importante saberlo, porque sucederá. La abogada especialista en Derecho Informático y Nuevas Tecnologías Natalia Ospina Díaz se preocupaba por este asunto en Ámbito Jurídico. «Varias empresas en EEUU han creado sistemas para identificar sesgo o discriminación en las ofertas de empleo por cuestión de género, edad o raza», apuntaba. «En materia legal, hace poco, se conoció el estudio de ProPublica, una corporación sin ánimo de lucro que descubrió que el software utilizado por el sistema judicial en EEUU para determinar el riesgo de reincidencia tenía el doble de probabilidades de señalar erróneamente a individuos de raza negra».

El machine learning (una vez más, el omnipresente inglés) propiciará la toma de decisiones, una de las características más destacadas en materia de inteligencia artificial. El mundo que se derivará de estos grandes avances tecnológicos ofrecerá, como se puede ver en estas páginas, mayordomos virtuales que climatizarán la casa a nuestro gusto y nos recibirán con la música que queremos escuchar; robots con los que conversaremos, que reconocerán nuestra voz y la distinguirán de las de otros –nuestra voz y nuestros rasgos, e incluso nuestro estado de ánimo–, y que por este sencillo procedimiento realizarán gustosos nuestros trámites y caprichos. Y que gracias a la generación de lenguaje natural nos hablarán también, probablemente hasta que el desarrollo tecnológico haga imperceptibles las diferencias –hoy tan evidentes– entre tratar con una persona de verdad y hacerlo con una máquina. Suponiendo que para entonces la máquina no se sienta también persona. ¿Exageración? Bien, que le echen la culpa al cine. O a lo mejor resulta que nadie la tiene tampoco. El marketing automático pondrá por delante lo que queramos cuando lo queramos. Y por si fuera poco, la inteligencia artificial producirá también contenidos, como el ya comentado redactor virtual que cuenta como si fuese un reportero los partidos de tercera división. Los médicos se dejarán auxiliar por los asistentes del trabajador cognitivo cuando tengan que emitir un diagnóstico especialmente complejo. Y esto es solo lo que de momento ya es realidad o empieza a serlo: las posibilidades alcanzan adonde la imaginación llegue. ¿Será mejor o peor? Una curiosidad: según revela Business Insider, el 80 por ciento de los millennials prefieren dar sus datos a un robot antes que a un humano. A todos ellos agradará saber que, según la firma de investigación Gartner, en 2020 más del 85 por ciento de los centros de atención al cliente serán virtuales.


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