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De vivir en palacio y en la Familia Real a las puertas de la prisión

Nadie hubiera imaginado el desenlace judicial de Urdangarin y su defenestración cuando, hace algo más de dos décadas, irrumpió en la vida de los Borbones a raíz de su noviazgo con la infanta Cristina

12 jun 2018 / 22:19 h - Actualizado: 13 jun 2018 / 08:19 h.
  • Iñaki Urdangarin. / Cati Cladera (Efe)
    Iñaki Urdangarin. / Cati Cladera (Efe)

La decisión del Tribunal Supremo de sentenciar a Iñaki Urdangarin a cinco años y 10 meses de prisión sitúa al esposo de la infanta Cristina al borde de la cárcel y de convertirse en el primer pariente de los reyes Juan Carlos I y Felipe VI entre rejas.

El cuñado de Felipe VI, nacido en Zumarraga (Gipuzkoa) y que el 15 de enero cumplió 50 años, dejó de pertenecer a la familia real en junio de 2014 tras el relevo en el trono. Sin embargo, ya en diciembre de 2011 se le apartó de las actividades oficiales, en vísperas de ser imputado por sus negocios en el Instituto Nóos junto a su socio, Diego Torres.

Desde entonces, la brecha de Urdangarin con el rey Juan Carlos y con el entonces heredero a la corona empezó a agrandarse ante el daño que generaba a la institución en un contexto de crisis y de enfado ciudadano por la corrupción.

Nadie hubiera imaginado el desenlace judicial de Urdangarin y su defenestración cuando, hace algo más de dos décadas, irrumpió en la vida de los Borbones a raíz de su noviazgo con la infanta Cristina. Por entonces era uno de los jugadores más renombrados del balonmano español, con el que ganó una medalla de bronce en las olimpiadas de Atlanta 96, cuando conoció a la infanta.

El 4 de octubre de 1997 contrajeron matrimonio en Barcelona en medio de la percepción generalizada de que se trataba de una pareja idílica que reforzaba la buena imagen de la corona y, en ese contexto, el rey Juan Carlos concedió a su hija el título de duquesa de Palma.

Afincados en la capital catalana, Urdangarin dejó el balonmano en 2000 para preparar su salto al mundo laboral con un máster en administración.

Su estreno en el campo de la empresa fue como director de Planificación y Desarrollo de Octagon Esedos, una empresa de marketing deportivo, y en 2003 pasó a desempeñar la misma función en la matriz del grupo Motorpress Ibérica.

En paralelo, su fama de estrella deportiva le abrió las puertas del Comité Olímpico Español (COE), primero como miembro y luego como vicepresidente primero (2004-2005).

Con una imagen social intachable, el yerno del rey Juan Carlos se vio reforzado para adentrarse en el mundo de los negocios y hacer dinero al margen de su función en la familia real.

Fue cuando se embarcó en 2004 con Torres en el Instituto Nóos, germen de su descarrío una vez que se constató que obtuvo de forma irregular varios millones de euros procedentes de diversas administraciones públicas.

Urdangarin ocultó buena parte del dinero a través de la empresa Aizoon, de la que era titular al 50 por ciento con la infanta Cristina, absuelta en el caso.

Ante las primeras sospechas en febrero de 2006 de que el negocio olía mal, Urdangarin dejó Nóos a instancias de la Casa del Rey y pasó a trabajar como consejero en Telefónica, primero en España y, a partir de 2009, en Washington, adonde se mudó con su esposa y sus cuatro hijos: Juan, Pablo, Miguel e Irene.

Fue durante su estancia en EEUU cuando el juez José Castro empezó a investigar los negocios de Nóos, lo que llevó a la Fiscalía Anticorrupción de Baleares a registrar la sede en noviembre de 2011. Ese fue el detonante que llevó a Zarzuela a apartar a Urdangarin de las actividades oficiales.

El posterior traslado del matrimonio a Ginebra, después de un breve paso por Barcelona una vez desligado de Telefónica, trató de alejar el foco sobre Urdangarin, pero la investigación judicial le fue empujando cada vez más hacia una condena que ya le pone a las puertas de prisión.


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