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El trastorno del siglo XXI

Depresión: (mucho) más allá de la tristeza

En 2015 los especialistas atendieron 150.000 consultas en Andalucía por estos trastornos, que afectan a uno de cada diez españoles. No hay que confundirla con episodios puntuales de apatía o decaimiento

06 dic 2017 / 20:55 h - Actualizado: 07 dic 2017 / 07:58 h.
  • En la depresión confluyen síntomas de índole afectiva, somática y cognitiva que llevan a la persona a rehuir su actividad social y viéndose afectado su rendimiento. / El Correo
    En la depresión confluyen síntomas de índole afectiva, somática y cognitiva que llevan a la persona a rehuir su actividad social y viéndose afectado su rendimiento. / El Correo
  • Depresión: (mucho) más allá de la tristeza
  • Manuel Conde, coordinador de la USMC del Área Sur. / El Correo
    Manuel Conde, coordinador de la USMC del Área Sur. / El Correo

Al menos una de cada diez personas ha padecido o padecerá una Depresión, con mayúsculas porque se trata de un trastorno mayor de complejo diagnóstico y abordaje y de repercusiones nada desdeñables en la vida cotidiana (familiar, social, laboral...) de la persona. Y con mayúsculas acaso para distinguirse del episodio más o menos pasajero de tristeza, abatimiento, apatía o decaimiento que todos hemos sufrido en más de una ocasión.

No es extraño que se produzca tal confusión y que se abuse de la expresión estar deprimido cuando la propia Organización Mundial de la Salud ofrece una definición tan vaga como la que sigue: «Es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración».

Y es que la depresión es una patología compleja que abarca desde trastornos leves, que aparecen como respuestas adaptativas a situaciones vitales estresantes, hasta trastornos muy graves. Los primeros son los llamados trastornos de ansiedad, que no son sino alteraciones del estado de ánimo como reacción a una situación vital estresante, pero no propiamente una depresión; los segundos, en cambio, son los englobados en la categoría de trastornos afectivos o del humor, entre los que se incluyen el trastorno bipolar, el maníaco-depresivo, la distimia o la ciclotimia.

Este grupo de trastornos, los que realmente se pueden catalogar como depresión, representan apenas el diez por ciento de todas las consultas que se atienden en el área de Salud Mental del Servicio Andaluz de Salud (SAS), que en 2015 fueron casi 150.000 (146.961). Las personas atendidas ese año por un trastorno incluido en el grupo de los trastornos del humor o afectivos fueron 40.188, lo que supone el 20 por ciento del total de personas atendidas en estos servicios especializados.

En cuanto a la distribución por sexo de los trastornos afectivos, el 69 por ciento son mujeres y el 31 por ciento son hombres. Asimismo, el ocho por ciento de las consultas generadas por este grupo diagnóstico hace referencia a pacientes que acuden por primera vez a los servicios especializados de Salud Mental.

EL PROCESO ASISTENCIAL

Los pacientes con depresión son atendidos en el marco del proceso asistencial integrado Depresión, Ansiedad y Somatizaciones. Son remitidos por su médico de Atención Primaria a la Unidad de Salud Mental Comunitaria (USMC) de referencia cuando detecta un caso que no responde a las medidas desarrolladas tanto a nivel farmacológico como de apoyo psicológico en el centro de salud. La persona derivada a la USMC es entrevistada por un facultativo, psiquiatra o psicólogo clínico, que será el encargado de hacer el diagnóstico y de proponer, junto al paciente, un plan individual de tratamiento.

En la provincia de Sevilla, este proceso asistencial tiene como referentes a los hospitales Virgen Macarena y Virgen del Rocío, cuyas unidades de gestión clínica disponen a su vez de seis USMC, con un total de 32 facultativos entre psiquiatras y psicólogos clínicos en el caso del Virgen Macarena.

Cada USMC se constituye en torno a un equipo de carácter multidisciplinar formado por psiquiatras, psicólogos clínicos, enfermeros, trabajadores sociales y personal administrativo. En numerosas ocasiones el personal de Enfermería desarrolla labores de apoyo en el plan individual de tratamiento de pacientes con depresión.

Los pacientes con depresión no tienen un trato diferenciado con respecto al resto de patologías, si bien es cierto que, debido a su frecuencia, genera un número muy importante de consultas y un buen número de las hospitalizaciones. Así lo corrobora el doctor Manuel Conde, coordinador de la USMC del Virgen del Rocío: «Nosotros vemos al paciente y le ponemos un tratamiento y, en los casos de depresión más grave, con riesgo de autolisis o tendencia al suicidio, se prescribe el ingreso hospitalario, que sería el tercer nivel asistencial».

«Fundamentalmente hablamos de depresión cuando hay un estado de ánimo tendente a la tristeza acompañado de un cuadro de enlentecimiento psicomotriz, desmotivación, sensación de cansancio, pérdida de placer por hacer cosas y en general pensamientos de contenido negativo», explica este facultativo, que no obstante aclara que «la mayoría de los pacientes que acuden al sistema sanitario tienen cuadros reactivos ante una situación de duelo por el fallecimiento de un familiar, por ejemplo, y son trastornos leves. A lo mejor presentan una sintomatología muy parecida, pero no es lo mismo». La actividad de primeras consultas de casos nuevos en el Virgen del Rocío ronda las 3.000 al año.

La depresión es una patología de origen multifactorial y, por ello, difícil de identificar, siendo los factores psicológicos y los sociales –también los hay de índole biológica– los más relevantes. Conde explica que «los psicológicos inciden en lo que es el aprendizaje infantil, ya sean traumas o maltrato en los primeros cinco años de vida, que es en la etapa en la que se forma la base de la personalidad y el carácter. Si no hay vínculos estables hay más predisposición a la depresión». Y en cuanto a los factores sociales, señala que «afectan en la medida en que si todo nos va bien en cuanto a la familia, el trabajo, etc. no pasa nada, pero si falla algo y eso te causa estrés, tienes que tener unas bases sólidas para salir adelante. Hace unos años hicimos un estudio y nos dio como conclusión aquello de la salud, el amor y el dinero, que son en su ausencia, por ese orden de importancia, los posibles desencadenantes de reacciones depresivas», razona.

«Los casos graves –añade este experto– son aquellos en los que hay un trastorno depresivo mayor, un trastorno bipolar o un trastorno maníaco-depresivo. En esos casos es cuando se hace un seguimiento más cercano porque se entiende que hay un cierto riesgo». En el otro extremo estarían «los trastornos de ansiedad o leves, motivados por el fallecimiento de una persona cercana, por una enfermedad que te hace plantearte las cosas, por la ruptura de pareja... son reacciones adaptativas que pueden durar entre seis meses y un año como máximo», señala.

SOBREMEDICACIÓN

En los casos graves los fármacos juegan un papel importante y hay un beneficio evidente, mientras que «en los leves lo tienen igualmente pero no deberían tenerlo, hay cierta tendencia a la sobremedicación. Si a tu consulta te llega un chico que ha tenido tres años de noviazgo y lo han dejado, el fármaco no debe ser la primera elección, sino la psicoterapia. Tiene que entender lo que le ha ocurrido y enfrentarse a ello», argumenta Conde, que lamenta la falta de medios: «El problema al que nos enfrentamos los profesionales es que para un manejo adecuado de estos trastornos hace falta tiempo y recursos, y no se tienen. De ahí que muchos opten por prescribir medicación cuando a lo mejor no es necesaria. Hay casos en los que es preferible apostar por las terapias y técnicas de relajación o de autoconocimiento».


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