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El año en que murió Fandiño

La muerte del diestro vasco ensombreció una campaña que alumbraría dos triunfadores inesperados: Ferrera y Ponce. Manzanares y Morante cortaron por lo sano

30 dic 2017 / 08:16 h - Actualizado: 29 dic 2017 / 22:58 h.
  • Antonio Ferrera había sido el mejor de la Feria de Abril; posteriormente se iba a convertir también en el torero del año. En la imagen, con un toro de El Pilar en la plaza de la Maestranza. / Arjona-Toromedia
    Antonio Ferrera había sido el mejor de la Feria de Abril; posteriormente se iba a convertir también en el torero del año. En la imagen, con un toro de El Pilar en la plaza de la Maestranza. / Arjona-Toromedia
  • Minuto de silencio en memoria de Iván Fandiño en la Maestranza. / Toromedia
    Minuto de silencio en memoria de Iván Fandiño en la Maestranza. / Toromedia

La noticia, aventada por la inmediatez de las redes, corrió como la pólvora por todos los móviles del toreo al caer aquella calurosa noche de junio. Iván Fandiño había muerto, desangrado, camino del hospital de Mont de Marsan en el que sólo pudieron certificar lo irremediable. Le había cogido un toro de Baltasar Ibán llamado Provechito que le sorprendió a la salida de un quite en la plaza de Aire-Sur-L’Adour. El pitón alcanzó el hígado. La muerte, dicen, era inevitable...

Era sangre sobre sangre. Casi un año antes, en la plaza de Teruel, había caído otro matador, Víctor Barrio, que aún bregaba con la suerte, la vida y el toro. Las gentes del toro acusaron el golpe y hasta los repugnantes insultos vertidos en las redes sociales pero la carretera esperaba y el espectáculo, una vez más, tenía que continuar. Los toreros prosiguieron su viaje dando forma a una extraña temporada en la que han sobresalido, por encima del reto de la tropa, dos nombres propios indiscutibles: los de Ferrera y Ponce.

Antonio Ferrera cimentó su particular año de los prodigios –más allá del cantado duelo con el toro de Victorino– cuajando de cabo a rabo a un complejo ejemplar de El Pilar en Sevilla con el que reivindicó el arte de torear entendido como sinfonía. Fue el primer recital de una campaña intensa y regular en la que se invistió de primer actor logrando torear a altísimo nivel con capote y muleta. Otro de los mejores hallazgos del diestro pacense ha sido la reinvención de la lidia buscando en la mejor historia. Pero el indudable impacto Ferrera no debe eclipsar la impresionante regularidad y el alto diapasón artístico logrado por Enrique Ponce. El valenciano ha firmado un año para enmarcar que eleva su altísimo techo con 28 temporadas cumplidas como matador de toros. El caso, a estas alturas y con esas cifras, es único en la historia del toreo. Ponce y Ferrera adelantaron por la mano a los tres tenores oficiales. De ellos, sólo El Juli mantuvo el tipo en una temporada de primera figura en la que ha conseguido dejar atrás, parece que definitivamente, algunos fantasmas atenazantes. El Juli encarará la próxima campaña con nuevos planteamientos para conmemorar su vigésimo aniversario de alternativa. Estaremos expectantes...

Morante y Manzanares, por su parte, coincidieron en cortar sus respectivas temporadas antes de tiempo. En el caso del alicantino, para ser operado de una grave lesión cervical que ponía en peligro su propia movilidad. Morante, buscando dar un radical golpe de timón para afrontar 2018 con nuevos intereses, planteamientos y estrategias. El caso es que ambos se bajaron del carro en la yema del verano dejando descabezadas muchas ferias en las que emergió, un año más, un intratable Perera que esprintó a fondo desde su gran tarde de Huelva en Colombinas hasta la inapelable salida a hombros en Las Ventas que le sirvió, de paso, para cerrar su temporada.

Pero 2017 también fue el año del toreo que viene. Roca Rey templó su propia novedad pero reafirmó el papel de torero de ferias y figura precoz. Le ha salido un competidor directo, Ginés Marín, que se convirtió en triunfador automático de la feria de San Isidro el día que abrió la Puerta Grande de Las Ventas. Se marchó el último Paquirri; Padilla ha dicho que lo hará en 2018, un año en que otros deberían hacerlo. No nos olvidamos de toreros como Talavante están obligados a asumir definitivamente lo que se espera de él.

En otros ámbitos, el mundillo sigue aguantando los embites antitaurinos de una sociedad desquiciada. La Fundación del Toro de Lidia ha reafirmado su papel vertebrador confirmando su solvencia en los juzgados y encallando en la política de comunicación. La revocación de la abolición balear debe servir para convencer a las huestes del toreo que ése es el único camino posible. La Fundación estrena presidente. Victorino Martín, que une su prestigio personal a una imagen reconocible, será el encargado de marcar la pauta del futuro inmediato. Feliz 2018.


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