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El salto atrás de renunciar a las vacunas

Enfermedades como el sarampión y la tosferina necesitan bolsas de niños no inmunizados para prosperar

24 oct 2017 / 07:01 h - Actualizado: 24 oct 2017 / 06:01 h.
  • Niños a la espera de recibir una dosis de la vacuna del sarampión. / Efe
    Niños a la espera de recibir una dosis de la vacuna del sarampión. / Efe

Enfermedades que en España están en clara remisión, como el sarampión, de repente experimentan un repunte y se crea un problema de salud pública y alarma social. Eso pasó en 2011, en Granada, cuando se registró un brote de sarampión debido a la negativa a inmunizar a sus niños de un colectivo antivacunas. Un juez tuvo que intervenir entonces ante el riesgo de contagio a cualquier otro pequeño de familias ajenas a ese movimiento negacionista.

Así lo recuerda el pediatra experto en enfermedades infecciosas Pedro Terol, que ejerce en un hospital sevillano. Con una cobertura de vacunas superior al 95%, España no está entre los países de Europa más afectados por enfermedades como el sarampión y la tosferina, como muestran los datos de vigilancia del Instituto de Salud Carlos III.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud no ha logrado su objetivo para esta enfermedad en España:_ su erradicación en 2016. El logro se ha aplazado sine die –a pesar de las continuas gráficas descendentes–, por «dificultades en el proceso».

En estas «dificultades» sitúa Terol a los grupos antivacunas, aunque en el caso del sarampión –una enfermedad muy contagiosa y que puede provocar encefalitis graves en los niños– su acción solo provoca brotes «esporádicos y localizados».

De hecho, el informe de vigilancia Plan de Eliminación del Sarampión y Rubeola, España 2016, del Instituco Carlos III señala que la incidencia del sarampión por cada millón de habitantes es del 0,8 en el último año con datos, el propio 2016, con índices de vacunación casi absolutos y solo el repunte de 2011 rompiendo la gráfica en caída libre. En Andalucía, la tasa es de 0,2, superado el incidente de Granada. El 71 por ciento de laos casos no estaba vacunado.

Un número importante de los casos de sarampión en España tiene además que ver con la procedencia de viajeros de países donde la tasa es más elevada. Algunos europeos, como Italia, Rumanía o el Reino Unido.

«En 2016 el sarampión fue importado: 11 casos se contagiaron en otro país: Rumanía, Reino Unido, Italia, Guinea Ecuatorial, Tailandia, Indonesia, y Camboya. Otros 23 casos se contagiaron en España, bien en una cadena de transmisión originada por un caso importado o, bien enuna cadena de la que no se conoce el origen pero que está producida por un virus con genotipo/ haplotipo importado», reza el informe del Instituto Carlos III.

«¿Cómo avanzar en la eliminación de la enfermedad en España?», se pregunta de forma retórica el experto. «Con vacunaciones sistemáticas, con el rescate de las personas no vacunadas y con la detección precoz: hay casos, sobre todo en adultos, que pasan desapercibidos, pero con cada tos se sueltan microorganismos que pueden contagiar», explica Terol. «Si es necesario, hay que aislar al paciente».

Y es que el sarampión da la «falsa seguridad» de que es una enfermedad leve o sin consecuencias «gracias a la vacuna», prosigue el pediatra. «Los antivacunas aseguran que sus hijos son fuertes ante el sarampión y no es así: simplemente el virus no circula porque casi toda la población está vacunada. Hemos olvidado lo grave que podía llegar a ser, con secuelas neurológicas». El sarampión, recuerda, no tiene que ver, como otras enferemdades, con la falta de higiene: «La transmisión es universal. Podía afectar históricamente hasta a los hijos de los reyes. Es verdad que el hacinamiento favorece el contagio, pero no es necesaria para la transmisión: en la misma escuela se lo pueden pegar unos a otros los alumnos».

Peor perspectiva tiene el repunte de la tosferina, que a nivel mundial está repuntando –también en España–. Entre las estrategias para reconducir la situación se ha ideado la vacunación... de las madres embarazadas. Parece que funciona, explica Terol, pero aún es pronto para contar con datos claros.

El informe Situación de la tos ferina en España, 2005-2016 sitúa entre las causas la falta de eficacia de la vacuna pasados unos años, a lo que también se refiere Terol.

«Estos efectos cortos de la vacuna inciden en que los adultos jóvenes susceptibles de enfermar y de tener hijos la contraigan. Por eso se ha introducido una dosis de recuerdo a los seis años y la vacuna a las embarazadas». Otra alternativa, como la vacuna nido (inmunizar a todos los que están en contacto con los niños: padres, abuelos, personal sanitario y escolar) es más complicada y asimismo más costosa.

La tosferina es una enfermedad que puede tener una mortalidad «altísima», recuerda el doctor, sobre todo la variedad maligna en bebés de menos de un mes. De ahí que hace unos tres años, Inglaterra primero y después algunas comunidades españolas (Andalucía, desde 2015) hayan optado por inmunizar a la madre gestante –e indirectamente, al propio feto– contra la bacteria que la provoca. Todas las autonomías, indica el estudio del Instituto Carlos III, se habían sumado a esta iniciativa en enero de 2016.

«La tos ferina [el informe prefiere esta forma tradicional de escribir el nombre, aunque la Academia Española prefiere la variante en una sola palabra] es una enfermedad prevenible por vacunación que mantiene su patrón epidémico cíclico, con ondas que se presentan cada tres-cinco años»

Hasta el año 2009 «la incidencia de tos ferina fue inferior a dos [casos] por 100.000 habitantes», pero desde entonces la enfermedad crece. «En 2014 se inició una quinta onda que llegó a su máximo valor en 2015 con 17,99 casos por 100.000 [habitantes]», aunque desde entonces se ha moderado y en 2016 era de 8,8 casos.

Según la Estadística de mortalidad por causa de muerte del Instituo Nacional de Estadística, «las muertes por tos ferina superaban los 30 casos al año» antes de la llegada de las vacunas. «A partir de los años 70 la mortalidad por tos ferina fue reduciéndose y en la década de los 90 apenas se notificaron muertes por esta causa», resume el informe sobre esta enfermedad del Instituto Carlos III.

Pero... «Entre 2000 y 2006 la media anual fue de una muerte por tos ferina al año; entre 2007 y 2014 la mortalidad anual media por tos ferina ha sido de 4,7. Todas las muertes registradas corresponden a niños menores de 3 meses». Y entre 2010 y 2016 (datos provisionales para 2016) «se han notificado 47 fallecimientos por tos ferina», aunque el INE, con datos hasta 2014, rebaja algo esta cifra de fallecimientos. En todo caso, el aumento de los casos mortales es evidente en los últimos años.


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