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¿Qué leer este verano?

El verano, la hora de ponerse al día con la mesita de noche

Lecturas estivales. Es hora de rebajar un poco la montaña de libros pendientes que llevan toda la primavera mirándole de reojo, pero atención a las novedades de la temporada

01 jul 2018 / 07:00 h - Actualizado: 01 jul 2018 / 07:00 h.
  • Dos mujeres leen novelas en la playa de la Concha, en San Sebastián, en una imagen de archivo. / Efe
    Dos mujeres leen novelas en la playa de la Concha, en San Sebastián, en una imagen de archivo. / Efe
  • El poeta uruguayo Rafael Courtoisie, uno de los grandes cultivadores actuales del verso. / El Correo
    El poeta uruguayo Rafael Courtoisie, uno de los grandes cultivadores actuales del verso. / El Correo
  • La novelista Fred Vargas, una de las opciones más apetecibles del verano. / El Correo
    La novelista Fred Vargas, una de las opciones más apetecibles del verano. / El Correo

Hay quien todavía no se ha repuesto del reciente fallecimiento de Philip Roth, y están quienes ni siquiera lo han leído. A estos últimos tal vez le interese saber que en el mes de junio han salido en bolsillo algunos de los títulos esenciales del autor estadounidense: Pastoral americana, La mancha humana, El mal de Portnoy, El animal moribundo, El teatro de Sabbath, Me casé con un comunista... Nada más propicio que el verano para ponerse al día y sumarse a la legión de lectores huérfanos de papá Roth.

Pero también puede ser un buen momento para continuar con el trabajo empezado. Por ejemplo, si se leyeron las dos primeras partes de la trilogía de los Chironi, del sardo Marcello Fois, es hora de comprobar el remate perfecto a la saga familiar que es Luz perfecta (Hoja de Lata), o empezar por el primero si aún no ha podido uno meterse en ese viaje apasionante en el tiempo.

Si, por otro lado, se disfrutó de la monumental última novela de Paul Auster, 4321, y se quedó con ganas de seguir bailando al son de la música del azar, podemos elegir entre la reedición de Tombuctú (Austral) o Una vida en palabras (Seix Barral), una serie de conversaciones con la profesora I. B. Siegumfeldt acerca del oficio de escribir. Nunca defrauda.

Claro que también puede ser ese verano en que descubramos de una vez –o, en su caso, profundicemos en su dilatada obra– a Fred Vargas, la flamante premio Princesa de Asturias de las Letras, tal vez de la mano de las 12 entregas de la serie del comisario Adamsberg y su equipo, y o las tres de Los tres evangelistas, todas ellas publicadas por la editorial Siruela.

Si en lugar de novela negrocriminal queremos volver al siempre animado panorama de novela histórica, esta temporada las recomendaciones son españolas: ya sea Canción de sangre y oro (Planeta), de Jorge Molist, la peripecia de Pedro III el Grande que obtuvo el premio Fernando Lara en su última edición; El milagro del Prado (Arzalia), de José Calvo Poyatos, que además de hermano de la vicepresidenta del Gobierno es un autor de larga y fecunda trayectoria; o La maldición de la casa grande (Espasa), el sorprendente debut en la narrativa del periodista Juan Ramón Lucas. Pero también han visto la luz sorpresas tan gratas como La maleta de Ana (Ediciones B), de Celia Santos, una historia de mujeres que emigraron en los 60 y 70 a Alemania para trabajar.

También es posible que queramos un poco de novela europea de la buena, como la que nos brinda el Nobel francés Patrick Modiano con los amores inolvidables reflejados en Recuerdos durmientes (Anagrama), o un thriller absorbente como La desaparición de Stephanie Mailer (Alfaguara) del suizo Joël Dickier, sí, el mismo que lo petó hace un tiempo con el superventas La verdad sobre el caso Harry Quebert. O tal vez prefiramos regalarnos un clasicazo como Dhzan, la inmarchitable obra maestra de Andrei Platónov, publicada por Fulgencio Pimentel; o reencontrarnos con el mejor Delibes en La bruja Leopoldina y otras historias reales (Destino).

Por otro lado, hay vidas que parecen novelas, y que hasta superan a las mejores historias de ficción. Este verano tenemos la oportunidad de ponernos rockeros con la trepidante (y quizás no muy edificante) Vida de Keith Richards, aparecida en Timun Mas; o la autobiografía de ese hombre del renacimiento que es (aunque no lo parezca) el cantante de Iron Maiden, Bruce Dickinson, y que acaba de ver la luz en la misma editorial.

Aunque también puede que queramos sumergirnos en las vivencias de un perfil muy distinto, el de la argentina Silvina Ocampo, espléndidamente narrada por una de las autoras más en forma de las letras hispanoamericanas actuales, Mariana Enríquez, bajo el título La hermana menor (Anagrama). O, en la misma editorial, la segunda entrega de las memorias de Nazario, el genial artista sevillano, que en Sevilla y la Casita de las Pirañas cuenta sus correrías juveniles en tiempos en los que la homosexualidad era duramente reprimida y castigada. O Stop-Time, del neoyorquino Frank Conroy, «probablemente el mejor libro de memorias literarias del siglo XX» en la acreditada opinión de David Foster Wallace, y que Libros del Asteroide acaba de publicar.

Real como la vida misma es también el testimonio de Christine Lavant, que en Notas desde un manicomio (Errata Naturae) cuenta su experiencia voluntaria durante un mes y medio en un hospital psiquiátrico. Sencillamente impresionante.

Para no salir del ensayo, ese género al que ya es hora de que vayamos perdiéndole el miedo, podríamos recomendar algunos trabajos periodísticos a la altura de cualquier buena obra literaria, como Fariña, de Nacho Carretero, que ha sido reeditado por Libros del K.O. después de su inexplicable secuestro judicial; o Las cenizas del Califato, de Mikel Ayestarán, en el sello editorial Península.

Pero también hay joyas recién salidas del horno como La hispanibundia, la aportación de Mauricio Wiesenthal para ayudarnos a comprender a la complicada familia española, y que acaba de alumbrar Acantilado. Wiesenthal nunca defrauda, pero en esta ocasión viene condensado lo mejor de su pensamiento con su indesmayable pasión, lo que supone una suerte de irresistible dos por uno.

¿Más lecturas apetitosas? La reedición de La larga carretera de arena, de Pier Paolo Pasolini, que acaba de rescatar Gallo Nero para los amantes de los viajes con los ojos bien abiertos, de Italia y del inmortal escritor.

Si preferimos los libros ilustrados, una pequeña joya para empezar: Oh gueto mi amor (Páginas de Espuma) del guatemalteco Eduardo Halfón, hermosamente acompañada por los dibujos de David de las Heras. Y ya en el ámbito del cómic, todavía estamos a tiempo de disfrutar con Mortadelo y Filemón del Especial Mundial 2018 (ediciones B) del maestro Francisco Ibáñez, así como ese derroche de talento al guion y al dibujo que es Picasso en la guerra civil, de Daniel Torres, en Norma.

Tampoco es el verano mala época, ni muchos menos, para volver sobre la poesía: ya sea de autores jóvenes pero valiosos, como Aitor Francos con sus Camas (Trea), o de acreditados veteranos como Rafael Courtoisie con Ordalia (Huerga y Fierro), o Chantal Maillard con Cual menguando (Tusquets). Elija lo que elija, no olvide proteger sus libros del agua (sobre todo si lee en e-book), del sol excesivo y de la arena entre las páginas...


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