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El yihadismo está tocado, no hundido

El Estado Islámico desaparece como Estado de facto, pero la amenaza terrorista sigue presente en todo el mundo, donde se sucedieron sangrientos atentados a lo largo de todo el año

29 dic 2017 / 19:14 h - Actualizado: 29 dic 2017 / 20:39 h.
  • El yihadismo está tocado, no hundido

2017 ha sido el año del fin del califato del terror impuesto, sobre todo, sobre extensas zonas de Irak y Siria por el Estado Islámico. A lo largo de los últimos 12 meses el constructo político yihadista ha ido perdiendo todas sus ciudades y, militarmente, las aldeas dispersas que controla en Siria no son una amenaza para nadie. Distinta es la amenaza terrorista. Una gran incógnita.

No hace ni un mes que el Gobierno de Irak decretó el fin de la guerra contra el Estado Islámico en su territorio, después de tres años de guerra y la impresión en 2014 de que tomarían hasta Bagdad. La reconquista de la segunda ciudad del país, Mosul, se ha prolongado durante meses, necesitó el apoyo aéreo de EEUU –y quizá más difícil, que kurdos e iraquíes combatieran juntos al enemigo común–. Al final, la tricolor panarabista sustituyó a la enseña negra del califato el 8 de julio de este año en Mosul.

El Estado Islámico perdió asimismo en Siria sus dos principales bastiones: su capital Raqqa, a manos de los kurdos apoyados por EEUU el 17 de octubre. Y la mesopotámica Deir Ezzor fue totalmente liberada de un asedio de tres años por el Gobierno sirio, apoyado por Rusia, en noviembre.

Pero el Estado Islámico no solo ha sido un ejemplo de barbarie en los territorios que controló. Comandos terroristas que actúan en su nombre han ensangrentado todos los rincones del globo, con especial dureza en Europa occidental. En 2017 el Reino Unido y España han sufrido los zarpazos más sangrientos de la fiera malherida.

El 3 de junio tres terroristas atropellaron a los viandantes que se encontraban en el entorno del Puente de Londres, uno de los más turísticos de la capital británica. Al quedar detenido el vehículo, continuaron acuchillando a quien encontraban por delante. Dejaron 11 muertos, entre ellos el español Ignacio Echeverría, que acudió a defender a una de las víctimas sin más armas que su monopatín.

En la lista de los 50 mayores atentados de 2017, el Estado Islámico es responsable de 28. Las organizaciones yihadistas copan el macabro ranking, con miles de muertos: solo el atentado ocurrido en Mogadiscio, la capital de la asolada Somalia, causó 512 muertos, el 14 de octubre. Los de Barcelona están en el puesto 43 de esta lista, que cierran los 22 muertos de un tiroteo a cargo de Al Qaeda en Burkina Faso el 13 de agosto.

Que el final del Estado Islámico pueda traer un 2018 empapado en sangre lo temen expertos en yihadismo y relaciones internacionales como Hana Jalloul Muro, del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo y doctora por la Complutense en el departamento de Relaciones Internacionales y Derecho Internacional Público. «El fin de la guerra en Siria e Irak no significa el fin de sus células en otros lugares. El Estado Islámico está en horas bajas, pero no va a desaparecer. Además no sabemos qué ni cuántos yihadistas han muerto o están encarcelados allí, ni cuántos han conseguido escapar o infiltrarse en otras organizaciones terroristas. No se sabe dónde están, ni qué hacen. Ni siquiera se sabe qué armas se han confiscado al final de la guerra y cuáles se han sustraído al control. Es que ni siquiera se sabe si [el autoproclamado califa] Al Bagdadi está vivo o muerto».

También aconseja a los gobiernos «implantar políticas que sean efectivas». Por ejemplo: «¿Cómo se desradicaliza a alguien?» Jalloul cree que hacen falta imanes moderados, expertos y enseñar a través del propio Islam cómo un movimiento político radical les ha lavado el cerebro a través de la manipulación de los textos religiosos. «Pero todo depende, además, del carácter, la edad y los contactos de la persona radicalizada», advierte.

«Para el próximo atentado estaremos más preparados, seremos más conscientes, funcionarán mejor los servicios de seguridad y estarán más coordinados entre países, pero sin políticas de prevención, a la búsqueda de colectivos vulnerables, y desradicalización, no llevarán a ninguna parte», apostilla.

La experta explica que el fenómeno del yihadismo nace en el siglo XX y no con la religión musulmana. «Los califatos antiguos separaban la esfera religiosa de la secular (la gestión y el gobierno) y solo muy recientemente se ha politizado el Islam». Lo que abrió la caja de Pandora, tal y como recuerdan todos los expertos, fue la invasión de Irak por EEUU, seguida por las injerencias internacionales en el fenómeno de la Primavera Árabe de 2011, aunque avisa: «Europa no tiene la culpa de todo», para indicar que también hay responsabilidades en la gestación del yihadismo en los países donde surgió.


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