domingo, 17 diciembre 2017
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, última actualización

La noche en la que los linces durmieron en la comisaría

Relato de la evacuación del centro de cría en cautividad del lince ibérico del Acebuche la tarde en la que el fuego arrasaba Doñana

12 ago 2017 / 21:42 h - Actualizado: 12 ago 2017 / 22:15 h.
  • El incendió de Doñana casi llega al centro de cría. / El Acebuche
    El incendió de Doñana casi llega al centro de cría. / El Acebuche
  • Instalaciones del centro de cría de el Acebuche. / Txetxu Rubio
    Instalaciones del centro de cría de el Acebuche. / Txetxu Rubio

Una columna de humo se había cuadrado sobre Doñana. En plena sobremesa del domingo 25 de junio, los 27 linces del centro de cría en cautividad de El Acebuche barruntaban ansiedad. Algo olía mal. A quemado, para más señas. El cielo se tornó negro y caían cenizas como las motas de sus lomos. Los cuidadores, ojo avizor con mirada de ídem en el horizonte y el desasosiego más infausto: un incendio despiadado ya galopaba por extensiones protegidas del Parque Natural e indomables rachas de viento parecían dirigirlo hacia El Acebuche. Se venía la primera evacuación en la historia de uno de los puntos claves del panorama del lince mundial, en centro de cría que lidera una estrategia que paso a paso, cachorro a cachorro, ha salvado a una especie que en 2003 parecía abocada a la extinción.

«Id al centro el personal que pueda», el mensaje brotó a las 15:29 en el grupo de Whatsapp de los trabajadores, que de inmediato movilizaron un protocolo que nunca pensaron que llegaría: tocaba evacuar, a toda pastilla, el centro de cría. Había dos trabajadores, pero el mensaje consiguió movilizar a casi una veintena de personas que rindieron su esfuerzo para evitar la pérdida de los animales. No era un simulacro, desgraciadamente, a pesar de ser otras veces ensayado. El testimonio, narrado por Villaespesa y recabado del boletín que edita el centro donde está minuciosamente versado por el coordinador Antonio Rivas, está plagado de la crudeza de un momento en el que todos parecían ver desfilar ante sus ojos los hitos de una infraestructura vital y decisiva para la pervivencia del lince ibérico.

Emprendieron las labores de evacuación a sabiendas que contarían con poco tiempos antes de recibir la orden de abandonar el lugar. No se trataba de abrir los campeos y que el felino se marche por su propio pie, no es tan fácil. Tocaba capturarlos. En apenas hora y media, lo consiguieron con 14. Llegó la temida llamada de abandono del centro, con lo que no hubo más remedio que abrir puertas y dejar que huyeran a su suerte. Fue el momento más amargo, ya que Homer, una hembra reproductora, falleció por el estrés que el trajín le provocó.

A las 17:06, el equipo abandonó el centro de cría de El Acebuche con 14 linces en los coches, rumbo a Matalascañas. El fuego, afortunadamente, se frenó en las propias fauces del Parque Nacional y no llegó, por ende, al centro. Era hora de encontrar «una zona abierta, cerca del centro de cría y lejos de masas forestales» para realojar a los felinos. La idea fue un párking en Matalascañas, pero la masiva afluencia de gente que quería huir de la playa lo hizo inviable. Así entró en juego la Policía Local del destino playero, que además de su inestimable ayuda, se brindó al alojamiento. Así fue como el felino más amenazado del planeta se libró del incendio y pasó una noche en comisaría. Al día siguiente, vuelta al centro de cría y a seguir rehabilitando la especie, aunque no sabemos si pasar esta noche entre polis cuenta como antecedente.


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