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Los últimos jornales del PER

La última cosecha del PER

A las puertas de una nueva campaña agrícola, el Pfoea ha permitido 354 obras en los pueblos. La mayoría son de asfaltado, aunque algunas iniciativas apuestan por el turismo

20 ago 2018 / 07:00 h - Actualizado: 20 ago 2018 / 09:48 h.
  • Las obras de remodelación que se efectuaron en el Paseo de Consolación de Utrera. / V.C
    Las obras de remodelación que se efectuaron en el Paseo de Consolación de Utrera. / V.C
  • Yacimiento de Plaza de Armas, El Picadero de Ecija. / El Correo
    Yacimiento de Plaza de Armas, El Picadero de Ecija. / El Correo
  • La playa fluvial de San Nicolás del Puerto. / J.A.F.
    La playa fluvial de San Nicolás del Puerto. / J.A.F.

La provincia está en plena cosecha, aunque esté a 40 grados. Pero no es ni la campaña del verdeo, que está al caer, ni la de los cítricos o el algodón. Esta campaña tiene como semilla principal el alquitrán, el cemento y el ladrillo y beneficia, sobre todo, a todos aquellos trabajadores del campo –más de 25.000- que se pasan de la labranza a la mano de obra para completar esos jornales tan necesarios cuando cesa su actividad agrícola. El impronunciable Pfoea, que no es más que el PER de toda la vida, se encuentra en la recta final de ejecución y toca recoger los frutos de los 354 proyectos que se aprobaron el verano pasado. Los ayuntamientos y mancomunidades tienen hasta el 30 de septiembre para terminar estas actuaciones que, además de servir para anclar a la población a las zonas rurales, también las dota de nuevas infraestructuras que hacen de estos municipios entornos más habitables.

El PER no ha perdido su esencia y se demuestra cada año cuando la mayoría de las obras están destinadas al repavimentación de calles, la mejora de los edificios municipales o actuaciones en colegios, centros educativos o parques. Pero también se ha adaptado a los nuevos tiempos. Los ayuntamientos, de hecho, tiran de innovación y proyectan iniciativas a través de este fondo que dejen impronta y no se limiten a la llamada micropolítica.

Una vía abierta con este plan de empleo agrario es la del turismo. Muchos han optado por destinar estos fondos a sacar partido a su potencial. En Écija, llevan varios años apostando por la consolidación de los restos arqueológicos de El Picadero, lugar donde se encontró el mosaico Los amores de Zeus, que ahora está restaurando el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). En este caso se han armado de paciencia, ya que llevan seis años –se ha solicitado también para el PER 2018– para seguir explorando sus posibilidades y hacer visitable el recinto. Fuentes de Andalucía también se ha sumado a esta vía por la historia, con la construcción de un parque arqueológico para Fuente de la Reina, un manantial de origen fenicio que se ha conservado con centenares de metros de galerías de captación de aguas.

Al turismo, pero el de naturaleza y de ocio, se abonan municipios como Alanís, que desde 2016 está apostando por el centro BTT Georrutas Villa de Alanís, que cuenta con taller de reparación de bicicletas y punto de lavado y que supone el inicio de 426 kilómetros de rutas para ciclistas por la Sierra Morena. Uno de estos senderos también se ha costeado esta temporada a través del Pfoea: el que trancurre por la Rivera del Ciudadeja, en Las Navas de la Concepción. La playa fluvial de San Nicolás del Puerto también bebe de los fondos del antiguo PER para mejorar sus prestaciones con un nuevo césped, mientras que la zona recreativa junto al Rivera del Huéznar en la finca La Jarosa, en El Pedroso, ha sido sometida a una rehabilitación para contentar a los visitantes. En el otro extremo, en la Sierra Sur, dos pueblos vecinos también aprovechan: El Rubio sigue adecuando su albergue del cruce, mientras que Marinaleda completa nuevas fases para el que será un hostal municipal.

Pero no todo va a ser turismo. El último Pfoea ha permitido adaptar edificios municipales a los nuevos tiempos. El caso más singular es el de Tocina, que ha reformado la antigua sede del Juzgado de Paz para alojar el nuevo centro de interpretación histórico de la Vega del Guadalquivir. A su vez, han reformado un edificio –el Depósito del Agua– para las nuevas dependencias judiciales. Pilas, de su parte, está rehabilitando el antiguo Depósito de Agua para que se convierta en nuevo espacio cultural para albergar exposiciones, talleres y cursos. En Albaida, se ha iniciado la primera fase para que el antiguo consultorio sea un centro de ocio, mientras que en Badolatosa han optado por reconvertir el pabellón deportivo en gimnasio.

Todos estos detalles muestran el papel primordial del PER en los pueblos, más si cabe en un momento en el que las administraciones locales se encuentran maniatadas en concepto de inversiones por las restricciones impuestas por la ley Montoro. Así, planes añejos como el Pfoea o más contemporáneos como el Plan Supera de la Diputación suponen un balón de oxigeno para intentar cambiar algo la realidad de los municipios. Así es posible que Aguadulce financie la construcción de un tanatorio, Almadén y Herrera pongan en marcha un vivero de empresas, Aznalcázar promueva un carril bici paralelo a la A-474, Isla Mayor pueda potenciar una unidad de estancia diurna o Mairena del Alcor apueste por unir sus tres grandes hitos: el museo Jorge Bonsor, el Castillo y la Casa Palacio.

Pero, más allá de estos grandes titulares, el PER no ha perdido su esencia. Más de la mitad de las 354 obras se centran en el arreglo de acerados y el reasfaltado y repavimentación de calles. Ya puede ser en Lora de Estepa, con una población que no llega a mil habitantes, donde se ha programado la adecuación de las calles Libertad y parte de Blas Infante, o toda una ciudad como Utrera, donde se ha abordado la primera fase para la remodelación del emblemático Paseo de Consolación. La elección de este tipo de obras no es baladí, ya que se efectúa ya no solo por la necesidad del municipio, que está claro que requiere de mejoras en el viario, sino también en el perfil y la cualificación del personal que va a ser contratado por periodos cortos de tiempo, el necesario para poder completar los jornales indispensables para completar su trabajo principal en el campo.

De todos modos, el PER está vivo. Además de obras en calles, también hay más de medio centenar de actuaciones en edificios municipales, que son de lo más variado. Desde el simple arreglo de un tejado, como el que ha sido sometido el Ayuntamiento de Esquivel, una pedanía de Alcalá del Río, hasta la mejora de la piscina municipal de Corcoya (Badolatosa) o la ampliación del centro cívico de Cañada Rosal. También priman las actuaciones en parques y zonas verdes. Ahí destaca, sobremanera, la presencia de la capital hispalense, que a final de año se nutrió del Pfoea para contratar a 131 personas durante tres meses para actuar en los jardines históricos sevillanos como el Parque de María Luisa, los Jardines de las Delicias, los Jardines de Murillo o el Paseo Catalina de Ribera.

La mejora de cementerios con la ampliación de nichos o, como en El Ronquillo, la construcción de un velatorio; o las obras en colegios, como los comedores levantados en dos centros de La Rinconada, engrosan la larga lista de un programa que entre el segundo semestre de 2017 y primero de 2018, se ha visto beneficiada de una inversión de 58 millones, entre Estado (34,3 millones), Junta (11,5 millones), los ayuntamientos (8,3 millones) y la Diputación de Sevilla, con algo más de tres millones de euros.

Pese a ello, hay quien habla de dar un giro al Pfoea. El presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, que fue uno de los que más luchó en la implantación del PER, abogó por imprimir un cambio de filosofía al programa para «así poder atender con precisión las necesidades del mundo rural y ensayar nuevas líneas que generen empleo». De momento, la próxima campaña seguirá igual, con casi idéntica inversión y la previsión de 352 proyectos, dos menos de los emprendido en la última cosecha que tiene su fecha tope de finalización el próximo 30 de septiembre.


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