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Las esculturas que la Expo se llevó

Al término de la muestra universal algunas de las valiosas obras hechas exprofeso se destruyeron, otras se abandonaron a su suerte e incluso una fue sustraída

05 ago 2017 / 23:28 h - Actualizado: 05 ago 2017 / 22:36 h.
  • Esta pieza de Miguel Berrocal se conserva en el Auditorio. / Jesús Barrera
    Esta pieza de Miguel Berrocal se conserva en el Auditorio. / Jesús Barrera
  • La obra Europa en el corazón de Ludmilla Tcherina se encuentra en mal estado de conservación según un reciente inventario municipal. / J. Barrera
    La obra Europa en el corazón de Ludmilla Tcherina se encuentra en mal estado de conservación según un reciente inventario municipal. / J. Barrera
  • El Deshollinador de Eduardo Arroyo permanece junto al World Trade Center. / Jesús Barrera
    El Deshollinador de Eduardo Arroyo permanece junto al World Trade Center. / Jesús Barrera
  • La obra de Kapoor, valorada en 10 millones de euros, que fue destruida para la construcción de Isla Mágica. / Legado Expo
    La obra de Kapoor, valorada en 10 millones de euros, que fue destruida para la construcción de Isla Mágica. / Legado Expo

En el 25 aniversario de la Exposición Universal de Sevilla no son pocos los balances que se han hecho sobre el grado de conservación de lo que fue el recinto de la muestra. El número de pabellones reutilizados, la cantidad de empresas instaladas, la nueva vida que tiene el espacio... son dignos de mención y de reconocimiento, sobre todo en comparación con lo que ha sucedido históricamente en otras ciudades que han acogido un acontecimiento similar.

Pero la Expo 92 fue más que pabellones. Con motivo de la muestra universal, se levantó en Sevilla una auténtica ciudad dentro de la ciudad. «Por primera vez el espacio público no solo servía como muestra de poder, también contenía un programa cultural», explica Reyes Abad, una sevillana que ha realizado una tesina sobre la desintegración del patrimonio contemporáneo y que lamenta la pérdida de gran parte del programa de escultura pública que se creó en su momento con motivo de la Exposición Universal.

Aunque estaba llamada a convertirse en uno de los más destacados museos al aire libre de todo el mundo, la desidia de las administraciones y el paso implacable del tiempo acabaron haciendo mella. «No hubo ningún plan para el patrimonio más allá de los pabellones. Muchas de las esculturas que se hicieron exprofeso para la Expo se dejaron abandonadas a su suerte», lamenta. «Desde entonces, Sevilla es menos moderna», sentencia esta investigadora que ejemplifica la falta de atención que se tuvo respecto a estas piezas en el hecho de que no se mencionaran en los catálogos oficiales de la muestra universal.

En concreto, la colección de esculturas que llegaron hasta la capital hispalense en el 92 estaba compuesta por piezas de algunos de los artistas más cotizados en la actualidad. Es el caso del artista de origen hindú Anish Kapoor. Uno de los gurús del arte contemporáneo del momento hizo para Sevilla Edificio para un vacío. Una torre de color albero de 15 metros de alto y 10 de ancho, situada junto al lago de España que, acabada la Expo, acabó siendo derruida pues se situaba en la zona donde se levantó Isla Mágica. La pieza, que Kapoor se ha negado a replicar y que hizo mano a mano con el británico David Connor, tendría en la actualidad un valor que ronda los 10 millones de euros, según el director del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC), que albergó una gran exposición del artista en 2006.

Este es el caso «más escandaloso», pero hay más. En los Jardines del Guadalquivir, que estuvieron clausurados varios años, se localizaban esculturas de artistas como Eva Lootz, Per Kirkeby, Ettore Spalleti o Stephan Balkenhol. Precisamente la obra de este último, Hombre con camisa blanca pantalón negro, fue serrada en torno al año 2002 y hoy en día tan solo queda la base. La pieza, de gran porte, estaba compuesta por un tronco de árbol, en cuya parte superior se había tallado y coloreado la figura del hombre. En el año 2009 la prestigiosa casa Christie’s subastó una obra muy similar del mismo autor por 100.000 euros.

Otras de las esculturas se vendieron o se desplazaron a otras zonas de la ciudad. Es el caso, por ejemplo, de La trampa de la memoria, de Federica Marangoni, un regalo de Venecia, que se llevó al Arboreto del Carambolo; o Hércules con leones y columnas de José López García Seguirí y que en 2005 pasaron de la entrada del pabellón de Andalucía –ahora sede de la RTVA– al Parlamento de Andalucía. En el caso de Media esfera azul y verde, de Jesús Rafael Soto, que localizaba en Puerta Triana, fue vendida a Cajasol y donada posteriormente a la familia del artista –fallecido en 2005–.

Pero hay otras muchas que se conservan. Sin duda, las que mejor suerte corrieron son las que se encuentran en los jardines del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC). En concreto, se conservan las obras pertenecientes al programa Doce países, con el que cada miembro de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) estuvo representado a través de una escultura. Entre 2005 y 2006 se restauraron aquellas que permanecían en Sevilla pues las de Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Francia y Grecia volvieron a sus países de origen al acabar la Expo. El trabajo estuvo dirigido por Carlos Núñez Guerrero y Pilar Soler, y ejecutado por el restaurador José Carlos Roldán.

Y es que el vandalismo y la falta de mantenimiento es otro de los motivos que han ido acabando con las esculturas. Uno de los casos más claros es el del mural cerámico Verbo América, del chileno Roberto Matta, situado en Puerta Barqueta. La pieza fue restaurada en 2001 pero el Ayuntamiento de Sevilla llegó a cortar un trozo de la tapia que lo sustentaba para construir el carril bici. En 2012, algunas de las obras del chileno llegaron a subastarse por más de cuatro millones de euros. Labores de restauración se acometieron también sobre Europa en el corazón, de Ludmila Tcherina, una de las piezas más simbólicas del actual Parque Científico y Tecnológico Cartuja, que preside la entrada del antiguo pabellón de la CEE.

Ambas piezas están recogidas en el inventario del antiguo recinto de la Expo 92 que el gobierno local presentó recientemente con motivo del 25 aniversario de la muestra. El documento, que puede consultarse en la web de la Gerencia de Urbanismo, considera que se encuentran en un estado de conservación «malo». De hecho, de las 18 esculturas que aparecen en el informe, cinco de ellas están en esa situación. Se trata, además de las dos anteriores, de la Cápsula del tiempo, de Federico Guzmán, a la que le faltan varias piezas. En los Jardines del Guadalquivir, el No ma dejado, de Eva Lootz, que presenta una importante fisura en el centro del arco que pone en serio riesgo la estabilidad de la obra, y Fuente de pájaros, de Ettore Spalleti, en estado de completo abandono y desuso.

En el otro lado de la moneda están piezas como el Doña Elvira en el Auditorio, cuyo entorno no es el más atractivo, o Deshollinador de Eduardo Arroyo que, aunque se movió de su ubicación original, siguen en el Parque Científico y Tecnológico Cartuja.


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