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Los buscadores de la felicidad

Quien piense que un ateneo es una cosa rancia y viejuna es que no ha visto el de Sevilla, donde se cultiva y consume entusiasmo con rejuvenecedores efectos

05 ene 2017 / 07:00 h - Actualizado: 05 ene 2017 / 13:35 h.
  • Los buscadores de la felicidad
    La carroza de Don Quijote, en 2006, fue uno de los guiños de la Cabalgata al mundo de la cultura y de las letras. Este año habrá una dedicada a Gustavo Adolfo Bécquer. / El Correo
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    Exposición ‘Ex libris’ en la sede del Ateneo de Sevilla. / El Correo
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    Exposición con motivo de la inauguración de la sala Luis Cernuda, en la institución. / El Correo
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    Voluntarios del Ateneo, en el Economato Social en una imagen de archivo. / El Correo

De Nietzsche se puede decir cualquier cosa menos que fuera cursi. Pero a veces, mientras elaboraba sus deliciosos exabruptos filosóficos, le cogía la hora tonta y escribía reflexiones de dulcísima lucidez, como que «la madurez del hombre es haber recobrado la seriedad con la que jugábamos de niños». Puede que existan pocos autores célebres que hayan retratado más adecuadamente que el pensador alemán, sin pretenderlo, el espíritu y la labor del Ateneo de Sevilla, hoy protagonista absoluto, junto con la chiquillería, de la fiesta más alegre de la ciudad. La Cabalgata, el gran regalo que los Reyes Magos hacen a Sevilla todos los años, es fruto del mismo serio entusiasmo de madurez que la institución de la calle Orfila aplica a la promoción desprejuiciada de la cultura, la ciencia, la literatura, el arte y la solidaridad. Este es el lote de sus intenciones, su juego de niños grandes.

El juego se llama La búsqueda de la felicidad. Por eso esta noche la Cabalgata no terminará cuando la última de las carrozas, con su abetunada y disparatada escolta de beduinos y sus ruedas repletas de azúcar y de papeles pegados, se recoja en la calle Palos de la Frontera dejando a los niños cuadrados para el más bello de los sueños. Tras el recorrido, los tres Reyes Magos, acompañados por su corte de personalidades orientales y fantásticas y también por responsables de la entidad que dirige Alberto Máximo Pérez Calero, se acercarán con toda su pompa y unos cuantos regalos a visitar a los niños y mayores ingresados en el Virgen del Rocío. Y luego, para que los barrios tengan igualmente sus cabalgatas mañaneras de postín y pueda proseguir la fiesta en las calles, el Ateneo pondrá sus carrozas a disposición del Ayuntamiento.

Es la marca de la casa. Cada vez que encuentran ocasión, los responsables del Ateneo cuentan anécdotas del poeta que inventó la Cabalgata de Sevilla, José María Izquierdo. Por ejemplo, que a menudo se quitaba de en medio y se iba a hacer obras de caridad sin que nadie lo supiera. Y siempre que recuerdan estas anécdotas lo hacen para subrayar que también la Cabalgata tiene, más allá de su aspecto lúdico, un objetivo humanitario que persigue atender las necesidades más perentorias de quienes peor lo pasan. Según explican, el equipo de acción social del Ateneo de Sevilla reúne a un grupo de personas dedicadas a esto de manera altruista y desinteresada, con dos frentes: juguetes y alimentos.

Por lo que hace a los primeros, con la colaboración de Radio Sevilla-Cadena Ser y Juguetes Simba, el Ateneo y su Cabalgata de Reyes organiza cada año la Operación Buena Gente para la donación de miles de juguetes a colectivos en riesgo de exclusión social. La recogida se organiza en la Campana con gran bombo, y luego se llevan al almacén del Pabellón de la Navegación para repartirlos entre oenegés, parroquias, asociaciones y otras entidades que los hayan solicitado previamente. En cuanto a los alimentos, desde finales de octubre hasta principios de diciembre, los niños de cada carroza de la Cabalgata y los beduinos, el día de la reunión preparatoria de la gran fiesta, aportaron una cantidad de productos, de resultas de lo cual este año la Cabalgata de Reyes donará más de siete toneladas de alimentos, entre arroz, cacao, lentejas, zumos, atún, cereales y otros, mayormente imperecederos. La donación irá al Economato María Auxiliadora, Comedor Social San Vicente de Paúl (Pumarejo), Comedor Social de Torreblanca ligado a la Parroquia de San Antonio de Padua, barriada de El Cerro y Amate.

Pero el entusiasmo tiene muchísimos más recorridos. La carroza que se dedicó en 2006 al Quijote, o la que esta noche hará un guiño a Bécquer, son solo dos de los muchos homenajes que desde lo alto de las plataformas forradas de papeles de colores se han rendido y se siguen rindiendo cada año a la cultura, a las letras. Quizá sea esta vertiente la que más personas relacionan con la tarea intelectual del Ateneo: los libros, las conferencias, las mesas redondas... lo sesudo. Sin embargo, yerran. Como se dijo antes, se trata de un juego, o de tomarse la vida con la fascinada seriedad de los niños, y ahí entra todo cuanto tenga algo de sorprendente, de revelador, de inspirador, de mágico. Para ejemplificar la amplitud de las inquietudes del Ateneo, baste con señalar que este año pasado se han tramitado en el caserón de Orfila asuntos tan diferentes entre sí como las romerías penitenciales en Navarra, el vino en el cine y en televisión, la historia del grupo móvil de control aéreo de Tablada, la herencia de la espiritualidad franciscana en Sevilla o las tetas en la escultura, admirablemente modeladas con literario afán y venérea devoción por Antonio Cerero, sobre textos de Manuel J. Roldán. Quien sabe divertirse lo mismo con unos pezones que con la memoria de los franciscanos es alguien que, como dijo Nietzsche, se encuentra más allá del bien y del mal o, sencillamente, que vive sin tapujos ni apriorismos castradores y aspira a que los demás hagan lo propio, por su bien y por amor.

En el Ateneo, por lo tanto, lo sorprendente y lo folclórico gusta una barbaridad. Organizan un exitoso y longevo ciclo de mitología andaluza, infinidad de actos relacionados con la Semana Santa y otras fiestas locales, recitales lo mismo de Bécquer que de flamenco, inspiradores paseos literarios por lugares señalados, exposiciones sobre el toro de lidia... La faceta más popular del arte y la cultura se amplía con mimo al hablar de los 750 años de la iglesia de Santa Ana y en una conferencia sobre la construcción de guitarras españolas. Pero valdría cualquier cosa. Cualquier cosa que hablara sobre el prodigio del ser humano y su perplejidad ante los prodigios de la creatividad, la invención y la investigación. Una exposición de juguetes antiguos, teatrillos navideños, concursos de dibujo y de escritura –todo un nombre tienen ya el Premio Ateneo de Novela y de Novela Joven–, certámenes de cortometrajes, conciertos de jóvenes talentos... y todo esto que se ha indicado en estas páginas es solo una parte de lo que se ha hecho durante el último año.

«Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura», escribió el autor de Así hablaba Zaratustra. Que quizá no sea el filósofo más indicado para hablar de la Cabalgata, ¿o sí? Depende de lo que se haga con los prejuicios y del tiempo que se emplee en leer sin ataduras. Es solo una cuestión de entusiasmo. Algunos hace tiempo que dejaron de entenderlo. Pero otros, de algún modo feliz, siguen siendo niños y se lo toman muy en serio.


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