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Los otros tesoros del 15 de agosto

La visita a las imágenes de la Virgen del Tránsito son ya un clásico de la mañana del Día de la Asunción. Por primera vez se veneraba a esta advocación en el Santo Ángel

15 ago 2017 / 14:32 h - Actualizado: 15 ago 2017 / 20:31 h.
  • La Virgen del Tránsito se presentaba a los pies del altar mayor de la iglesia del Santo Ángel. / Fotos: Jesús Barrera
    La Virgen del Tránsito se presentaba a los pies del altar mayor de la iglesia del Santo Ángel. / Fotos: Jesús Barrera
  • Los otros tesoros del 15 de agosto
  • Los otros tesoros del 15 de agosto
  • Altar instalado en la iglesia del Pozo Santo.
    Altar instalado en la iglesia del Pozo Santo.

Son las 9.30 horas de la mañana del 15 de agosto. Con la exquisita puntualidad de cada año, la oscuridad de la Catedral acababa por engullir la luz de santidad que irradia el rostro de la Virgen de los Reyes. En ese instante la ciudad regresa a la dicotomía que la hace irrepetible. Hay sevillanos que piensan que todo está consumado y que es el turno de aguardar un año más para volver a vivir en plenitud el Día de la Virgen. Pero los hay que, en un número cada vez más amplio, optan por seguir disfrutando de la jornada a través de una ruta por iglesias y conventos que se convierten en templos de intimidad en los que venerar a la Santísima Virgen, más allá de la multitud que rodea a la patrona en su procesión de tercia.

Es un paseo por la ciudad que acaba enganchando. De hecho, y aunque no haya una estadística que lo confirme, existe la certeza de que quienes lo prueban una vez acaban por repetir al siguiente e incluso suman adeptos a un singular recorrido al que año a año también se han ido incorporando nuevas paradas. «Nosotros siempre hacemos lo mismo. Primero vemos salir a la Virgen, luego desayunamos y antes de que apriete el calor nos damos un paseo por las iglesias del centro. Hay un ambientazo», contaba Javier, un joven de Mairena del Alcor que junto a un numeroso grupo de amigos aguardaba en la puerta de la iglesia del Santo Ángel.

Allí, en la calle Rioja, estaba precisamente una de las grandes novedades de la mañana. La comunidad carmelita exponía por primera vez a la veneración de los fieles a la pequeña imagen de la Virgen del Tránsito, una advocación que presenta a María dormida en el sueño eterno como símbolo de su inmortalidad, y que se conserva el resto del año en una vitrina ubicada en el coro del Santo Ángel como una de las piezas más destacadas del museo mariano de la congregación. Muchos la encontraban por primera vez. «Yo esta Virgen no la había visto antes», comentaban dos señoras en la cola que se había formado a media mañana en el templo. Otros, los menos, sí conocían el valor de una talla a la que rinden culto en este convento desde hace años. La imagen se presentaba a los pies del altar mayor, recostada sobre una cama en cuyo cabecero estaba grabado el escudo de la orden carmelita, y rodeada de una corte de ángeles recientemente restaurados por el artista Carles Salafranca. Estas piezas, datadas entre los siglos XVIII y XIX, son de barro cocido en estilo popular y pasarán ahora a los fondos expositivos del museo carmelita.

Más allá de esta novedad, la mañana se convirtió en un ir y venir de personas por las calles del centro, ávidos por seguir viviendo una mañana de fiesta que parece hacerse corta. Prueba de ello eran las colas que pudieron verse en la calle Cardenal Spínola para la visita a la Virgen del Tránsito del convento de Santa Rosalía, una de las estampas más clásicas de toda la jornada. La espera –menos de 10 minutos– bien merecía la pena pues, mientras en el altar mayor se celebraba la eucaristía, decenas de sevillanos besaban en un silencio sobrecogedor la mano de una imagen a cuyos pies habían depositado tres varas de nardo como ofrenda de acción de gracias. No fueron las únicas que se vieron más allá de las esquinas del paso de la patrona, pues no era extraño cruzarse con numerosas mujeres que llevaban en sus manos un ramito de esta aromática flor agosteña.

Tocó hacer cola también en los alrededores de la calle Misericordia. Poco más de diez minutos de espera eran necesarios para poder acceder al interior de la iglesia del Pozo Santo, donde desde mediados del siglo XVIII se rinde culto a una hermosa talla de la Virgen bajo la advocación del Tránsito. Como es tradición desde hace varios años, la hermandad del Sol se encargó del exorno de un altar en el que se disponían cuatro imágenes de Jesús niño vestidas de ángeles. Era otra de las citas ineludibles de la jornada, junto con admirar la sonrisa inagotable de la hermana Raquel, una de las incansables religiosas que habitan este convento y que aprovechan la afluencia de sevillanos para recaudar algunos fondos que les ayuden a mantener la residencia de ancianos que gestionan.

Unas tradiciones de antaño que acaban por mezclarse con otras de más reciente factura pero que se han consolidado en la ruta matutina de cada 15 de agosto. Desde hace tres años, los hermanos de la Virgen de los Reyes de San Ildefonso, patrona de los sastres, aprovechan este día para poner en besamanos a su imagen gloriosa, como ya hacían sus antecesores hace más de tres décadas. Para la ocasión, la talla lucía una corona cedida por la Virgen del Rosario de Carrión de los Céspedes de estilo clásico. Sobre sus manos quedaban decenas de besos de una mañana que se iba apagando junto a ella. Era el momento de volver a casa con la certeza de haber vivido un 15 de agosto en el que Sevilla volvía a abrir al mundo esos otros tesoros de una mañana fiel al amor a la Virgen.


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