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Los robots llegaron para quedarse

Cambios. La OCDE avisa: la automatización acabará al menos con uno de cada diez puestos de trabajo, pero expertos sevillanos sostienen que a la larga conllevará empleo de más calidad

15 ene 2018 / 07:00 h - Actualizado: 14 ene 2018 / 22:43 h.
  • Un vehículo de guiado automático (AGV) que emula a una enfermera transporta documentos especiales en el Hospital General de Mongkutwattana en Bangkok (Tailandia). / Rungroj Yongrit (Efe)
    Un vehículo de guiado automático (AGV) que emula a una enfermera transporta documentos especiales en el Hospital General de Mongkutwattana en Bangkok (Tailandia). / Rungroj Yongrit (Efe)
  • Lucas Girela, en GNES Innovación en Sevilla, socia de Ausil Systems y especialista en instalaciones robotizadas. / El Correo
    Lucas Girela, en GNES Innovación en Sevilla, socia de Ausil Systems y especialista en instalaciones robotizadas. / El Correo
  • Robot terapéutico con forma de peluche del profesor e investigador Sr. Shibata. / Manuel Gómez
    Robot terapéutico con forma de peluche del profesor e investigador Sr. Shibata. / Manuel Gómez
  • ADA, el primer humanoide español con aspecto femenino en el Museo Elder de Gran Canaria. / Efe
    ADA, el primer humanoide español con aspecto femenino en el Museo Elder de Gran Canaria. / Efe

«Las máquinas podrán hacer cualquier cosa que hagan las personas, porque las personas no son más que máquinas». Eso fue lo que dijo el matemático Marvin Minsky (1927-2016) en la revista Muy Interesante en octubre de 1996. Él fue el cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts, hoy día referencia mundial en, por ejemplo, biología computacional y robótica. Con los años, Minsky se convertiría en uno de los máximos defensores del transhumanismo, un movimiento que considera que es necesario usar la tecnología para potenciar nuestras capacidades, evitar el sufrimiento y la vejez y, en última instancia, alcanzar la inmortalidad.

Eso aún parece de ciencia ficción, pero la robotización de nuestra sociedad es ya un hecho. Se estima que se han utilizado unos 2,32 millones de robots por todo el mundo a lo largo de 2017 para industria y negocios, según la Federación Internacional de Robótica.

Hay robots que pueden cuidar personas mayores, que transportan documentos en hospitales disfrazados de enfermeras (en la foto central), que sirven cerveza, que hacen de guías turísticos o incluso que orientan a pasajeros en un aeropuerto. Pero todos esos usos son puntuales. El presente de la robótica sigue estando ligado a los usos industriales. Y las empresas sevillanas lo saben. Pero, ¿cómo afectará la robotización al mercado laboral?

Lucas Girela es director técnico de Integración de Máquinas de Ausil Systems, socia de la sevillana GNES Innovación, especialista en instalaciones robotizadas y automatización de procesos. Comparten instalaciones en Sevilla, donde realizan la fabricación y puesta a punto de sus máquinas para, por ejemplo, revisar una pieza por segundo en factorías del grupo Continental. Ofrecen servicios de robótica con visión artificial, sobre todo, para el sector de la automoción.

«En Sevilla, la robotización está muy madura en Renault, que aplica la última tecnología, mientras que en la industria aeronáutica queda mucho por hacer. Por eso hay muchos proyectos que están arrancando», explica Girela, para quien la robotización aporta «la automatización de procesos y su consiguiente ahorro». Asegura que un robot con visión artificial puede hacer tareas de revisión que antes hacían dos personas. Entonces, ¿se perderán puestos de trabajo?

En su opinión, «habrá un cambio». «Habrá un impacto en la cadena de montaje pero el empleo se reorientará hacia gestores de procesos. Las empresas robotizadas son las que más crecen y las que más puestos de trabajo de calidad crean, los más seguros», defiende. Eso sí, apostilla que hará falta un proceso de adaptación, «pero a largo plazo será bueno para el empleo».

Y para que ese proceso de adaptación no sea traumático, las administraciones deberían intervenir y prestar ayuda. Así lo cree Raúl Cano, jefe de División de Automatización y Robótica del Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales (Catec).

Para Cano, la industria sevillana es en general bastante conservadora en lo que se refiere a introducir en sus procesos tanto robots como cualquier otro equipamiento avanzado de automatización. «La falta de una tradición industrial fuerte –añade– ha propiciado una cultura poco emprendedora, que también se ve reflejada en la escasa apuesta empresarial por soluciones tecnológicas avanzadas. No obstante, se aprecia en los últimos años un cambio de mentalidad importante, en gran medida por la internacionalización de las empresas sevillanas, pero también por el repunte de ciertos sectores con un grado de modernización considerable, como la industria aeronáutica».

El jefe de División de Automatización y Robótica del Catec sostiene que desde la Administración andaluza «se está haciendo un esfuerzo muy importante por ayudar a las empresas de la región a robotizar sus procesos». En este sentido, apunta que existen instrumentos específicos para financiar tanto la compra de robots, como las horas de trabajo para la puesta a punto del nuevo proceso robotizado. «A mi modo de ver, el obstáculo principal para que se desarrolle más la robotización es la incertidumbre en la coyuntura actual de cierta crisis económica. La robotización de procesos exige indudablemente una inversión que la empresa sólo recupera si las cosas le marchan bien», explica.

En busca de una transición no traumática

Cano insiste en que el principal motivo del uso de robots en la industria suele ser la búsqueda del aumento de la productividad, aunque en ocasiones éstos pueden emplearse para liberar a la persona de realizar tareas peligrosas, que exijan posturas incómodas o simplemente que sean operaciones repetitivas. En lo que se refiere al empleo, opina que es cierto que la introducción de robots puede tener como consecuencia inmediata la reducción de personal requerido para ciertas tareas, aunque a corto plazo también genera nuevos puestos de trabajo más cualificados (programación, mantenimiento, supervisión, etc). «Desde luego, si la transición no se regula adecuadamente, quizás por parte de las administraciones, el impacto en el empleo sí podría ser un factor preocupante». En cualquier caso, matiza que la no robotización de las empresas por motivos de empleo no tiene sentido, puesto que a medio plazo «abocaría a las empresas a su extinción y por tanto a la pérdida masiva de puestos de trabajo».

Cada vez es más común ver análisis que advierten sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el empleo. Los hay desde los apocalípticos que afirman que los robots –ya sean las grandes maquinarias de la industria o los simples cajeros automáticos– provocarán la pérdida de miles de puestos de trabajo; hasta los que sostienen que, aunque la automatización puede afectar ciertas tareas, este nuevo escenario implicará un cambio en la adquisición de habilidades y en lo que se enseña para adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral.

Desgranemos algunos de los informes más relevantes publicados. En primer lugar, la propia OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) asegura que la automatización del trabajo y la disrupción tecnológica es un proceso imparable que afectará irremediablemente a la economía y al empleo, con la destrucción de al menos el diez por ciento de los puestos de trabajo actuales. Otros estudios, como el de McKinsey Global Institute disparan ese porcentaje y advierten de que la automatización amenaza hasta el 49 por ciento de los empleos en España.

Pero hay tiempo para adaptarse. Ese mismo estudio sostiene que los diferentes factores como la economía, mercados de trabajo, regulaciones y actitudes sociales pueden adelantar o atrasar la llegada de la automatización, aunque siempre dentro del medio plazo y no de los próximos años. Aunque «la mitad de las actividades laborales de la actualidad podrían ser automatizadas para 2055», según los investigadores del McKinsey Global Institute.

El estudio concluye que muchos empleos pueden ser automatizados. En concreto, 1,1 millones de empleados dedican el 49 por ciento de su tiempo de trabajo a actividades que podrían ser automatizadas con tecnología ya existente. Esto se traduce en 14.800 millones de euros en salarios.

Pero no sólo afecta al empleo, los sindicatos ya lo advierten: la robotización podría además estar detrás del estancamiento salarial. Pese a que actualmente el paro cae, la sustitución de mano de obra por robots reduce la capacidad negociadora de los trabajadores.

Los nuevos software de la inteligencia artificial ya consiguen leer y analizar un texto o discurso. Esto es el llamado procesamiento del lenguaje natural. Esta nueva tecnología ya comienza a introducirse en el trabajo de los profesionales. En Japón, se introdujo en una aseguradora para sustituir el trabajo de 34 empleados. En Estados Unidos ya se ha abierto el debate sobre cómo afectará la llegada de los vehículos autónomos a los 1,7 millones de camioneros.

Con todo, los más optimistas, aunque reconocen que muchos empleos desaparecerán, defienden que aparecerán otros más creativos, en los que se trabajará menos horas para producir más. De hecho, los últimos estudios indican que la robotización puede mejorar la productividad, algo en lo que flaquea España.

En menos de una década, el gasto en robótica se duplicará en todo el mundo. China es el gran consumidor y aspira a ser uno de los mayores fabricantes.

Para 2019 se espera que haya casi 2,5 millones de robots instalados en fábricas e industrias de todo el mundo, aunque la mayoría estará en un puñado de países de la Unión Europea y en China. El apetito chino por la automatización es el gran motor de la robótica en el mundo.

En 2019 se espera que, sólo en ese país, se instalen 160.000 dispositivos nuevos de este tipo, según cifras de la Federación Internacional de Robótica.

La experiencia alemana

Uno de los pocos estudios que analiza la situación es El auge de los robots en el mercado laboral alemán, de los profesores Wolfgang Dauth, Sebastian Findeisen, Jens Südekum, Nicole Woessner, publicado en septiembre del pasado año. Alemania siempre ha sido una de las grandes potencias robóticas del planeta junto con Japón, así que la relevancia de este estudio ha sido alta. ¿Y qué revela?

Tras explorar el impacto de los robots en el mercado laboral en Alemania, los investigadores concluyen que no han tenido un efecto negativo en el empleo en Alemania, que la exposición a los robots «aumenta las posibilidades de que los trabajadores permanezcan con su empleador original». Pero ojo, para estos investigadores, en Alemania se demuestra que los robots son amigos de los trabajadores cualificados, que incluso aumentan su salario. Para el común de los trabajadores menos cualificados la historia es distinta.


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