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Nuevo ciclo de sequía

Los últimos ciclos secos en Sevilla han sido los mas duros

La geógrafa Fernanda Pita ha estudiado las sequías en el Guadalquivir. En la de los 90 se pensó en evacuar Sevilla

13 oct 2017 / 23:40 h - Actualizado: 14 oct 2017 / 08:01 h.
  • Fotografía histórica del embalse de La Minilla singularmente vacío. / Paco Cazalla
    Fotografía histórica del embalse de La Minilla singularmente vacío. / Paco Cazalla

La sequía es un habitante más de Sevilla. Se va algunas temporadas, pero siempre regresa y su vuelta a casa dura siempre demasiado, como la del cuñado aguafiestas.

En términos más científicos, Mª Fernanda Pita López del Departamento de Geografía Física y Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Sevilla, explica en las 28 páginas del artículo Sequías en la cuenca del Guadalquivir que explica que los recursos de toda la cuenca «difícilmente pueden hacer frente a una demanda que se evalúa anualmente en 3.606,27 hm3 /año [es decir, 3,60 billones de litros] y que procede masivamente de la agricultura, en menor medida del abastecimiento a las ciudades».

La autora, que desmonta el concepto de sequía estructural –para ella no es más que «aridez o mala gestión» del agua– repasa 11 periodos de sequía en el siglo XX (en el XXI aún no se ha llegado a esos extremos), entre 1948 y 1996. Pero el más escalofriante de estos periodos secos duró nada menos que cinco años, entre 1991 y 1996. Las secuencias secas de más de 12 meses ocurrieron entre noviembre de 1948 y febrero 1951 (28 meses), octubre de 1954 y octubre de 1955 (13 meses), noviembre de 1974 y agosto de 1976 (22 meses), diciembre de 1979 y septiembre de 1986 (70 meses) y la terrible sequía de los 90: de diciembre de 1991 a abril de 1996. Aunque hay un precedente aún peor, sin embalses: los más de nueve años de sequía (109 meses) entre abril de 1871 y abril de 1880.

La memoria y los registros están más frescos para las dos últimas sequías del siglo XX: «En algunos años los porcentajes anuales de agua embalsada se sitúan entre el 10 y el 20% de la capacidad y en el conjunto de la cuenca se sitúa en ocasiones por debajo del 10% (1982-83 y 1994-95). Los valores son aún más impactantes si se toman en consideración los volúmenes almacenados al final de las campañas, en cuyo caso los descensos por debajo del 5% aparecen en varias ocasiones. Merecen destacarse los años 1981-82 y 1982-83».

«En el año 1994-95, prosigue la autora, «la reserva media de agua es muy inferior a la registrada en los 50 a pesar de que ahora la capacidad de embalse es más de tres veces superior a la existente entonces. Son años de embalses vacíos que harán que la sociedad se plantee (...) la amenaza de un cambio climático. Por otro lado, las actitudes críticas hacia la búsqueda de soluciones meramente estructurales a la sequía, encontrará ahora su mejor apoyo para una búsqueda de soluciones más diversificadas e integrales».

«Ya en el año 1996-97, sin embargo, las fortísimas precipitaciones existentes en la cuenca conseguirán un volumen embalsado superior a los 6.000 hm3 (más del 75 por ciento de la capacidad), nivel que se mantendrá aproximadamente en los años sucesivos, justificando así las inversiones realizadas».

La situación en las casas y los campos de Sevilla resultaba dramática: «Los escasísimos volúmenes embalsados de los años 80 y 90 se mantienen a costa de restricciones a veces muy severas tanto en el consumo urbano del agua, como en las dotaciones para regadío. Sin estas restricciones los volúmenes embalsados habrían sido incapaces de mantener las demandas mínimas de agua».

En este sentido, resulta revelador que en 1994 Emasesa planteó a la Guardia Civil y la Policía Nacional la evacuación de Sevilla y su zona circundante. Jaime Palop, en aquellos tiempos comisario de aguas, explicó a la cadena Ser en una entrevista que solo había agua para seis meses. Las autoridades le quitaron esa idea de la cabeza: era imposible evacuar a un millón de personas.

Tras descartar otras alternativas imposibles, se optó por sustituir el agua de calidad procedente de los embalses por la del río, cuyo sabor a tierra y color recuerdan (con cierto repelús) aún los sevillanos de más de 30 años. Y es que el río estaba también seco.


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