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La autoayuda, ¿funciona?

«Me gustaría que Borges vendiera más que Bucay»

Entrevista a Jorge Bucay. El superventas argentino Jorge Bucay, uno de los nombres de referencia de la llamada literatura de autoayuda, regresa a los anaqueles de novedades con la antología ‘Cuentos clásicos para conocerte mejor’, recién publicado en España por Espasa

11 nov 2017 / 21:06 h - Actualizado: 12 nov 2017 / 13:53 h.
  • El escritor argentino Jorge Bucay. / El Correo
    El escritor argentino Jorge Bucay. / El Correo

—¿Se siente cómodo con la etiqueta «autoayuda», o prefiere considerarse, como ha dicho alguna vez, solo un «ayudador profesional»?

—No tiene tanto que ver con la utilidad como con la sinceridad. Mire, a mí no me importaría que dijeran que escribo libros de cocina, pero no lo soy. ¡Pobre gente que va buscando libros de recetas, pero lo siento, yo no sé de eso! Me parece que dar recetas es engañar a la gente, y desde luego en mis libros hay más preguntas que respuestas. Tampoco es que me parezcan vergonzantes los libros de autoayuda, pero yo lo que hago son libros de ficción que, de paso, ayudan a mucha gente.

—¿Ha averiguado ya qué molesta o irrita tanto a sus detractores?

—Creo que soy un tipo molesto para mucha gente, sobre todo por intentar simplificar cosas complicadas. Y también por tener un éxito que mucha gente que critica cree que merece más que yo. Y estoy seguro de que es así, hay mucha gente en México, en Argentina, en España, que escribe mejor que yo, y que dice cosas más interesantes, y que merecería tener un público mayor. Pero me duele, lo confieso, cuando no se dice «no me gusta lo que escribe Bucay», sino «Bucay es un tarado». Lo que escribo lo escribo con pasión y deseo de ayudar a otros. Me gustaría que los libros de Borges se vendieran más que los de Bucay. A veces sucede, otras no.

—Por otro lado, los entusiastas de su obra y la de otros autores afines aseguran que son ustedes los filósofos de nuestro tiempo. ¿Creen que pueden llegar a servir como sustitutos de los grandes pensadores?

—No, no lo creo. Claro que uno podría pensar que todo es filosofía: también lo que haces tú como periodista, el amor a la verdad de tu profesión, podría ser una forma de filosofía. Pero si aceptas que te llamen con ese mote, lo siguiente es que te pregunten, «¿Y qué clase de filósofo eres tú?». Primero te pongo el sombrero, y luego te digo que por qué usas ese sombrero. No, ya no hay ratón que se coma ese queso. ¿Hago filosofía, hago terapia? No, solo brindo herramientas que tú tienes que aprender a usar para hacerte más fácil y honesto el camino. Pero quien pone un mote a las cosas, es para encasillar, siempre. Lo importante es que lo que hagas sea a tu manera, y que quien pueda escucharte pueda hacerlo.

—Cada vez proliferan más las frases escogidas, de Bucay y de otros autores de éxito, que se difunden sueltas por internet. ¿Sustituirán estas cápsulas a los libros de 300 páginas?

—Si me preguntas si va a crecer ese público que quiere bocaditos, cosas pequeñas, lecturas rápidas, te diré que sí. ¿Va a hacerlo en detrimento del libro? De unos sí, y de otros no. De los míos, sí, aunque yo soy de los que sufro cuando voy por la página 360 de un libro de 400, no por lo que he leído, sino porque se me está acabando. A menudo termino y vuelvo a leerlo. Creo que esos son los lectores que cualquier autor quisiera tener, y a ellos no les preocupa que proliferen las frases esas. Hay quien lee el resumen de El código Da Vinci, pero sabemos que el placer de la lectura no tiene nada que ver con acabar un libro. Al final habrá mercado para todos, también para las pequeñas cápsulas. Si te alcanza con eso, vale. También hay quien le basta el saludo a distancia, pero si quieres abrazos, caricias, sexo y una relación integral, tienes que arriesgar. Tú decides hasta dónde llegas.

—Después de tantos años, ¿ha llegado a saber cómo es el perfil de los lectores de Jorge Bucay?

—Creo saber quién me lee y cómo ha ido cambiando ese perfil de lector con el tiempo. La bendición es poder conseguir un perfil muy amplio, que te lea gente de 17 y de 87, casados y solteros, eso es muy halagador. Tengo mis mayorías, pero mis libros están escritos para cualquiera.

—Me consta que en presentaciones y ferias del libro acuden a felicitarle muchísimos lectores, pero, ¿alguna vez se le ha quejado alguno? ¿Alguien le ha reprochado que su libro «no funcione» con él?

—No sé si me lo han dicho mucho a mí personalmente, pero claro que hay muchos que dicen «no me gusta lo que hace Bucay» o «todo lo que dice en este libro ya lo sabía». Algunas cosas obvias las digo hasta que sean tan obvias que no necesiten ser leídas. También hay quien me reprocha que «esperaba encontrar más sorpresas». Ahí solo puedo decir que ese libro no había sido escrito para él, claro, sino para otros.

—¿Cómo podemos distinguir el libro de un autor serio del de un charlatán, de un camelo?

—Por el corazón que pone en lo que hace, la seriedad de lo que dice. Cuando uno define el camino de la ignorancia del de la sabiduría, descubre que un ignorante es uno que no sabe que no sabe. Luego estamos los buscadores, como nosotros. Y al final, el sabio, que es alguien que no sabe todo lo que sabe. A menudo tratamos a unos como si fueran otros, y viceversa.

—¿Qué está leyendo ahora, de gira?

—En este momento leo a John Katzenbach, sus libros policiales. Acabo de releer El psicoanalista, y me dispongo a abordar otro que se titula Crimen ignoto.


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