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«Mi madre necesita un ascensor»

No es humano. Vecinos de La Barzola y El Carmen cuentan las dificultades que tienen para hacer algo tan cotidiano como salir a la calle, para lo que precisan la ayuda de un familiar

Manuel Pérez manpercor2 /
22 sep 2017 / 07:40 h - Actualizado: 22 sep 2017 / 07:30 h.
  • Numerosos vecinos de la barriada de El Carmen cuelgan carteles reivindicativos en sus ventanas. / El Correo TV
    Numerosos vecinos de la barriada de El Carmen cuelgan carteles reivindicativos en sus ventanas. / El Correo TV
  • Rosario Roldán y su hija Esperanza Sánchez. / El Correo TV
    Rosario Roldán y su hija Esperanza Sánchez. / El Correo TV

Un hogar es ese lugar donde se almacenan momentos, recuerdos de una infancia que se fue, un barrio que cambió, anécdotas familiares... Sin embargo, para algunos vecinos de barrios tan antiguos como La Barzola o El Carmen, ambos en el distrito Macarena, su hogar se ha convertido en una auténtica cárcel.

Las barriadas ya señaladas, construidas en régimen de protección oficial entre 1943 y 1954, no contemplaron la instalación de ascensores que facilitaran la accesibilidad a las viviendas. No era la moda de la época. Tampoco los vecinos de entonces, jóvenes trabajadores en su mayoría, tenían la imperiosa necesidad de disponer de un elevador.

Pero lo que ayer no era necesario, hoy lo es más que nunca. Aquellos jóvenes que comenzaron una nueva vida tras la posguerra, hoy son personas mayores que peinan más canas que entonces y los achaques de la edad han provocado que estos vecinos tengan una movilidad mucho más limitada que antaño. Este hecho obliga a numerosos vecinos a quedarse recluidos en sus casas.

Es el caso de Rosario Roldán, una vecina que lleva más de 40 años viviendo en La Barzola y que sufre unas determinadas limitaciones motoras que le impiden bajar a la calle todo lo que quisiera. «Estoy sola. Yo no me puedo mover», afirma agarrada del brazo de su hija, que la acompañaba en ese momento. La compañía de unos familiares o vecinos siempre es beneficioso, ya que muchas de estas personas necesitan de alguien para poder bajar o subir las escaleras. En el peor de los casos, ni siquiera esto es suficiente.

La hija de Rosario, Esperanza Sánchez, cuenta que su madre «solo sale de casa para ir al médico». Algo que suele pasar una vez cada quince días, aproximadamente. Y a pesar de que es uno de los pocos momentos en los que Rosario puede ver la luz del sol, la experiencia termina convirtiéndose en un camino tortuoso por lo trabajoso que llega a ser bajar y subir las escaleras. «Mi madre llega a casa peor de lo que salió, porque, además, tiene angina de pecho», cuenta Esperanza, que explica que salir de casa conlleva un «gran esfuerzo».

Y no es baladí que algo tan cotidiano como subir unas escaleras se convierta en toda una odisea. «Le cuesta la misma vida subir», remacha Esperanza, que cuenta con todo lujo de detalle el procedimiento para que su madre pueda llegar a su casa: «En cada descansillo le tenemos que poner una silla para que se vaya sentando».

Además, la propia Rosario se ríe al reconocer que el personal sanitario que la suele atender en la ambulancia siempre le dice «que ponga un montacargas, porque me voy a matar así». Pero la situación no queda ahí, sino que los problemas de movilidad de Rosario ya le han dado algún que otro susto. «A veces tropiezo en casa y es lo peor que hay, porque no me puedo levantar sola», cuenta Rosario. «Mi madre está encerrada en casa las 24 horas del día», apostilla Esperanza.

Junto a La Barzola, cruzando la calle León XIII, se encuentra la barriada de El Carmen, que también sufre el problema de los ascensores. Uno de sus vecinos, Gabriel Gómez, forma parte de la Plataforma por la Accesibilidad de la Vivienda que preside Arturo Díaz. Gabriel cuenta que de los 46 bloques que se levantan en El Carmen, «solo 10 tienen ascensores» y explica que se han detectado alrededor de 106 casos de personas que no pueden bajar a la calle «porque tienen dificultades para acceder a sus viviendas» debido a que «muchos de ellos están enfermos, son mayores o tienen algún tipo de discapacidad». Además, «muchas de estas personas apenas salen de casa», cuenta Gabriel, que remacha que la gran mayoría de los afectados «baja una vez al mes, una vez cada dos semanas o cuando sus hijos o vecinos los ayudan».

El presidente de la Asociación de Vecinos de La Barzola, José Medina, no entiende que aún no se hayan puesto medios para resolver el problema. «Mantener a un familiar que no puede bajar y tiene que estar a expensas de familiares y vecinos no es humano», cuenta José mientras que apela a «la solidaridad de los vecinos» para que miren «esta necesidad» y apoyen la instalación de ascensores.


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