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«No he cometido ninguna injusticia con la salida del Cerro»

13 feb 2018 / 21:27 h - Actualizado: 14 feb 2018 / 22:16 h.
  • El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo. / Jesús Barrera
    El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo. / Jesús Barrera

—Con el acuerdo de la Madrugá cerrado, el Martes Santo al revés... llegamos a la Cuaresma con una Semana Santa ya planificada. ¿Espera alguna sorpresa?

—Yo desearía que fueran una Cuaresma y una Semana Santa tranquila. Y que las decisiones que han tomado el Consejo y los hermanos mayores sean para bien y que produzcan muchos frutos, no constituyan una experiencia negativa sino positiva.

—En los últimos años se han visto estampas de cofradías procesionando por calles semivacías, ¿debe imperar la seguridad sobre el testimonio público de fe que realizan las hermandades?

—Hay que buscar un equilibrio entre ambos aspectos. Una estación de penitencia sin gente en la calle pierde el 75 por ciento de su intencionalidad, de su utilidad. No olvidemos que una estación de penitencia, además de un procesión de fe, es una catequesis viva y si no hay público no tiene sentido. La seguridad es un aspecto importante que tutelar pero también tenemos que buscar que las estaciones de penitencia tengan cierto esplendor.

—¿Qué le parecen los novedosos sistemas de seguridad que ha previsto el Cecop para esta Semana Santa: megafonía, avisos por SMS, control de intensidad de la luz, el cierre de los bares...?

—Todo lo que sea evitar lo que pasó el año pasado en la Madrugá y garantizar la seguridad de todos y el discurrir normal de las estaciones de penitencia, me parece muy bien, aunque yo no soy capaz de valorar estos aspectos técnicos porque carezco de conocimientos para ello.

—¿Le dejaron conforme las explicaciones que se han dado de los sucesos del año pasado?

—Personalmente vino a mi casa el delegado del Gobierno y me parece que es un hombre digno de crédito. Y yo, desde luego, le creo.

—Le hemos oído tachar de «escandalosas» las divisiones en el seno de las hermandades, ¿son muchos los disgustos que han dado últimamente?

—Recibo más satisfacciones que disgustos. Son pocos los incidentes, que están en la mente de todos y están de actualidad, pero aunque sean pocos no dejan de provocar cierto sufrimiento y son un escándalo, porque una institución que se llama hermandad, que ande dividida, que rompa la comunión fraterna, da un antitestimonio. El mundo sólo creerá en nosotros, los cristianos, en la medida en que nos vea unidos. Todo lo que hagamos por fortalecer la comunión, la fraternidad entre las hermandades, será poco.

—Una plataforma en defensa del patrimonio de Sevilla reclama a la Iglesia los casi 300 inmuebles inmatriculados durante los últimos años, entre ellos la Giralda. ¿Qué opinión le merece esta reclamación que se ha convertido en recurrente cada cierto tiempo?

—Me parece que es una iniciativa con poco recorrido porque ni las leyes autonómicas, ni las leyes nacionales ni las europeas avalan, protegen o dan la razón a ese tipo de iniciativa. La Iglesia, en su momento, en el año 2010, en mi mandato (en Córdoba, en 2006, inscribí la Mezquita Catedral), lo hicimos legalmente. En 1998, un Real Decreto del Gobierno de Aznar, que modificaba el artículo 206 de la Ley Hipotecaria, permitía a la Iglesia inscribir los templos –hasta entonces se podía inscribir el resto de propiedades pero no los templos– y, amparándonos en esta norma, que es legal, hemos inscrito iglesias y catedrales, lo que creemos que es nuestro. De hecho ha habido apelaciones a los tribunales en otras diócesis que no han prosperado, porque somos muy cuidadosos y no somos ladrones, no tratamos de apropiarnos de lo que no sea propiedad de la Iglesia. Son de la Iglesia y, a la vez, de todos. De hecho, la mejor forma de preservar estos bienes es que sigan siendo de la Iglesia. Y tengo un ejemplo: la desamortización fue un caos desde el punto de vista cultural: los monasterios quedaron abandonados y desapareció buena parte del patrimonio artístico. La mejor custodia es la Iglesia.

—Pero les achacan que cobran una entrada.

—¡Claro que cobramos una entrada! Desde 2010 ni el Estado ni la Autonomía nos han ayudado a conservar nuestros monumentos a pesar del convenio del año 1986. Desde 2010 no hemos recibido ni un euro. La Catedral se está conservando y restaurando gracias a la visita cultural. Y estoy muy agradecido a los canónigos, que me dan todos los años 3,5 millones de euros, que con otros 2,5 hacen seis, que me permiten atender a otras iglesias de la diócesis, que, en buena medida, están bien conservadas, porque la Iglesia de un euro hace dos.

—¿Santa Catalina tiene fecha de inauguración?

—No tiene fecha de inauguración pero está en la etapa final. Ya está cubierto el cielo, se están descubriendo los retablos, que, me dicen, están en mucho mejor conservado de lo que en principio presuponíamos. No me atrevo a dar una fecha pero a muy principios de 2019 podrá ser la reapertura.

—¿Qué solución tiene el debate público en torno a la presencia de la tumba de Queipo de Llano en la Macarena?

—No soy quién para opinar porque no soy el titular de ese bien, no es un bien de titularidad diocesana, es propiedad de la hermandad de la Macarena, ellos son los que tienen que decidir. Pero cuanto más apoyos jurídicos tengan, cuanto más se clarifique la situación desde el punto de vista turístico mejor, mejor. Yo sólo deseo que se encuentre una solución satisfactoria para todas las partes.

—¿Qué le parece la iniciativa de la hermandad del Gran Poder de acudir a las periferias, a los barrios más pobres de la ciudad en 2020?

—Supongo que fui la primera persona que conoció el proyecto y alabé esta iniciativa ante el hermano mayor. También hablé con los sacerdotes de los templos que pueden ser los destinatarios de la visita del Señor en los barrios periféricos. Me parece muy loable. El Papa nos ha invitado a salir de las sacristías, a ser una Iglesia en salida, a ir a las periferias y las periferias están en Los Pajaritos, en Santa Teresa, en la Blanca Paloma, la Candelaria... también estos fieles tiene derecho a ser visitados por el Señor. Vamos a ver el programa que elaboran entre la hermandad y los sacerdotes. Estoy muy seguro de que va a ser una cosa muy hermosa.

—¿Esto es más que una salida extraordinaria?

—No le llamaría salida extraordinaria. No va a ir con toda la parafernalia de banda, mantos... va a ser una visita de carácter pastoral a las periferias de nuestra ciudad.

—¿Qué balance hace del primer año del funcionamiento del Protectorado Canónico? ¿Son más las hermandades que rinden cuentas a Palacio? ¿Ha aumentado el número de hermandades que aportan al fondo común diocesano?

—No tengo los datos, pero tengo la impresión de que sí, de que vamos caminando en el buen sentido. Lo veremos a final de año.

—¿Qué espera del Viacrucis de Torreblanca?

—Espero que vayamos todos con muy fervor y que sea muy fructuoso desde el punto de vista espiritual. Me parece muy bien que venga una imagen de un barrio marginal. También los pobres tienen derecho a que honremos sus imágenes. Espero que el Señor Cautivo de Torreblanca toque los corazones de los que participemos en el Viacrucis el lunes.

—Bajo su mandato se ha reforzado la comunicación de la Archidiócesis, ¿ha pensado crearse un perfil en Twitter?

—Si me presentan un proyecto convincente, pues a lo mejor me decido. Pero ando muy mal de tiempo. No paro en todo el día y a mí me gustaría gestionarlo personalmente.

—Se habrá dado cuenta de que en Sevilla nunca llueve a gusto de todos, y aunque en su ministerio ha intentado regular las salidas extraordinarias y las coronaciones, al final hay quien ha cuestionado cierto exceso y agravios entre unos y otros.

—He autorizado las que están marcadas por las normas diocesanas. He hecho una excepción, que no creo que haya agraviado a nadie. La he motivado: no la llamo salida extraordinaria, es una procesión solemne por el barrio del Cerro del Águila que está motivada por motivos pastorales. No es un grano de anís el 75 aniversario de la parroquia, con lo que significa esa parroquia para ese barrio. Porque esa parroquia ha ahormado al barrio. Cuando todavía el Ayuntamiento no se preocupaba por el barrio, la parroquia ha cohesionado el barrio y dentro de la parroquia, el elemento de cohesión ha sido la Virgen de los Dolores. No somos unos descerebrados ni el arzobispo, ni el obispo auxiliar ni los vicarios. Hemos sopesado bien, había razones muy poderosas para tomar esta decisión. No es una salida extraordinaria, sino una procesión dentro del barrio justificada por motivos pastorales. Que nadie se agravie. No he faltado a la justicia a nadie. Sigue vigente la ley, la norma, que me parece que es justa porque la proliferación de salidas extraordinarias no sé dónde nos podría haber llevado. Subsiste la norma, pero hemos hecho una excepción pero basándonos en la norma que recoge la motivación de los pastorales.

—Después de ocho años en Sevilla, ¿ha cambiado mucho su concepto de las hermandades?

—No hay grandes diferencias con lo que conocía de Córdoba, aunque la presencia de las hermandades en Sevilla es mucho más intensa, mucho más importante. Estoy contento de la relación que tengo con el Consejo y con las hermandades. Ninguna puede decir que hay tenido un gesto feo o una palabra..., creo que las he procurado acompañar, ayudar en lo que me han pedido y he podido. Tengo un alto concepto de las hermandades. Ya he dicho que si no existieran, habría que inventarla, porque son un factor importante en la vida cristiana de Andalucía y, en concreto, de Sevilla. Un obispo prudente, sensato y responsable no puede vivir de espaldas a las hermandades ni enfrentado a ellas. Sería un necio, un suicida. Porque las hermandades tienen muchas cosas positivas, un 95 por ciento. La fe en esta tierra, en buena medida, se conserva gracias a las hermandades, que son escuela de vida y formación cristiana. Aquí me he encontrado con cristianos laicos muy bien formados. De manera que no puedo más que hablar bien aunque haya tenido y tendré algunos disgustillos en los años que me quedan.


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