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El trastorno del siglo XXI

«Para salir te agarras a la esperanza»

Charo Martín padeció la depresión durante seis años y explica que la clave está en «no perder la voluntad de salir» y en la manera que tiene la persona de afrontar las adversidades

06 dic 2017 / 21:07 h - Actualizado: 06 dic 2017 / 22:40 h.
  • Charo Martín cuenta que su vida se rompió durante los seis años que duró la enfermedad y afirma que perdió «las ganas de vivir». / El Correo
    Charo Martín cuenta que su vida se rompió durante los seis años que duró la enfermedad y afirma que perdió «las ganas de vivir». / El Correo
  • Según Charo, «eres consciente del dolor de que lo estás perdiendo todo».
    Según Charo, «eres consciente del dolor de que lo estás perdiendo todo».

Imagina que un día te levantas de la cama y comienzas a ver que todo a tu alrededor va perdiendo sentido. Que ya no hay motivos para las risas, los abrazos, los besos o la amabilidad. Que ya no hay motivos para abrir los ojos siquiera o para asomarse a la ventana y dar gracias por ver de nuevo el sol. Imagina que un día empiezas a perder las ganas de vivir y sientes que la apatía y el hastío se apoderan de ti. Y así, día tras día.

La sociedad de hoy en día está sometida a numerosos cambios de humor. Las personas ahora suelen tener una salud emocional mucho más inestable. Producto, quizá, de esta crisis que tan negro ha pintado el futuro de muchos, pero también el presente. La depresión es una de las enfermedades más numerosas en estos casos. Detectarla a tiempo –algo clave en la gran mayoría de enfermedades, sean del tipo que sean– se antoja complicado en estos tiempos de inestabilidad emocional, a lo que se suma la invisibilidad de las enfermedades mentales. Una vez dentro, es muy difícil salir. O al menos lo parece, si bien todo dependerá de la predisposición del propio paciente.

Charo Martín sufrió una depresión durante seis años, aunque su caso era mucho más complejo, pues también le diagnosticaron trastorno límite de personalidad (TLP). Charo cuenta que la depresión le llegó casi sin avisar. «Tenía una vida normal, con los problemas que tiene cualquier persona en la vida», explica con la voz rasgada por el amargo recuerdo de la enfermedad para añadir que «en cuestión de un mes, tuve una caída absoluta. Caí en el abismo. Tenía una tristeza profundísima, perdí todas las ganas de vivir». Ella misma lo califica así: «Fue una cosa fulminante, en muy poco tiempo».

Charo ya estaba en un interminable túnel del que tardaría en salir seis años y al que, por aquel entonces, no le veía luz. «Fue un caminar difícil y largo. No sabía a qué agarrarme para salir». Aquel camino empezaba a convertirse en laberinto. Un engorroso entramado de calles que se cruzaban y cortaban entre sí hasta perder la salida. Cambia la situación, cambia la vida y «cambia todo porque cambias tú», explica Charo, que reconoce que lo perdió «absolutamente todo». «La vida se me rompió durante seis años. Te quedas sin vida». Y añade: «No podía afrontar la vida, no quería vivir. Tenía una sensación de dolor tan intensa que no lo soportaba».

La depresión es un jaque mate a quien la padece. Porque, al tiempo que no quiere asumir la enfermedad, se da cuenta de lo que está perdiendo y añade así más dolor a su profunda abulia. Charo, en la narración de sus vivencias personales, cuenta que «durante la enfermedad entras en una dinámica en la que no eres tú» y añade que «eres consciente del dolor de que lo estás perdiendo todo». El círculo vicioso tiene fin si el propio enfermo quiere ponerle fin. «Te agarras a la esperanza, a lo poco que tienes, para salir de ese túnel poco a poco».

Todo empezó a cambiar en el momento en el que a Charo le diagnostican el TLP, cosa que no sucedería hasta el cuarto año de enfermedad. «Yo estuve dando tumbos» afirma Charo al explicar que visitó a numerosos psicólogos y psiquiatras públicos y privados, aunque sin mucho éxito. «El punto de inflexión», como a ella le gusta decir, llega cuando ingresa en la unidad de psiquiatría y la trata la doctora Carmen Jiménez Casado. «Carmen fue la psiquiatra que dio con el diagnóstico apropiado a lo que yo tenía», afirma Charo mostrando cierto orgullo y gratitud hacia la facultativa que la atendió. «Pasé por muchos profesionales y todos me diagnosticaban depresión y Carmen dio, por fin, con la tecla que era TLP y depresión». Charo está segura de que «Si ella no hubiese diagnosticado bien la enfermedad, probablemente yo no estaría aquí».

Habla con conocimiento de causa y desde la perspectiva de que es posible salir de este atolladero. «Existe solución», reconoce Charo, «pero muchas veces uno no es consciente de lo que le está pasando», confiesa. He aquí la trampa de esta enfermedad: «Una persona que entra depresión no es consciente de que está entrando en una depresión».

Para Charo, hay algo que resulta «básico y fundamental» y es la «protección emocional e intelectual». Esto es la manera en que la persona gestiona «intelectual y emocionalmente» todo aquello que recibe del exterior. «Dentro de ti está tu fuerza», explica Charo, quien añade que «cualquier persona en la vida vivirá cosas maravillosas y cosas terribles. La vida es así. Es implacable y no le puedes poner fronteras. Te pasarán cosas terribles, pero como tú afrontes esas cosas es la clave para estar bien».

Aparte de acudir a un profesional, un factor primordial para superar la depresión según Charo es que se apoye «en todo lo positivo que tiene su vida, que seguro que lo tiene». La cuestión está en recuperar la pasión, las ganas, la ilusión, la alegría. «En esa época en la que estuve enferma aprendí que me encantaba pintar», cuenta Charo, quien afirma que se dedicó a pintar. «Me relajaba, me hacía sentir bien».

¿Qué hacer en caso de detectar que alguien cercano sufre depresión o, incluso, uno mismo? Charo entiende que lo primero es «acudir a las sedes que quieres, en los que tienes confianza y a los que les puede contar», aunque reconoce que «motu proprio, es muy difícil que las personas asuman que están pasando por una depresión y que vayan a un psicólogo». Además, cabe destacar que «las enfermedades mentales son invisibles, incluso para el propio paciente. Muchas veces no eres consciente de lo que te está pasando».

Es en este momento en el que la familia y el entorno cercano del afectado cobran un papel fundamental en lo que será una historia de superación. «La familia te tiene que ayudar en ese camino. Te tiene que impulsar y ayudarte para que vayas a un profesional», explica Charo, quien reconoce que «el apoyo emocional es básico. Sin apoyo emocional me hubiese costado mucho más salir de esta».

De un modo u otro, «te tienes que apoyar en ese resquicio de algo que te apasiona», cuenta Charo, que bien sabe que incluso en la más absoluta oscuridad, siempre es posible encontrar pequeñas oquedades que dejan pasar la luz y el aire nuevo. Aunque lo principal es conservar la voluntad de revertir la situación, Charo sabe que es posible recaer. Sin embargo, «cuando pierdes la voluntad de salir y has perdido la esperanza, siempre hay algo que te empuja un poco más», reconoce no sin antes advertir de que se trata de un «esfuerzo ímprobo».

Y es que nadie dijo que las mayores conquistas fueran fáciles. «Cuesta muchísimo, pero se puede salir». Sea como fuere, la esperanza termina siendo la piedra angular de esta y de cualquier enfermedad. Esperanza que, aunque no siempre reluce por su presencia, sí aparece cuando todo parece perdido.

Por esta razón, Charo incide tanto en la importancia de recuperar la esperanza. Porque, aunque resulte difícil, salir de la depresión «es posible y merece la pena». Mejor dicho, «vivir merece la pena».


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