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El estado del arbolado

Sevilla corta los riesgos de raíz

El gobierno municipal espera plantar 1.400 árboles más hasta marzo de 2019. La ambiciosa meta de 7.000 árboles nuevos tendrá que esperar a un siguiente mandato

24 jun 2018 / 20:05 h - Actualizado: 25 jun 2018 / 08:17 h.
  • Sevilla corta los riesgos de raíz
  • La base de un tronco ya cortado en la barriada Felipe II de la capital. / Fotos: Jesús Barrera
    La base de un tronco ya cortado en la barriada Felipe II de la capital. / Fotos: Jesús Barrera
  • Durante el otoño e invierno se han llevado a cabo diferentes plantaciones de árboles. / El Correo
    Durante el otoño e invierno se han llevado a cabo diferentes plantaciones de árboles. / El Correo
  • Sevilla corta los riesgos de raíz

Sevilla cuenta con más de 115.000 ejemplares entre árboles y palmeras. Una ingente zona verde de la que una pequeña parte se encuentra en riesgo de desprenderse. Un peligro que el Ayuntamiento enumeró hace tres años en 2.500 casos, de los que 1.737 necesitan ser cortados de raíz. Ya se ha actuado en la mayoría, pero todavía queda pendiente un 31,5 por ciento en los que se pretende actuar en el próximo mes y medio, justo antes de que llegue la parte más dura de un verano en el que, habitualmente, suelen darse casos de caídas de ramas e incluso de troncos.

El pasado martes se mantuvo una reunión con las empresas adjudicatarias de cuatro de los diez lotes del macrocontrato de zonas verdes, que entró en vigor el pasado mes de marzo. Así, se indicó expresamente a los adjudicatarios de los dos lotes (1 y 2) que se dedican a la conservación y cuidado del arbolado y espacios verdes viarios y los de los otros dos lotes (9 y 10) que centran sus trabajos en los parques urbanos y jardines de barrios que el objetivo era apear en mes y medio todo el arbolado que se diagnosticó con un riesgo 4, es decir, el de mayor peligrosidad. El informe, que se elaboró en 2015, fijaba en 1.737 árboles los que reunían este rango, que no supone que se vayan a caer de la noche a la mañana, pero sí que su estado de salud solo tiene como salida su apeo inminente para evitar en el futuro situaciones de peligro. De ellos, hasta la fecha se han cortado de raíz 1.189 ejemplares, priorizando el lugar donde se encuentre o si sus raíces ya están fuera, entre otros parámetros que calibran la magnitud del problema y la urgencia de cortar por lo sano.

Faltan 548 árboles. El acuerdo alcanzado con las empresas es que el contador se quede a cero a finales del mes de julio, ahora que con el macrocontrato se ha ganado «mayor capacidad de actuación», ya que se cuenta con 117 trabajadores más. En ese sentido, se espera un batallón de poda, con 14 equipos –cada uno cuenta con 7 u 8 personas– para este cometido. La última zona en la que se ha decretado una actuación ha sido en la barriada Jardines de Felipe II, junto al Tiro de Línea, una zona verde inaugurada hace dos décadas por Soledad Becerril y en el que se ha tenido que decretar la retirada de 25 árboles, la mayoría olmos, pero también hay plátanos. La asociación de la zona llevaba advirtiendo desde hace dos años que había «algunos árboles enfermos que requerían tratamiento». Pero el diagnóstico era más grave, como puede constatarse en la propia web municipal, que publica el parte médico de cada árbol. En estos casos, algunos sufrían afecciones «con riesgo de caída de las ramas» o incluso «del tronco principal». La orden se anunció el día 10 y ahora los jardines tienen sus alcorques vacíos o, a lo mucho, la base del tronco, en un mes en el que ya se nota el intento de pisar el acelerador: 73 apeos programados, el doble que en junio de 2017 y el mayor arreón dado en este 2018. «Ahora se trabajará exclusivamente en retirar los árboles de riesgo 4», manifiesta el delegado de Parques y Jardines, David Guevara, que de todos modos, hace una apreciación: no todos los riesgos 4 quiere decir que se vayan a caer. De hecho, señala que hay 48 ejemplares en esa lista que son árboles «que están desmochados y que no se van a caer».

Temporada peligrosa

Cuando llega el verano, hay más celo por prevenir. No en vano, la capital hispalense no escapa a un fenómeno, todavía inexplicable para los expertos, como el Summer Branch Drop (SBD) o caída de ramas maduras en periodo estival. No se sabe si es por exceso de agua, por el calor, por el cambio de temperatura o por la humedad, pero el fenómeno se da con más frecuencia que el que desearían los gestores municipales. La caída de ramas de los árboles del Retiro en los últimos años se justificó, con un informe de expertos sobre la mesa, al efecto SBD. Lo cierto es que Sevilla vivió un verano de 2017 de continuados sucesos con caídas de árboles que pasó de ser sucesos a un problema político, con cruce de acusaciones entre el PP y el PSOE.

De todos modos, el SBD no es el único riesgo. Por eso, los nuevos pliegos de conservación de las zonas verdes incluye la obligación de la empresa de realizar un estudio que permita elaborar, en un tiempo razonable, un sistema de gestión y asesoría del riesgo del arbolado. Una forma de, adelantarse a la jugada. Al respecto, el primero que predica con el ejemplo es el servicio de Parques y Jardines, que está formando a trabajadores en la identificación de síntomas para pillar aquellos ejemplares que no se están comportando bien. El personal estará totalmente formado a principios del mes de julio y, a partir de ahí, será más fácil detectar los riesgos.

A ese equipo de trabajo, el Ayuntamiento pretende contar con la colaboración de los distritos, a los que se le ha remitido una circular para que contribuyan a la vigilancia del arbolado y que alerten cuando vean cualquier sospecha de un árbol en mal estado cerca de, por ejemplo, instalaciones deportivas, colegios, centros sanitarios o veladores. Todo ello, matiza Parques y Jardines, aparte de la labor que desempeña su plantilla, tanto la propia como la externalizada.

A la labor a pie de calle, está también la que se practica en los ensayos de laboratorio. A través de Tecnigram, se está dando un paso más, se practicarán técnicas punteras para analizar a árboles que, a priori, no se identifica ningún riesgo. Así, se realizarán tomografías en los árboles para contar con una imagen que sería muy parecida al TAC practicado a un ser humano, donde se puede detectar desde oquedades internas hasta la posibilidad de que tengan hongos.

Y todo ello, ¿garantiza que se caiga una rama o un árbol? No, pero reducen las probabilidades al revisar el estado del arbolado, que no ha sido atendido históricamente, ya no solo por el PP de Juan Ignacio Zoido, sino también por el PSOE, en tiempos de Alfredo Sánchez Monteseirín. Sin frivolizar –insiste en ello–, Guevara hace una similitud con todo el trabajo que se realiza desde el Plan Infoca para prevenir los riesgos forestales. «Se hace mucho, pero no te da toda la garantía», recuerda, aunque sí reivindica que «el macrocontrato de zonas verdes está por fin a la altura de las necesidades del arbolado». Y, fuera del mismo, está la tarea más allá de las calles, donde tuvo buenas palabras con el personal de Parques y Jardines, que «están poniendo al día el Parque de María Luisa» y otros puntos de la ciudad.

LOS OLMOS NO SON PARA EL VERANO

El trabajo de campo realizado permite tener un diagnóstico inicial de todos los árboles, pero también de las especies que no casan con Sevilla. Algo que viene de perlas en la estrategia de plantación, que ya dio un tirón hace un año con más de mil nuevos árboles y que se dará continuidad en otoño, durante la temporada de siembra que dura hasta marzo de 2019, con la previsión de plantar otros 1.400 más en las calles de la capital hispalense. Las previsiones actuales son más ajustadas a la realidad que las formuladas en febrero, cuando se anunció la plantación de 7.000 árboles en un año.

En ese periodo de plantación lo que tienen seguro es que no estarán los olmos. «No se están comportando bien y han generado muchos problemas», reconoce el delegado de Parques y Jardines, David Guevara. Aunque hay que relativizar –«no todos los olmos se caen», insisten–, la realidad es que son los que cuentan con más número de ejemplares de riesgo más elevado. Se trata de árboles de gran porte y, por tanto, con ramas que, de desprenderse, suponen un riesgo para los viandantes. Por ello, se ha buscado una estrategia que consistirá en «decapar por arriba» estos árboles.

Por ese motivo, la estrategia de plantación no pasa, precisamente, por el olmo. El dictamen es claro: «No merece la pena». Tampoco se minará la ciudad de naranjos. Y es que, el criterio de plantación pasará por la variedad, partiendo de una lógica aplastante: no conviene sembrar centenares de árboles de una especie porque no se puede correr el riesgo de que venga una plaga «y esté amenazado el 30 por ciento del arbolado de la ciudad». ~


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