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Un accidente que puede ser fatal... pero ya no tanto

Cada seis minutos se produce en España un ictus, una enfermedad aún muy letal y discapacitante, si bien los avances y la prevención permiten salvar vidas

29 oct 2017 / 20:48 h - Actualizado: 30 oct 2017 / 07:25 h.
  • El Servicio de Endovascular del hospital Virgen Macarena trabaja en la detección y tratamiento de trastornos como el ictus. / El Correo
    El Servicio de Endovascular del hospital Virgen Macarena trabaja en la detección y tratamiento de trastornos como el ictus. / El Correo
  • Miembros de la Unidad de Ictus del hospital Virgen del Rocío analizando informes. / El Correo
    Miembros de la Unidad de Ictus del hospital Virgen del Rocío analizando informes. / El Correo
  • Integrantes del equipo de neurólogos de la Unidad de Ictus del Virgen Macarena. / El Correo
    Integrantes del equipo de neurólogos de la Unidad de Ictus del Virgen Macarena. / El Correo

Súbito, violento, fatal, letal. Son cuatro adjetivos vinculados al ictus o accidente cerebrovascular y que no en balde justifican que sea considerado siempre, en todos los casos, como una urgencia médica. En España se produce un ictus cada seis minutos y ya es la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda en mayores de 60 años. Datos que no se deben desdeñar en el Día Mundial del Ictus, que se celebró ayer domingo 29 de octubre, si bien pueden ir acompañados de un mensaje de esperanza: con una adecuada prevención y unos hábitos de vida saludables se pueden evitar nueve de cada diez de estos accidentes. A lo que cabe añadir que los avances en los procesos y terapias salvan muchas vidas o, como mal menor, eliminan o minimizan sus terribles secuelas.

Una posible definición de ictus la ofrece la doctora María Alonso de Leciñana, coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología: «Es un trastorno brusco en la circulación sanguínea del cerebro que puede ser producido por oclusión arterial (el 85 por ciento de los casos) o por hemorragia (el 15 restante)». Y añade: «Puesto que el cerebro necesita un aporte constante de oxígeno y nutrientes, que le llegan a través de la circulación sanguínea, el daño cerebral que produce un ictus depende en gran medida del tiempo en el que dura este trastorno y de la zona que se haya visto afectada».

La Sociedad Andaluza de Angiología y Cirugía Vascular (Sacva), por su parte, explica que «la enfermedad cerebrovascular isquémica se produce cuando uno o los dos principales vasos sanguíneos que irrigan el cerebro (arterias carótidas internas) se estrechan o bloquean a consecuencia de una placa de ateroma, es decir, una placa compuesta por tejido cicatricial, células sanguíneas de la pared arterial, colesterol u otras sustancias grasas, que pueden producir ateroesclerosis –o endurecimiento de las arterias– y desembocar –si no se trata debidamente– en un ictus».

Los síntomas del ictus generalmente se producen de forma brusca e inesperada y, aunque su tipología depende del área del cerebro que se vea afectada, los principales son: alteración brusca en el lenguaje, con dificultades para hablar o entender; pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en una parte del cuerpo (generalmente afecta a una mitad del cuerpo y se manifiesta sobre todo en la cara y/o en las extremidades); alteración brusca de la visión (pérdida en un ojo, visión doble o incapacidad para apreciar objetos en algún lado de nuestro campo visual); pérdida brusca de coordinación o equilibrio; y dolor de cabeza muy intenso y diferente a otros dolores de cabeza habituales.

Resulta, pues, vital identificar esos síntomas y llamar de inmediato al 112 o al 061. No menos importante es, como recuerda la Sacva, «revertir determinados hábitos que pueden favorecer la aparición de este problema de salud», por lo que es determinante conocer sus factores de riesgo, tales como presión arterial alta, colesterol elevado, diabetes, enfermedades cardíacas (arritmias como la fibrilación auricular), tabaquismo, etcétera.

La edad es otro factor de riesgo, ya que la incidencia del ictus aumenta considerablemente a partir de los 60-65 años: un cinco por ciento de los españoles mayores de 65 años ha tenido un ictus. No obstante, este puede aparecer a cualquier edad; de hecho, en los últimos 20 años ha aumentado un 25 por ciento el número de casos entre las personas de 20 a 64 años.

PLAN ANDALUZ DE ICTUS

En nuestra comunidad autónoma se dispone desde 2011 de un Plan Andaluz de Atención al Ictus para «proporcionar una atención de calidad al ictus en todas sus fases: la prevención, la atención en fase aguda y la recuperación».

Un plan que ha supuesto estos años la reordenación de las estructuras sanitarias implicadas, con tres niveles: en el más básico, existen Equipos de Ictus en todos los hospitales de la red andaluza; en cinco de ellos hay Unidades de Ictus (Carlos Haya en Málaga, Virgen del Rocío y Macarena en Sevilla, Puerta del Mar en Cádiz y Virgen de las Nieves en Granada), que implican la figura del neurólogo de presencia física 24 horas y siete días como requisito vital para la atención de los pacientes; el máximo nivel de excelencia son las Unidades de Referencia con la inclusión de tratamiento endovascular permanente, presentes en Córdoba (Reina Sofía), Cádiz (Puerta del Mar), Sevilla (Virgen del Rocío) y Granada (Virgen de las Nieves).

La activación de protocolos homogéneos clínicos y de organización ha favorecido el incremento del número de pacientes que reciben tratamiento específico (fibrinolisis intravenosa y trombectomía) merced a la progresiva implementación del llamado Código Ictus, que mejora los tiempos de actuación desde el evento y los resultados, de modo que el grado de incapacidad posterior al episodio es nulo o mucho menor que el que había hace unos años. Así, por ejemplo, ha disminuido notablemente la mortalidad relacionada con el ictus gracias a la aplicación de todas las medidas terapéuticas actuales (de 105 por 100.000 habitantes en 2003 a 67 diez años después).

La coordinadora del Plan Andaluz, María Dolores Jiménez, explica que «aun con mermas, ya que los procedimientos y terapias no están implantados y funcionando igual en todos los sitios, estamos teniendo un buen desarrollo y resultados».

Jiménez es asimismo directora de Neurología del Virgen del Rocío, donde se halla una de las cuatro Unidades de Referencia, que entró en funcionamiento en septiembre de 2016 y que recibe pacientes de todos los hospitales de Sevilla y Huelva –su área de referencia es de 2,5 millones de habitantes–, ya que es el único donde se practica la trombectomía, terapia estrella para casos agudos. De hecho, esta unidad ha triplicado su actividad asistencial y en este último año han ingresado en ella 680 pacientes, además de reducir la estancia media a sólo dos días: «En 24 ó 48 horas se les devuelve al hospital de procedencia».

El Virgen del Rocío cuenta, por lo demás, con la implicación no sólo de todo el equipo de médicos y enfermeros de Neurología sino también con la colaboración de otras unidades como Neurorradiología, Neurorradiología Intervencionista, Urgencias, Medicina Intensiva y Anestesia.

LA UNIDAD DEL MACARENA

Por su parte, el hospital Virgen Macarena tiene en marcha su Unidad de Ictus desde el año 2013. Se trata de una unidad especializada que ocupa una superficie de 600 metros cuadrados y cuenta con una sala dotada de seis camas con monitorización multiparámetro no invasiva (arritmias, pulso, tensión arterial, saturación de oxígeno) y un control de enfermería.

De igual modo dispone de una sala multiusos orientada a la recuperación sensitiva–perceptiva-motriz del paciente después de una lesión neurológica y otra sala destinada a enfermos con accidente isquémico transitorio, que acoge tres puestos y donde se realizan los estudios rápidos de esta patología.

En lo que va de año el equipo ha logrado realizar ya más de 70 tratamientos de reperfusión y reducir los tiempos de asistencia pasando de una hora y media a una hora desde que el paciente llega a Urgencias y se hacen todas las pruebas hasta que se da el tratamiento. El próximo objetivo que se plantea el equipo es bajar a sólo 30 minutos.

Soledad Pérez, responsable de esta unidad, explica que esa premura de tiempo es «nuestro caballo de batalla a diario», ya que «cada minuto que pasa son casi dos millones de neuronas que pierde el paciente y por eso hay que trabajar a tope desde el momento en que entra por la puerta de Urgencias».

El hospital de Valme no tiene unidad específica pero sí dispone de un Equipo de Ictus coordinado por la UGC de Neurología, que dirige la doctora Eva Cuartero, con una estructura igualmente multidisciplinar y que atiende al paciente en su fase aguda bajo los criterios del Código Ictus. En 2017 el centro ha activado 84 códigos procedentes de pacientes del área sur de la provincia, habiéndose aplicado 36 tratamientos de fibrinolisis y 27 trombectomías.

Los ingresos por esta enfermedad en el primer semestre del año han sido 250, más otros 16 casos de carácter intrahospitalario. Dado que Valme –como Macarena– no dispone en su cartera de servicios de Neurorradiología Intervencionista, deriva al hospital Virgen del Rocío a aquellos pacientes que precisan de trombectomía.


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