martes, 18 diciembre 2018
14:28
, última actualización

Un bar reconvertido en caseta

La Espiga, como tantos otros establecimientos, se engalana para acercar un trocito de Feria hasta la periferia, en este caso Sevilla Este

16 abr 2018 / 08:00 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 08:21 h.
  • Clientes del bar degustan el ‘pescaíto’ en uno de los dos salones decorados con farolillos y motivos de Feria. / Jesús Barrera
    Clientes del bar degustan el ‘pescaíto’ en uno de los dos salones decorados con farolillos y motivos de Feria. / Jesús Barrera
  • Una azafata sirve un vaso de manzanilla a un cliente. / Jesús Barrera
    Una azafata sirve un vaso de manzanilla a un cliente. / Jesús Barrera

La Feria de Abril expande cada primavera sus tentáculos por toda la ciudad, donde decenas de establecimientos de restauración visten sus mejores galas para facilitar que los vecinos del barrio puedan disfrutar de la fiesta sin tener que desplazarse a Los Remedios.

Es el caso del bar cafetería La Espiga, ubicado en la calle Cueva de Menga, en el residencial Las Góndolas (Sevilla Este) y regentado por Javier Ladeza desde hace 16 años, «desde el 5 de abril de 2002 a las ocho y media, que fue cuando inauguramos el local», recuerda.

Bar «costumbrista» enfocado en principio «al tema cofrade», en cuanto pasa el Domingo de Resurrección se transforma para acoger «una caseta de las buenas» en la que el propietario invierte «unos 2.000 euros», ya que se trata de un «montaje costoso y laborioso» que exige la intervención de un electricista para dar vida a «unos 350 farolillos» distribuidos entre el salón de la barra y dos salones, así como a una decoración a base de visillos que se entrelazan en el techo con los farolillos y la tela de loneta rayada de las paredes, cargadas de cuadros que reflejan las tradiciones de la ciudad.

60 KILOS DE FRITO VARIADO

El día grande fue este sábado al mediodía, con el tradicional pescaíto, un frito variado compuesto por chocos, adobo, pijotas, acedías y boquerones. «Salieron entre 50 y 60 kilos de pescao», calcula Ladeza. 60 tortillas, 20 kilos de gambas y muchas más viandas fueron degustadas por «unas 300 personas» bajo reserva en una jornada que comenzó a las 13.30 horas y se prolongó hasta la 01.30, siendo amenizada en la sobremesa por la actuación de Ensueño, grupo con miembros de Los del Guadalquivir que cantó sevillanas en un pase de 16.00 a 18.00 horas antes de irse para el Real.

Una jornada en la que el personal aumentó de forma notable: «Éramos 15 personas cuando lo normal es cinco. El resto de días de la Feria seremos unos ocho», dice.

«Para estos días se anula la cocina tradicional y tenemos una carta de precios exclusivamente para la Feria», explica Ladeza, cuyo bar ofrece la media botella de manzanilla a 5 euros o la jarra de rebujito a 7 euros, además de montaditos de lomo o de pollo, pinchitos, pimiento, tomate aliñado, queso, jamón y caña de lomo, no en vano Javier fue charcutero desde los 15 años y tiene unas chacinas ibéricas de categoría todo el año.

Lo que el dueño de La Espiga pretende es que esta semana grande su clientela «no sienta la diferencia con una caseta, si acaso por la comodidad y el servicio que le podamos dar nosotros». Ladeza cree que «es una forma de acercar la Feria a las personas que no pueden ir al Real porque estén incapacitados para desplazarse».

Se trata, en definitiva, de otra manera de vivir la fiesta por excelencia de Sevilla. Es la Feria de la periferia.


Todos los vídeos de Semana Santa 2016