sábado, 18 mayo 2019
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Un viaje a lo inimaginable

Recomendaciones. Hay literatura y belleza más allá de las novelas. Ensayos, recetarios, obras ilustradas y libros infantiles y juveniles muestran hasta dónde son capaces de llegar autores y editores en la búsqueda de los nuevos horizontes del saber y la fantasía

19 dic 2017 / 07:24 h - Actualizado: 19 dic 2017 / 08:51 h.
  • Interpretación de Venecia en la obra ‘Terráneo’, una de las más espectaculares de cuantas aguardan en la mesa de novedades. / El Correo
    Interpretación de Venecia en la obra ‘Terráneo’, una de las más espectaculares de cuantas aguardan en la mesa de novedades. / El Correo
  • La magia de las lenguas en ‘Lost in Translation (again)’.
    La magia de las lenguas en ‘Lost in Translation (again)’.
  • Material fresco al fin para los amantes del género.
    Material fresco al fin para los amantes del género.
  • Doble página interior de estos ‘Prodigios’ de la poesía árabe con Libros del Zorro Rojo.
    Doble página interior de estos ‘Prodigios’ de la poesía árabe con Libros del Zorro Rojo.
  • La ‘araña’ Carmen sostiene a don José en esta alegoría que constituye una de las ilustraciones de Benjamin Lacombe para el relato de Prosper Mérimée.
    La ‘araña’ Carmen sostiene a don José en esta alegoría que constituye una de las ilustraciones de Benjamin Lacombe para el relato de Prosper Mérimée.
  • Kalandraja edita a Lobel, uno de los imprescindibles.
    Kalandraja edita a Lobel, uno de los imprescindibles.
  • Caza imperial de ‘Star Wars’ hecho en kirigami.
    Caza imperial de ‘Star Wars’ hecho en kirigami.

¿A qué se refieren los coreanos al afirmar que cuando el cuervo echa a volar, cae una pera? ¿Debe enfadarse un serbio si le dicen que va aspirando nubes por la nariz? ¿Qué significa en Letonia estar soplando patitos? ¿Qué tipo de japonés hay que ser para llevar un gato en la cabeza? ¿Por qué en el Tíbet es posible obtener una respuesta verde a una pregunta azul? Estas y otras curiosidades lingüísticas se resuelven en Lost in Translation (Again), de Ellen Frances Sanders, publicado por Libros del Zorro Rojo y primera de las recomendaciones de estas páginas que se pasean por entre la inmensa jungla de las novedades literarias en materia de ensayos, libros ilustrados, textos documentales y obras infantiles y juveniles, con el propósito de orientar a los lectores y a quienes busquen regalos inolvidables que sean, literalmente, de tomo y lomo.

«Este libro ilustrado es una introducción a algunas de las expresiones más raras y maravillosas que existen en todo el mundo», apunta la autora; 52 expresiones variopintas que ayudan a comprender el alma de los hablantes y que son testimonio de hasta dónde pueden llegar la personalidad, la comicidad, el sentido trágico, la carga poética y el peso en quilates de las lenguas, más allá de su labor funcional de designar cosas y articular pensamientos.

En esta misma tarea cooperan también dos ensayos de reciente publicación, ambos de la editorial Crítica: ¡Viva el latín! (Historias y belleza de una lengua inútil), de Nicola Gardini; y Hablamos la misma lengua, de Santiago Muñoz Machado. A diferencia de la obra anterior, aquí no hay ilustraciones pero sí la misma fascinación por las palabras y su cosmología.

El primero es para muy cafeteros del lenguaje y cinturones negros de las humanidades. Como muy demoledoramente afirma el autor en defensa del latín y su presunta inutilidad, en este mundo concebido para la máquina, sus prestaciones y sus placeres, hay necesidades fundamentales más allá de la utilidad. «¿Qué pasa con las necesidades no inmediatas, con las necesidades no prácticas y no evidentemente materiales, pero no por ello menos imperiosas? ¿Qué pasa con el llamado espíritu? ¿Qué con la memoria, con la imaginación, con la creatividad, con la profundidad, con la complejidad? ¿Y con las grandes preguntas, como: dónde empezó todo y cuándo, adónde voy, quién soy, quiénes son los otros, qué es la sociedad, qué es la historia, qué es el tiempo, qué es el lenguaje, qué es una palabra, qué es la vida humana, qué son los sentimientos, quién es el extranjero, qué hago aquí, qué es lo que digo cuando digo, qué pienso cuando pienso, qué es el significado? ¿Qué es la interpretación, en suma? Porque sin interpretación no hay libertad, y sin libertad no hay felicidad, y se sufre cualquier cosa, aunque sea nuestro buen humor, y nos convertimos en esclavos de la política y del mercado, y sentimos falsas necesidades; unas necesidades creadas por lógicas y esquemas que nada tienen que ver con nuestras personas». Así que de estas inutilidades va el libro, que destaca el latín como base de la civilización y donde «están inscritos los secretos de nuestra identidad».

Más voluminoso que el anterior, e igual de interesante, es el de Muñoz Machado. También invita a emprender un viaje formidable a través de la historia y de la lengua que comienza cuando los misioneros en el Nuevo Mundo, movidos por un afán práctico aunque ello supusiera contravenir el deseo de los reyes de España –empeñados en que los nativos americanos conocieran el castellano–, prefirieron aprender ellos los dialectos amerindios y utilizarlos como vehículos de la evangelización, que era la prioridad y, por lo tanto, corría cierta prisa. Ese fue el estallido de un intercambio descomunal que atraviesa muchísimas vicisitudes a lo largo de tres siglos y medio hasta consolidar la castellanización de la América hispana al tiempo que se producía un enriquecimiento espectacular de la lengua de los españoles.

Lengua que ahora toca poner en remojo para dar paso a la imagen o, lo que es igual, a uno de los más interesantes libros de esa categoría denominada de no ficción en la que sobresale, por interés y por corpulencia, un título de Carmelo Vega publicado por Cátedra y titulado Fotografía en España (1839-2015), historia, tendencias, estéticas. Absolutamente imprescindible para los incondicionales del arte y la técnica de la instantánea. Pero igualmente podría considerarse apasionante para cualquiera, aunque su noción de un obturador fuese la de una persona que no deja pasar, solo por lo que tiene de lectura de la historia de España desde una perspectiva diferente: las primeras revistas, la normalización de la cultura fotográfica y su popularización, la retratomanía y otras modas, la memoria familiar, España como escenario y como postal, los discursos de vanguardia, la fotografía y la Guerra Civil, el salonismo, la fotografía contemporánea... Muy adecuado para regalarlo pero muy poco para prestarlo: no es de esos libros que luego se devuelven.

Remedios y recetas

Un paseíto rápido hasta la cocina para comentar dos títulos curiosos: La botica de Sor Isabel, un vistazo a los remedios naturales largamente atesorados por las monjitas dominicas y recopilados por la maña sor María Isabel Lora en una edición de Libros Cúpula; y un texto del que se está hablando muchísimo estas últimas semanas –con toda justicia, la verdad–, que es el Nuevo arte de la cocina española de Juan Altamiras, de Vicky Hayward, bajo el sello Ariel. El de los remedios del convento es una guía práctica a más no poder, sin concesión ninguna a la prosa y rebosante de fotos, fichas y recetas, comparativas, cuadros y posologías. Es bastante alucinante, al repasar el libro, ver la de sustancias, hierbajos y procedimientos eficaces que hay al alcance de cualquiera que viva más cerca de un bosque o de una herboristería que de una farmacia de guardia. Sabañones, flebitis, agotamiento, expectoraciones, inapetencia, hipo, insomnio, manos enrojecidas, orzuelos y moqueos, pecas, olor de pies, ronquidos, sudor de axilas, tortícolis, vientre sucio, golondrinos, canas, chichones, varices, hemorroides, gases nerviosos... se antojan menos inquietantes vistos bajo la conventual mirada de esta sor, auténtica virtuosa de la albahaca y la gayuba, del eucalipto y el hinojo, de la pasiflora y el gordolobo, o como se llamen. La otra recomendación relacionada con la encimera y las cocciones también comparte esa misma reciedumbre, pero esta vez con ánimo gastronómico, ya que se trata de la recuperación actualísima del más clásico de los recetarios de cocina de España. Y como no, también hay un religioso en esta historia. En 1745, el fraile franciscano (y aragonés, como sor Isabel, con la que esta edición comparte algunos consejos) Juan Altamiras publicó sus recetas anotadas, que se convirtió en un best seller. Se trataba de plantar cara a las exuberancias de la cocina francesa, tan exquisita ella, y apañarse con lo que hubiera en el monte y en la despensa según la época y el bolsillo... y pensando en una sola persona cocinando. Pato braseado con membrillo, fritos de manitas de ternera, albóndigas de rana, cordero guisado con zumo de granada, pepitoria de cabrito... y así hasta 206 ideas originales que hoy, con la moda de lo natural, lo diferente y lo sano, están arrasando de nuevo.

Si estimulado por la lectura de estos libros tuviese uno la intención de dirigirse al bosque más cercano a por malvavisco, a por muérdago o a cazar un conejo, convendría hacer también otras lecturas por si acaso en ese trance se encontrara con un ser horripilante o con un fenómeno extraordinario de esos de los que se habla en la radio de madrugada. Acaba de salir de la imprenta Misterios, de Lorenzo Fernández, publicado por la editorial Luciérnaga. Una pasada para quienes se pirran por todo cuanto tenga que ver con el título de la obra, exceptuando los belenes. Es la versión impresa de la serie documental de Discovery Max Enigmas, y recorre el mundo a lo largo de 60.000 kilómetros de viajes sorprendentes que van desde las selvas de montaña del Amazonas peruano hasta la ciudad subterránea de las almas perdidas en Edimburgo; desde los endemoniados de Balma hasta la peregrinación de los hombres lobo en los Cárpatos transilvanos. Una obra fundamental más allá de los tópicos de siempre para los adictos a las otras realidades.

Por cierto: para los amantes del misterio y conspiranoicos varios acaba de salir también un excelente ejercicio de investigación firmado por Annie Jacobsen, publicado igualmente por Ediciones Luciérnaga y titulado Área 51. Cero palabrería y un montón de datos, testimonios y hallazgos en documentos clasificados que explican la naturaleza y los usos de la zona militar más enigmática de la Tierra para el elemento popular. El libro deja atrás la mitología extraterrestre (de la que no ha podido hallar pruebas) pero no lo sorprendente, y tiene muchísima miga para quien se tema que en materia de armamento, espionaje y tecnología apenas estamos levemente informados.

El libro estrella de estas Navidades es Carmen, de Edelvives. Un derroche de arte y de amor por la edición a la altura de un sello que viene publicando en España los títulos del ilustrador francés Benjamin Lacombe, en este caso sobre el texto del también parisino Prosper Mérimée. Como ya se ha hablado abundantemente de dicha obra en estas páginas, baste con recordar la necesidad imperiosa de poseerla y de regalarla, para quien sea capaz de desprenderse de ella. Y de la misma editorial, dos entregas subyugantes y con unas ilustraciones sobrehumanas firmadas por el mismo escritor: Sébastien Perez. Hijo de dragones y Elisa. El primero, ilustrado por Justine Brax, es un vistosísimo volumen que traduce a muy bellas y originales imágenes un enternecedor relato sobre dragones y hombres al más puro estilo literario de los antiguos cuentos orientales. Elisa, por su parte, es una especie de visión macabra, funesta y aún más angustiosa del mito moderno de Alicia al que ha prestado sus carboncillos y sus tinteros la reina absoluta de la ilustración española a día de hoy: Ana Juan. Quien tenga una estantería necesitada de autoestima, que le coloque estos libros en lo alto. Mano de santo.

Pero ya ha salido la palabra poesía, así que hay que hacer parada obligatoria en otros dos títulos con olor a nuevo. Uno es Prodigios, una antología de poesías árabes con ilustraciones de Rachid Koraïchi y la garantía editorial de Libros del Zorro Rojo. Quien suscribe no sabe si el lector habrá visto cosa igual en toda su vida, pero apostaría su paga de productividad a que pocos volúmenes actuales gozan, tras tan sencilla cubierta, de semejante caudal de ensoñación tanto escrita como dibujada. Se le regala a alguien que tenga cierto gusto arabizante y queda uno como un jeque. La otra recomendación es de Edelvives, que no en vano le ha concedido su VI Premio Internacional de Álbum Ilustrado 2017: Marino Amodio y Vincenzo del Vecchio alcanzan en este libro una de las cimas del género. Es, como ellos indican y como salta a la vista, un relato mitológico sobre el origen del Mediterráneo, un itinerario por las ciudades que bañan sus costas y por el espíritu de sus habitantes. Se llama Terráneo, y si a alguien se le ocurriera arrancar sus páginas, enmarcarlas y repartirlas de ese modo por las paredes de su casa para poder admirarlas todo el día, nada cabría reprocharle. Gibraltar, Atenas, Venecia, Escilacaribdis, Estambul, El Cairo, descritas y dibujadas como ciudades corpóreas, como criaturas habitables.

Dentro de la categoría de los imprescindibles, y aunque en estas páginas se haya hablado muy largamente de ellos en estas fechas pasadas, al hablar de recomendaciones navideñas no se pueden dejar de mencionar los cómics Mort Cinder, de Héctor G. Oesterheld y Alberto Brecchia (Astiberri) y Shangri-La, de Mathieu Bablet (Dibbuks), dos joyas, cada una en su estilo radicalmente diferente del otro, pero ambas compartiendo la noción del relato gráfico de manera magistral y asombrosa. Del mismo modo, se comentó a toda página el Animales fantásticos y dónde encontrarlos, de J.K. Rowling, el celebérrimo manual del Colegio Hogwarts firmado por el criptozoólogo imaginario Newt Scamander e ilustrado por Olivia Lomenech Gill en Salamandra. Pero omitirlo en esta relación puede que esté tipificado en el Código Penal, tan prolijo él.

Hablando de animales: Capitán Swing publica La guerra del lobo, de Javier Pérez de Albéniz, un «conservacionista convencido», como él mismo se define, escribiendo sobre «el animal más admirado y odiado de nuestra fauna»; una criatura que simboliza la naturaleza salvaje y el «distanciamiento irreversible entre esa misma naturaleza y el progreso». Explica el propio autor que este «es el año del lobo. Y este es un libro que habla de ellos, por supuesto. Pero también de los hombres con los que comparte territorio. De los ganaderos y pastores que conviven con los depredadores, sufren sus ataques y, o bien los aceptan como carnívoros vecinos o bien los odian de manera visceral. De los ecologistas que los defienden, algunos con sus mejores intenciones y otros radicalizando el conflicto para garantizarse su forma de vida. De los científicos que tratan de poner orden, sensatez y conocimientos estructurados sistemáticamente en medio del griterío. De los forestales discretos y sabios (...) y finalmente, de algunos burócratas de la administración que, en demasiados casos, preferirían solucionar el problema a tiros». Se lee con amenidad y, sobre todo, con la humildad boquiabierta de quien está aprendiendo algo que de algún modo forma parte de su naturaleza más atávica y primordial. Un grandísimo reportaje que pasa por Ávila y por Canadá, por la Sierra de la Culebra y por Andújar, por la memoria familiar y rural, con la intención de agitar las conciencias de «todos los bandos humanos inmersos en la guerra del lobo».

Sendak y Lobel

Lobos aparecen también en los cuentos deliciosos de Kalandraka, que tiene el privilegio de editar en España las creaciones de ese genio que fue Maurice Sendak y que produjo las que quizá sean las obras infantiles más deliciosas del siglo XX. En esta ocasión, el sello gallego lanza cuatro volúmenes de pequeño formato, todos ellos de 1962, con traducción de Gloria Fuertes: El uno era Juan (libro de los números); Miguel, un cuento muy mural en cinco capítulos y un prólogo; Sopa de pollo con arroz; y Lluvia de cocodrilos, un alfabeto. En todos se encuentra esa personalidad arrolladora, ese dibujo entrañable y sencillo y esa válvula que hace de llave de paso de la imaginación y que hace añorar la infancia aunque solo sea para leer libros como estos. Y al hablar de Kalandraka, no se pueden pasar por alto dos perlas: el superventas Saltamontes va de viaje, de Arnold Lobel, ya reseñado aquí, y la tercera entrega de sus minilibros de cuentos, los Imperdibles, que los niños engullen con un ansia extraordinaria. En este lote de pulguitas literarias vienen El árbol de la escuela, El hilo, Amelia quiere un perro, Los tres cerditos, Paco, El patito feo y Once damas atrevidas.

Barbara Fiore Editora, por su parte, presenta Hilda y el bosque de piedra, de Luke Pearson, un cómic infantil digno de un sello incapaz de publicar vulgaridades. ¿Qué pasaría si de buenas a primeras se levantara un trozo de suelo, como si fuese un animal agazapado, y saliera corriendo con una casa encima? Pues así comienza esta aventura sorprendente salpicada de criaturas imaginarias, aventuras y habilidades imposibles, y que tiene su continuidad en otros títulos: Hilda y el trol, Hilda y el gigante de medianoche y Hilda y el perro negro.

Y atención, que viene una joya: Elio, una historia animatográfica, de Anaya. Para niños que ya son capaces de enfrentarse a textos más complejos, el dúo formado por Diego Arboleda y Raúl Sagospe echa aquí los restos con una obra prodigiosa. Al igual que hicieron en sus anteriores títulos (Papeles arrugados, Prohibido leer a Lewis Carroll y Los descazadores de especies protegidas), los autores desarrollan una trama ultraimaginativa que combina el espíritu de las grandes novelas de aventuras, un humor de primera al servicio del mundo fantástico y muchos elementos y hechos históricos reales, pero tan extraordinarios que también parecen inventados. En Elio, ambientada a finales del siglo XIX, intervienen la ciencia, la magia, lo posible y lo imposible, la ternura y la picaresca, el nacimiento del cine, las sociedades secretas, la familia real, un violín Stradivarius... y todo ello, en España. Que ya es magia. Corriendo a por él.

Más: Sostiene Pereira es una novela gráfica luminosa. Pierre-Henry Gomont ha convertido en un espectáculo visual ese imposible con que Antonio Tabucchi resumió su propia obra: «Una novela existencial decididamente optimista». Un placer remunerado con un par de premios de cómic tanto por su interpretación de los escenarios y tipos como por la plasmación de conceptos que no eran nada fáciles de ilustrar, caso de la teoría de las almas desarrollada en el relato de Tabucchi, según la cual múltiples almas intervienen en la conciencia y en las decisiones de toda persona, y eso lo dibuja con pequeños avatares de Pereira que, como señala el texto, discuten sus actos constantemente, dando así protagonismo a la duda, al cambio. Un bellezón para amantes de la narrativa y el cómic a partes iguales que para colmo tiene un escenario literario como pocos: Lisboa, 1938. Lo edita Astiberri.

No es justo que se acabe el espacio disponible cuando hay todavía tanto bueno que recomendar. Dos puntadas: una editorial de aquí, Tres Tigres Tristes, lo está bordando. Dos ejemplos de sus obras ilustradas infantiles: Las hadas de Cottingley, que recrea el misterioso episodio de las fotografías de hadas en Inglaterra en 1917 y que involucró al escritor Arthur Conan Doyle; y Cómo meter una ballena en una maleta, de Guridi, un libro con un formato muy especial, que aborda el tema de la migración y cuyos fondos se destinan a Proactiva Open Arms.

Y la última puntada tiene que ver con el gran estreno cinematográfico del momento, Star Wars. Para los manitas, Star Wars Kirigami, un arte tradicional en papel para construir desde el Halcón Milenario al speeder de Rey, pasando por naves y trastos diversos. El libro incluye 15 páginas de cartón extraíbles y tres niveles de dificultad para que nadie se deprima si ve que el grado jedi se le resiste. Es un libro de Hachette Héroes, al igual que Star Wars, 40 recetas de una galaxia muy muy lejana. Son platos inspirados en la saga, para quien quiera montarse en casa su taberna galáctica o su restaurante con tres sables láser de la guía Michelín: ahí están el batido azul de Luke, el suflé nube, las tartaletas de los Lagos de Naboo, la tarta de queso de Coruscant, el costillar volcánico de Mustafar, el pan instantáneo de Jakku...

Y para quien aún no esté satisfecho, a pasear por las librerías. A dejarse guiar por el instinto y que la Fuerza los acompañe.


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