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Una terapia que deja al paciente como si nada hubiera ocurrido

Tratamientos. La neurorradiología intervencionista permite extraer el trombo que provoca el ictus. En Sevilla se realiza en el Virgen del Rocío. La otra técnica usual es la fibrinolisis

29 oct 2017 / 21:00 h - Actualizado: 29 oct 2017 / 22:23 h.
  • Dolores Jiménez, directora del Plan Andaluz de Ictus, supervisa una ‘eco-doppler’ a una paciente. / El Correo
    Dolores Jiménez, directora del Plan Andaluz de Ictus, supervisa una ‘eco-doppler’ a una paciente. / El Correo
  • Trombectomía por radiología intervencionista en el Virgen del Rocío. / El Correo
    Trombectomía por radiología intervencionista en el Virgen del Rocío. / El Correo

La aseveración que hace las veces de titular de esta información puede parecer una hipérbole. Pero no es una figura literaria, es literal, aunque obviamente no sea en todos los casos. Se trata de la trombectomía, una técnica de vanguardia que se practica en el hospital Virgen del Rocío –como Unidad de Referencia que es para toda Andalucía Occidental– desde hace un año y con la que se logra revertir, total o parcialmente, las secuelas de un ictus. «Pacientes que han llegado sin poder hablar o mover una parte del cuerpo, al cabo de varias horas están como si nada», detalla Francisco Moniche, coordinador de la Unidad de Ictus del hospital Virgen del Rocío.

Este milagro es posible gracias al empleo de la neurorradiología intervencionista, que tiene unos resultados asombrosos: «Hasta hace pocos años había escasas opciones de revertir los efectos del ictus», lo cual era desolador: «Un accidente cerebrovascular deja pacientes con medio cuerpo paralizado, sin poder hablar, en silla de ruedas o en cama de por vida, es un drama para el paciente y para su familia, que se queda destrozada al ver que de un día para otro tiene una persona dependiente para el resto de la vida», recalca este neurólogo que califica por tanto de «revolucionario» el tratamiento mediante trombectomía, que consiste «en un cateterismo de urgencia que se introduce a través de la ingle y recorre diversos vasos del cuerpo hasta alcanzar el cerebro para poder extraer el trombo».

Está indicada para «pacientes con ictus graves o agudos, a los que se logra revertir o mejorar mucho las secuelas si se trata en el plazo de unas horas», matiza Moniche.

CAMBIO DE LAS PAUTAS

Dolores Jiménez, directora del Plan Andaluz de Atención al Ictus, confirma que «hoy día existen terapias y tratamientos que consiguen que muchos pacientes queden asintomáticos tras ser intervenidos», esto es, como si el ictus hubiera sido tan sólo una pesadilla efímera. «Los resultados están siendo muy buenos no sólo por la gran experiencia que tienen nuestros profesionales sino también porque estos métodos ponen en evidencia su utilidad y están cambiando las pautas», añade Jiménez, que dirige también la citada unidad del hospital Virgen del Rocío.

En este centro se han realizado en el último año 194 trombectomías, «de las cuales un 50-60 por ciento corresponden a nuestro hospital y área y los restantes proceden del Virgen Macarena, de Valme, de La Merced de Osuna, de Huelva y de San Juan de Dios del Aljarafe».

La trombectomía la lleva a la práctica un neurorradiólogo intervencionista. Al frente de esta unidad específica está Alejandro González, que tiene a su cargo «tres personas y otras dos en formación», ya que hacen falta más especialistas dado que el Virgen del Rocío atiende a 2,5 millones de habitantes de las provincias de Sevilla y Huelva... y hasta de Málaga de forma puntual. Este viernes pasado, por ejemplo, llegó por la tarde una mujer desde Ronda, a la que trajeron a Sevilla en helicóptero. «No podía hablar y no tenía movilidad en la parte derecha de su cuerpo», explica González, que cifra en un «60-65 por ciento los enfermos que se recuperan tras la trombectomía y son capaces de incorporarse a su rutina anterior». Esta técnica se realiza de dos maneras diferentes, detalla el neurorradiólogo: «Se puede hacer por aspiración con una jeringa que extrae el trombo del cerebro o bien con una malla o stent intracraneal que agarra el trombo y se tira de él para sacarlo, para entendernos».

Alejandro González recalca que esta es un labor de conjunto, y señala a propósito que neurólogos y neurorradiólogos disponen de una base de datos a nivel regional donde discuten y se reúnen de forma periódica «para unificar protocolos y compartir experiencias», y como reto de futuro indica «reducir el tiempo del ingreso del paciente».

ALERTA: CÓDIGO ICTUS

En este sentido, aunque no se trate de una terapia en sí sino más bien de un procedimiento, cabe resaltar el salto cualitativo que ha significado la implantación del Código Ictus, una suerte de alerta que se activa cada vez que hay sospechas fundadas de que se ha producido un caso de ictus. «Hace ya años que trabajamos así y es magnífico, porque antes los pacientes morían o quedaban incapacitados», afirma Dolores Jiménez convencida. Por su parte, Francisco Moniche explica que «el Código Ictus implica que tenemos seis horas desde que se activa el protocolo, lo cual exige una coordinación y un esfuerzo tremendos por todo el mundo, empezando por el 061 y los médicos de Atención Primaria y Urgencias, que tienen que detectar los síntomas rápidamente. Además, tenemos neurólogos y radiólogos intervencionistas de guardia las 24 horas, que se encargan de evaluar al paciente, hacerle un TAC para precisar el diagnóstico y ver dónde está el trombo y decidir qué tratamiento aplicar».

Y es que, aparte de la vanguardista trombectomía, hay otra terapia muy usual que se realiza en casos menos graves e incluso a veces como método previo a la extracción del trombo. Es la fibrinolisis intravenosa, que consiste en la administración por este conducto de un fármaco con el objeto de disolver el coágulo, aunque es preciso realizarla dentro de las 4,5 primeras horas desde el evento. En el Virgen del Rocío, por ejemplo, se practicó esta técnica 159 veces en el último año, alcanzando un valor cercano al 25 por ciento de los ictus isquémicos, con un resultado excelente.

El futuro próximo traerá nuevas terapias, que se están enfocando al antes (prevención) y después (rehabilitación) del ictus, «que es lo que falla», opina Joan Montaner, jefe de la Unidad de Neurociencias del Macarena. En prevención, se está trabajando con resonancias magnéticas para identificar ictus silentes, esto es, pequeños infartos cerebrales que se dan en pacientes con cierto tipo de arritmia (fibrilación auricular). Montaner y Moniche trabajan juntos en el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), donde realizan ensayos clínicos para recuperar a pacientes con secuelas graves utilizando células madre de la propia persona, ya que «la rehabilitación tradicional no siempre es eficaz», dice Moniche.

Otra línea de investigación es la que ensaya con nuevos trombolíticos, fármacos que podrían usarse hasta 12 horas después del ictus frente a las 4,5 de los que se aplican en la fibrinolisis endovenosa.


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