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Ver la tele en familia, un hábito en desuso

Los dispositivos electrónicos nos están aislando. Tanto, que un hábito tan cotidiano como sentarse a ver la televisión en familia se está convirtiendo en algo extraordinario

06 nov 2017 / 22:30 h - Actualizado: 06 nov 2017 / 22:30 h.
  • Los más pequeños usan otros dispositivos para ver contenidos. / El Correo
    Los más pequeños usan otros dispositivos para ver contenidos. / El Correo

Es un hecho palmario. Los dispositivos electrónicos nos están aislando. Tanto, que un hábito tan cotidiano como sentarse a ver la televisión en familia se está convirtiendo en algo extraordinario, según se desprende del Barómetro Audiovisual de Andalucía 2016. En la actualidad, el consumo grupal de televisión solo tiene frecuencia diaria en un 54 por ciento de las familias en las que hay menores de 18 años. Sea cual sea esa frecuencia de visionado familiar del mismo programa televisivo, el 70 por ciento de las personas entrevistadas la considera «suficiente», incluyendo a quienes lo hacen más esporádicamente.

En el 35 por ciento de los hogares andaluces con niños y adolescentes, ocurre que, ya sea a diario o varias veces a la semana, los miembros que lo integran se dispersan para acceder al audiovisual a través de diversas pantallas a la vez en la misma o en distintas habitaciones. Según la edad de los hijos, este fenómeno se da con mayor o menor frecuencia. Si los pequeños han superado la etapa preescolar, el visionado de pantallas simultáneas aparece en el 51 por ciento de los casos, ya que a partir de los siete años ya empieza a haber niños con móviles propios, cifra que aumenta considerablemente a partir de los 12 años. Es el móvil, por tanto, el principal elemento disgregador de las familias, pues acuden a él el 47 por ciento de los encuestados si el televisor principal está ocupado. Los ordenadores, con un 44 por ciento, y las tablets, con un 40 por ciento, le pisan los talones. Y cada vez se lleva menos tener otro televisor en una habitación que no sea la principal –34 por ciento–.

Lo más habitual, en cualquier caso, es que se compartan las pantallas portátiles en el espacio en el que se ubica el televisor principal –ocurre en el 55 por ciento de los hogares–, que en la mitad de estos casos es monopolizado por los padres, relegando la alternativa a los pequeños. El 42 por ciento de familias consultadas se dispersa por las distintas estancias de la casa mientras dura el visionado. Son los niños los que se van a otra parte.


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