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Ventura llena y triunfa en Espartinas

El rejoneador de La Puebla del Río escenificó su propio pronunciamiento colgando el ‘No hay billetes’ y dictando su propia antología personal

15 abr 2018 / 23:04 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 08:50 h.
  • Diego Ventura lidia al ejemplar de Buendía-Pallarés que fue, a la postre, uno de los que le brindaron mayores dificultades en su encerrona. / Reportaje gráfico: Arjona
    Diego Ventura lidia al ejemplar de Buendía-Pallarés que fue, a la postre, uno de los que le brindaron mayores dificultades en su encerrona. / Reportaje gráfico: Arjona

Por la mañana ya se supo que Ventura se había anotado la primera victoria. El ansiado cartelito de No hay billetes para hoy se había colgado en las taquillas del coso de Tablantes. Era la primera parte de un pulso que, más allá del desencuentro con la empresa Pagés, se había convertido en un auténtico pronunciamiento personal. La autoridad en la taquilla tenía que verse refrendada después en el virtuosismo de la plaza. Y hay que reconocer que Ventura fue generoso: dejando dos toros para las pegas de los forcados; lidiando otro de forma coral con los sobresalientes; no dejando ni un solo caballo sin probar; ensayando suertes en desuso como la estocada desde la silla...

Pero el reto incluía la lidia de seis toros de distintos encastes y ganaderías que no siempre se prestaron a la altura el acontecimiento que, para colmo, contó con la visita inesperada de una lluvia gélida, fina y pertinaz que caló hasta el último hueso de la parroquia...

El caso es que, dentro del combo ganadero escogido para la ocasión, acabaron sirviendo de verdad el tremendo pablorromero que hizo segundo y el sexto de Los Espartales que le permitió redondear una tarde llena de buenas sensaciones en la que se resistía el recital definitivo. Llegó, con la gente chorreando, en ese último cartucho que Ventura exprimió magistralmente desde la portagayola –garrocha en ristre– que templó los bríos del animal hasta el postrero y fulminante rejonazo que puso en sus manos el segundo rabo. Más allá del espectáculo, la labor del jinete cigarrero tuvo un tremendo trasfondo técnico para luchar con las querencias del animal. Y a partir de ahí, terminó rejoneando a placer. Hubo quiebros de antología, palos colocados en un palmo de terreno, cites muy en corto... además de un excelente y original par a dos manos, auténtica guinda de toda su actuación, que escenificó quitando la cabezada de la montura. Las cortas al violín colocadas en carrusel terminaron de desatar los entusiasmos. La misión estaba más que cumplida.

Del resto de la tarde hay que recordar que la primera faena, de puro calentamiento, no estuvo exenta de momentos de lucimiento, especialmente en los quiebros a lomos de Lío. La labor de Ventura, que transcurrió a un ritmo trepidante fue en realidad una preparación de lo que estaba por venir. Medio rejonazo perpendicular y un descabello pie a tierra prologaron la concesión del primer trofeo.

El segundo, un ejemplar santacolomeño de Benítez Cubero, lo brindó a los forcados que completaron el deslumbrante paseíllo en el que mostró las 20 monturas. La verdad es que no dio ninguna facilidad al jinete, que tuvo que emplearse a fondo para sortear las embestidas cortas y cruzadas que dificultaron una y otra vez los embroques. Los mejores momentos llegaron a lomos de Duelo aunque el rejón de muerte, eso sí, se atascó.

El enorme pablorromero que hizo tercero acabó sirviendo. El jinete de La Puebla del Río también apostó fuerte sacando a Nazarí aunque su labor brilló especialmente clavando con Alcochete, un caballo lusitano de excelente porvenir. Las cortas las dejó para Remate, otro clásico de su cuadra que prologó la accidentada pega de los forcados, que se jugaron el tipo con sinceridad delante de un torancón que no les puso las cosas demasiado fáciles. La belleza primitiva de la tauromaquia portuguesa caló en el público.

El cuarto, del hierro del propio Ventura, acabó siendo el instrumento de una lidia coral con los dos sobresalientes –Manuel Moreno y José Manuel Munera– después de las dificultades que pasaron cuadrillas y asistencias para sacar del ruedo al gallo que le habían arrojado en la vuelta al ruedo anterior. Eso sí, fue el propio Ventura el que amarró el triunfo redondeando con Toronjo. El fulminante rejonazo final fue la llave del rabo que cortó para animar un poco el cotarro. Quedaba el quinto, que contó con una nueva intervención de los forcados, dueños de la situación. Esa lidia fue, a la postre, un mero intermedio de la definitiva apoteosis final.

Terminaba la tarde y empezaban las preguntas: urge un entendimiento entre las partes. Ventura es el número uno y la plaza de la Maestranza el mejor escenario del mundo. Deben y pueden volver a unir sus nombres.

Ficha del festejo:

Coso de Tablantes

Ganado: Se lidiaron, por este orden, sendos ejemplares de Prieto de la Cal, que resultó noble; Pallarés-Buendía, deslucido y de viajes cortos; Partido de Resina, que se dejó; Diego Ventura, potable; María Guiomar Cortés de Moura, colaborador, y Los Espartales, de buen juego.

Matadores: Diego Ventura, que vistió chaquetilla burdeos con alamares azabaches, cosechó el siguiente balance: oreja, silencio, dos orejas, dos orejas y rabo, oreja y dos orejas y rabo.

Incidencias: La plaza se llenó hasta la bandera en tarde fría, lluviosa, ventosa y muy desapacible. Actuaron los Forcados Amadores de Caraoche en el tercer y quinto toros. Los sobresalientes Manuel Moreno y José Manuel Munera fueron invitados a lidiar el cuarto. Ventura sacó veinte caballos.


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