jueves, 27 julio 2017
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Toros

Algunos motivos para la reflexión

La presencia de Morante, que cuajó los momentos más intensos de la tarde, no logró apuntalar la taquilla del festejo. Perera, fiel a sí mismo, no terminó de conectar. Jiménez acusó los nervios

02 may 2017 / 23:24 h - Actualizado: 02 may 2017 / 23:37 h.
  • Meritorio muletazo de Morante de la Puebla sobre la mano derecha al desconcertante colorao que saltón en cuarto lugar. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
    Meritorio muletazo de Morante de la Puebla sobre la mano derecha al desconcertante colorao que saltón en cuarto lugar. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
  • Javier Jiménez remata con una revolera su quite al segundo de la tarde, primero de Perera.
    Javier Jiménez remata con una revolera su quite al segundo de la tarde, primero de Perera.
  • Perera destacó toda la tarde en el manejo del percal.
    Perera destacó toda la tarde en el manejo del percal.
  • Perera se metió entre los pitones en el colofón de su faena al quinto.
    Perera se metió entre los pitones en el colofón de su faena al quinto.
  • Estocada de Morante al primero de su lote, un animal que no le dio ninguna opción de triunfo.
    Estocada de Morante al primero de su lote, un animal que no le dio ninguna opción de triunfo.
  • Blonda y encaje blanco en los palcos de la Real Maestranza de Caballería.
    Blonda y encaje blanco en los palcos de la Real Maestranza de Caballería.
  • El popular chef José Andrés en los tendidos sevillanos.
    El popular chef José Andrés en los tendidos sevillanos.
  • Jaime Ostos y su mujer, María Ángeles Grajal.
    Jaime Ostos y su mujer, María Ángeles Grajal.
  • Javier Jiménez se lía el capote de paseo ayudado por sus hombres.
    Javier Jiménez se lía el capote de paseo ayudado por sus hombres.
  • Morante cumplió su tercer compromiso ataviado con un original terno negro
    Morante cumplió su tercer compromiso ataviado con un original terno negro

Las comparaciones son tan odiosas como inevitables. Pero es que había que frotarse las manos para descubrir la inmensa calva de los tendidos de Sol y los huecos que clareaban todas las gradas y algún tendido de sombra a la hora del paseíllo. No nos habíamos equivocado de tarde ni cartel. Pero el nombre de Morante no había sido capaz de convertirse en el conjuro que animase la taquilla en una fecha que, no hace tanto, era lleno asegurado.

A esa misma hora y un solo día antes no cabía un alfiler en los escaños maestrantes. Los hermanos Rivera, ojo, sí habían obrado de bálsamo para animar al personal a retratarse en la ventanilla. La figura oficial, anteayer, era la de El Juli que, perro viejo y astuto, sabía que echar a un Rivera por delante y a otro por detrás le evitaría ver la plaza en cuadro. Ni la empresa ni Morante podían atisbar este fantasma que ayer se hizo presente. Urge una reflexión. En los despachos y las liquidaciones no salen las cuentas.

Pero tenía que salir el toro. Los hermanos Matilla habían embarcado un espantoso y desigual encierro –pésimamente presentado para una plaza como Sevilla– en el que, lo que son las cosas, hubo toros que se dejaron torear. El mejor de todos, por dócil y obediente y seguramente también un poco bobalicón fue el quinto, al que Miguel Ángel Perera enjaretó un trasteo entregado y firme, de su más genuina marca, que no terminó de calar en los tendidos. La falta de agresividad o chispa del enemigo que tuvo delante tuvo mucha culpa de la frialdad con la que se vivieron su muletazos hondos y circulares y ese largo epílogo trenzado en ochos en la mismísima cuna del toro, que a esas alturas de la faena apuntaba a la santidad súbita. El acero terminó de aguar la fiesta y el diestro extremeño, que debutaba y se despedía de esta Feria, se tuvo que contentar con una ovación. Fue idéntico premio cosechado después de lidiar y matar al feo y manso cornalón que saltó en segundo lugar. Perera hizo un esfuerzo en los terrenos que pedía el animal que huía como alma en pena antes de llegar a las bambas de la muleta. Se le agradeció la voluntad de agradar. Lo mejor fue el espadazo sin puntilla y la brillantez capotera del diestro de Puebla de Prior en todos los lances y momentos de la lidia.

Pero, cuidado, los momentos de mayor trascendencia artística de la tarde los iba a firmar Morante de la Puebla. Lo hizo toreando a la verónica a un primero que no le dio ninguna opción en la muleta pero sobre todo con un toro, el cuarto, que sembró el desconcierto entre las cuadrillas en los primeros compases de su lidia. El bicho regateaba en los capotes e hizo sospechar que no andaba muy fino de los faros. Después de comportarse en el segundo tercio como un buey de rodeo acabó deslizándose en la muleta de Morante en los primeros muletazos, dichos entre las rayas. ¿Sería posible aún? El diestro de La Puebla se dio tiempo a sí mismo para alumbrar dos o tres naturales de belleza sencilla y técnica escondida. Morante aún se explayó sobre esa mano dictando un brevísimo opúsculo del arte de bien torear. Había temple, dibujo y trazo natural, compostura relajada... fueron sorbitos que desengrasaron el aburrimiento. Definitivamente dueño de la escena, liberó la tensión con un molinete antes de emplearse en una serie diestra más trabajada rematada con un enorme pase de pecho. Aún hubo algún destello con la mano izquierda, adornos por la cara, muletazos por alto, adornos, diabluras... pero la espada –media estocada– sólo entró al segundo viaje y necesitó el refrendo del descabello. Aún le queda una.

Javier Jiménez se había ganado con creces el puesto en este cartel. Se entendió bien con el noble tercero aunque a veces dio la sensación de pesarle el escenario y estar demasiado pendiente de esos apuntadores que le hacen un flaco favor. El comienzo a media altura, el temple de su planteamiento y lo reunido de los muletazos fueron lo mejor de este trasteo que tuvo la virtud de ir a más a pesar de su largo metraje. La verdad es que la oreja estuvo muy cerca. El tardo sexto –otro toro espantoso para saltar en Sevilla– le pesó algo más. Javier se empleó en una larga faena que no estuvo exenta de buenos momentos aunque la prolongó más de lo recomendable. Aún queda temporada por delante. Ánimo.


plaza de la real maestranza

Ganado: Se lidiaron seis toros de Hermanos García Jiménez, muy mal presentados para la plaza de Sevilla por sus hechuras dispares y destartaladas. Dentro de su juego hubo de todo: desde el bonancible quinto hasta el cornalón y manso segundo, que mereció ser amarrado a una carreta. No sirvió, por blando y parado el primero; tuvo nobleza y cierta falta de alma el tercero; se dejó con dificultades el cuarto después de sembrar el desconcierto y sirvió sin rematar el remiso sexto.

Matadores: Morante de la Puebla, de catafalco y azabache, ovación y ovación tras aviso

Miguel Ángel Perera, de verde inglés y oro, ovación y ovación tras aviso.

Javier Jiménez, de azul pavo y oro, ovación tras aviso y palmas tras aviso.

Incidencias: La plaza registró menos de tres cuartos de entrada en tarde espléndida y primaveral. Saludaron Curro Javier, Barbero, Ambel y Abrahám Neiro.


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