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Observatorio taurino

Antes y después del 10 de mayo

Observatorio taurino. La irrupción del prometedor diestro sevillano ha supuesto un auténtico revulsivo que trasciende de su grandioso triunfo sevillano. En Madrid también le han visto...

20 may 2019 / 12:41 h - Actualizado: 20 may 2019 / 12:59 h.
  • Pablo Aguado, en Madrid. / El Correo
    Pablo Aguado, en Madrid. / El Correo

Bajo el ‘efecto’ Aguado

La Feria de 2019 ya pasó. Y lleva el nombre y la poderosa aura de Pablo Aguado que, con poder de eclipse, ha logrado colocar en zona de sombra todos los buenos momentos que se vivieron en un ciclo que salió casi como se planeó. Hay que darle la enhorabuena al empresario. Ése es el único camino para recuperar lo que un día se perdió en las cunetas. Pero pocos –poquísimos- podían saber que la plaza se convertiría en un manicomio aquel 10 de mayo que ya se ha escrito en la historia de la propia plaza. La dimensión del triunfo de Pablo Aguado trasciende de las orejas, de la puerta que abrió, de los titulares que ocupó, de las crónicas que se escribieron... Con sus dos faenas y su valioso toreo de capote levantó un monumento a la sencillez y la naturalidad como verdaderos pilares del toreo más clásico, del toreo eterno. Sabiéndolo o no, su obra tuvo un barniz restaurador: del toreo entendido como tratado de armonía; del arte concebido en su más pura desnudez, desprovisto de cualquier hojarasca; del sentido de la medida... Para qué vamos a negarlo: necesitábamos un torero así en estos tiempos en los que mandan otras tauromaquias –ojo, igual de válidas- en las que priman otros valores complementarios. Veinte pases y poco más de cuatro minutos sirvieron a Pablo Aguado para convetirse en figura después de poner a hervir a 10.500 almas en vivo y a no sé cuantas más por televisión. El toreo entero había sufrido un cataclismo.

De las puertas y los números

Pablo cortó aquel día cuatro orejas. En Madrid, este mismo sábado, se quedó sin premio por el mal manejo de esa espada que no siempre está a la altura de su toreo. Pero la cuestión es otra: vamos a imaginar que el nuevo valor hubiera obtenido sólo dos trofeos en la tarde de su revelación sevillana. ¿Le habrían abierto la Puerta del Príncipe? Ahí va la cuestión: el alto honor se ha convertido en una mera cuestión de números en todas las plazas. Si la Puerta del Príncipe que abrió El Juli quedó justita hay que reconocer que Roca Rey mereció el paseo bajo el legendario arco la tarde que le llegaron a pedir el rabo. Lo que debería ser objeto del entusiasmo se ha quedado reducido a una mera cuestión reglamentista y aritmética que nada tiene que ver con la esencia de cualquier arte: la emoción.

Rescoldos de las elecciones

La actualidad informativa y el desarrollo del propio ciclo taurino habían aplazado esta atalaya semanal desde el Lunes de Pascua. El caso es que se había quedado por comentar el resultado de las elecciones generales que, ésa es la verdad, no han alumbrado un resultado demasiado halagüeño para las huestes del toreo. Todo está aún por ver pero los toreros que –degenerando, degenerando- se habían colado en las listas para apuntalar la cuota taurina se han quedado sin opción a escaño. Ya lo habíamos comentado algunas veces y lo volvemos a hacer: no dejaba de resultar llamativo el fervor taurino mostrado por ciertas fuerzas que se habían pasado tanto tiempo de perfil. Ya se vio en la corrida del Domingo de Resurrección, justo una semana antes de los comicios que condenaron al PP, enfriaron el entusiasmo de VOX y reforzaron la presencia de ese PSOE y el que lo manda, que tendrá que volver a bailar con los malos para seguir en la poltrona. Susana Díaz, por cierto, escogió ese domingo de Pascua para pisar la plaza que nunca honró cuando campeaba por San Telmo. Ay pena, penita, pena...

Otras cosas que contar

En la vorágine de estos días se nos habían quedado algunos premios en el tintero de las prisas. El primero es el del Colegio de Veterinarios, concedido este año al ejemplar llamado ‘Protestón’, una de las tres guindas de la excelente corrida de Fuente Ymbro que también se ha hecho acreedora del premio ‘Blanco y oro’. Este galardón, patrocinado con creciente timidez por la Cruzcampo ha cambiado de padrinos: a partir de ahora será la bodega ‘Antonio y Reyes Romero’ la que se hará cargo de la cuenta. El cambio de benefactores también ha alcanzado al prestigioso premio ‘Manolo Ramírez’ de periodismo taurino que auspicia el diario ABC. Hasta ahora lo había hecho con la leña marismeña del empresario y ganadero José Moya Sanabria, dueño de Persán y criador de los toros que llevan el hierro de El Parralejo. El galardón pasa ahora a la jurisdicción de la Real Maestranza de Caballería, que se llevará hasta su casa un guateque que se había convertido en el mejor y más costeado encuentro de las gentes del toro. Ah, los profes de Aula Taurina también han fallado su ‘Lección torera’. Es para Pablo Aguado. No podía tener mejor destinatario y significado. Por cierto, el magistrado Antonio Jesús Rodríguez Castilla presenta este jueves su libro ‘En defensa de la Fiesta’ en la fundación Madariaga. El prestigioso juez de Santaella se ha remangado la toga con un libro necesario que cobra nueva actualidad con el cambio de mapa político. Y nos marchamos, enviando un abrazo sincero al diestro Antonio Ferrera. El extraño accidente que culminó con su inmersión y posterior rescate del río Guadiana revela los momentos difíciles que está pasando el matador extremeño. Ferrera nada ahora en un río sin orillas. Sólo deseamos que vuelva a encontrar la felicidad. Y si es toreando, mejor. La memoria mantiene grabados con letras de oro esos trasteos de 2014, 2015 y 2017 que le convirtieron en el mejor intérprete de aquellas ferias. Fuerza al hombre. Ya llegará el torero.


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