miércoles, 17 octubre 2018
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De Madrid al cielo pero el cielo está en San Gil

El cantado triunfo del diestro riojano Diego Urdiales es uno de los sucesos más importantes de esta temporada que ya va dando sus últimos coletazos. Pero en la quincena taurina que se fue también se habló de otras cosas...

10 oct 2018 / 12:11 h - Actualizado: 10 oct 2018 / 12:13 h.
  • De Madrid al cielo pero el cielo está en San Gil

Estamos de vuelta

Este mirador semanal de la actualidad taurina se reinventa en exclusiva clave digital. Son nuevos tiempos en los que seguiremos levantando el batiscafo –bajo la más que centenaria cabecera de El Correo- para otear todo lo que se cuece en el planeta de los toros. Lo haremos dejando atrás –y añorando- esa doble página de papel de los martes. Ahora toca mirar hacia delante sin perder ripio de lo mucho y bueno que ha acontecido en estas dos largas semanas en las que dejamos las naves amarradas. Lo último –ya lo saben- ha sido el faenón madrileño y la apoteósica salida a hombros del diestro riojano Diego Urdiales, colofón inmejorable a la llamada feria del bombo, de la que ya les hemos hablado largo y tendido. El riojano reventó Madrid poniendo la guinda a una temporada en la, orillado del famoso ‘sistema’, apenas había toreado. Pero, ojo, el gran triunfador del otoño de la Corte ha sido Simón Casas que, loco por la música, ya promete otros bombos y platillos para la próxima isidrada. Esperemos que no se pase de frenada. La excepción, favorecida por la suerte, no puede ser norma.

Perspectivas para la próxima feria de San Isidro

Y hablando del santo labrador: la próxima feria que se timbra con su nombre podría experimentar un sensible recorte de su metraje. Es justo y necesario. Los abonos largos son insostenibles para las empresas que los organizan y los espectadores que, tantas veces, se ven obligados a soportarlos sin demasiado entusiasmo. Es tiempo de calidades, no de cantidades. Se habla de quitar una semana de toros; deberían ser más. Pero hay que retomar el hilo de esa feria de otoño para recordar otros acontecimientos. Ahí está la salida a hombros de Emilio de Justo que, de alguna forma, ha venido a premiar una excelente temporada vivida en las orillas del recurrente ‘sistema’ y los mediocres comisionistas que mueven sus hilos. No nos olvidamos de la valiosa oreja cortada por el sevillano Pablo Aguado, otro torero que ha tirado de paciencia y memoria para esperar su momento. Dicen que ya está en las Fallas y que tampoco faltará al ‘sanisidro’ de 2019. Concluimos el apresurado repaso del ciclo madrileño recordando la fallada apuesta de Talavante. Aceptó escribir su nombre en dos bolas del famoso bombo de Monsieur Casas. Pero las cosas no han salido en ninguna de las tardes que la suerte puso en su camino. El extremeño, salido de los mecanismos de la patronal taurina, afrontaba el reto con ansias de reafirmar su independencia, fijar y elevar su caché y romper las reglas del famoso ‘sistema’. Se queda como estaba o peor...

Otras cosas que merecen ser comentadas

Una de ellas es la penúltima ocurrencia de José Tomás o su tropilla de asesores. El pétreo diestro de Galapagar pretende denunciar a los dueños de una ganadería, la de Los Rodeos, en la que tentó y compartió jornada campera, mesa y mantel con la familia propietaria. Don Tomás pide 30.000 euritos del ala por un presunto atentado por su intimidad. Alguna foto del torero en amor y compaña de los criadores y su gente apareció sin maldad por las redes sociales. Nada nuevo en estos tiempos. El salivilla que ha metido a su matador en este entuerto se ha lucido. Por completo. Y ya que hablamos de Tomás, también toca hablar de su devoción por los mariachis y su afición a empuñar el micrófono. Es lo único en lo que coincide con su cordial enemigo Enrique Ponce. Será más fácil verlos cantar rancheras que enfrentarse en un ruedo. Por el valenciano no ha quedado. Pero hay más cosas que comentar, como el tremendo porrazo que se llevó Pepe Luis en el debut con picadores de su sobrino Manolo. El lance, que se resolvió con algunos golpes y un tremendo susto, da que pensar. El penúltimo Vázquez debería pensarlo bien. Goza de reconocimiento y es un hombre querido y que se hace querer. El festival de la Macarena, en el que volverá a amparar un nuevo fielato profesional de su sobrino, sería un buen momento para decir basta. Nos marchamos por esta semana pero antes tenemos que dar la enhorabuena a la querida hermandad de la Macarena, a su hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero y –especialmente- a Eduardo Dávila Miura, verdadero catalizador del grandioso festival taurino que despedirá la temporada maestrante. La cofradía ha enseñado músculo y también ha marcado algunas sendas a seguir: han sabido convertir el festejo en un auténtico acontecimiento rodeado de actividades lúdicas, culturales y sociales. Al empresariado le convendría tomar nota. Los tiempos de levantar la persiana y esperar que se acabaran las entradas empiezan a estar cada vez más lejanos. ¿o no?


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