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Toros

El acuerdo PP-Vox blinda la protección a la tauromaquia

El documento definitivo suscrito por ambas formaciones políticas contiene una mención expresa del mundo del toro junto a otras disciplinas de la tradición rural española como la caza

10 ene 2019 / 11:38 h - Actualizado: 10 ene 2019 / 11:45 h.
  • Plaza de Toros de La Maestranza. / Rafael Avilés
    Plaza de Toros de La Maestranza. / Rafael Avilés

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En la tarde de este miércoles se ponía fin al farragoso proceso que ha permitido cerrar el acuerdo de gobernabilidad en Andalucía. Es de lo que todo el mundo habla: Juan Manuel Moreno será presidente de la Junta de Andalucía después de 36 años de ininterrumpida hegemonía socialista. Pero antes ha habido que negociar a dos bandas con Ciudadanos y esa fuerza emergente, VOX, que los populares necesitaban para asegurarse las llaves de San Telmo después de cocinar la mayoría absoluta en las Cinco Llagas. Será en difícil alianza de intereses con la formación naranja y haciendo encaje de bolillos para que la hostilidad de ésta hacia VOX no termine descarrilando el tren.

Han pasado varias semanas en las que hemos asistido a la habitual sobreactuación política pero en los últimos días los acontecimientos se han precipitado con celeridad. En el documento definitivo suscrito entre Teodoro García Egea, secretario general del PP, y Javier Ortega Smith, que ejerce la misma función en VOX, se desgranan hasta 37 puntos que, tal y como señala dicho texto, compromete a la emergente formación derechista “a apoyar en primera votación al candidato de la Junta de Andalucía propuesto por el Partido Popular”.

Protección de la tauromaquia

Hasta ahí todo es sabido. Pero merece la pena detenerse en el punto 34 del acuerdo que compromete a ambas formaciones a “apoyar por ley la tauromaquia, fuente de riqueza y empleo, en su triple vertiente: dehesa, patrimonio histórico y patrimonio artístico”. Esa premisa ya venía recogida en el primer documento que VOX puso sobre la mesa de negociación. Las demandas más exóticas acapararon los principales titulares pero en el texto primitivo, articulado en 19 puntos ya se hacía una primera mención de esa protección del mundo del toro –también de la caza- en su artículo 15 demandando una “ley de protección de la tauromaquia y de la actividad cinegética, que reconozca y valore la aportación económica y ecológica de estas dos realidades tan ligadas a Andalucía”.

Hay que reconocer que la irrupción de VOX ha supuesto una nueva visualización de todas las patas de la cultura rural española. Todo el universo que rodea el mundo de la Tauromaquia está incluido en esa reivindicación del agro que, de alguna manera, ha exhibido un músculo desconocido que ha puesto a cavilar a todas las fuerza políticas. Las más hostiles han enterrado momentáneamente el hacha de guerra; las tibias –caso del PP- han reforzado su mensaje de apoyo; y las que llevaban demasiado tiempo de perfil –como venía haciendo el PSOE- han llamado a capítulo a los suyos para evitar una nueva sangría de votos a través de un mundillo vinculado a otros planetas transversales como el de la caza.

En medio de este proceso hay que recordar algunas declaraciones desafortunadas como las de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, que se pasó de frenada proclamando que si de ella dependiera “prohibiría” las corridas de toros y la caza. La señora ministra no tardó en tener contestación, incluso desde sus propias filas. El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, no tardó en subrayar el apoyo del Gobierno al sector cinegético y a la cría del toro bravo por su importancia para el medio rural y para la sociedad en su conjunto recordando que la de lidia es una de las 180 razas autóctonas y puras que componen el listado nacional y que aporta biodiversidad a la fauna ibérica. Mucho más contundente fue el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que no dudó en enviar una carta personal a la ministra.

Sin que las aguas se hubieran calmado, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, salió a la palestra para abjurar de esa “España casposa en la que todos tenemos que ser toreros o cazadores”. Las declaraciones sorprendieron en un hijo del cuerpo –su padre fue el torero Carbonerito- al que se le ha visto repetidamente en los burladeros de las plazas de toros. Recientemente ha matizado sus palabras señalando que aludía a “la ultraderecha que quiere generar estereotipos, que quiere imponer la identidad”. Lo dejamos ahí.

Mientras tanto, los ganaderos no han perdido el tiempo. La Unión de Criadores de Toros de Lidia, que agrupa a las principales vacadas de la cabaña brava española, ha decidido remangarse en alianza con ASAJA y las federaciones de caza para montar un ‘lobby’ propio en el parlamento de Bruselas. Carlos Núñez, presidente de la Unión, reconocía que el nuevo escalímetro político del parlamento andaluz había permitido que se empezara a escuchar la voz del campo con una atención muy distinta. Entre otros encuentros, mantuvieron una reunión a mediados de diciembre en Cáceres con el líder nacional del PP, Pablo Casado, al que se le demandó “el compromiso real y sin complejos” de su formación hacia un animal que está reconocido como Patrimonio Cultural. Núñez pidió a los populares un compromiso con el sector del toro y que ese acuerdo se viera reflejado en su programa electoral además de en todas las medidas de conservación del medio rural. En el programa electoral popular de las elecciones andaluzas no había ni una sola mención al sector pero Casado ya había tomado nota del nuevo panorama anunciando un nuevo compromiso con la Tauromaquia, “parte esencial de nuestro patrimonio histórico y cultural”, según proclamó el propio presidente popular en su cuenta oficial de Twitter. Había tocado ponerse de frente...

Mientras tanto, no está de más recordar la toma de postura de un torero como Morante de la Puebla, íntimo de Santiago Abascal y catalizador del famoso video ecuestre que sirvió de pistoletazo de salida de la campaña electoral de la formación derechista. Morante, que pasó el día de reflexión y la propia jornada electoral en compañía de Santiago Abascal –le llevó, entre otros lugares, a visitar la tumba de Gallito- no ha dudado en conducir hasta una furgoneta con propaganda de VOX y a colocarse en primera fila en los mítines. Esa filiación desacomplejada ha tenido su precio: unos desconocidos asaltaron las tapias de su finca de La Puebla cubriéndola de pintadas insultantes.

Pero la conclusión de este repaso nos lleva a otro terreno: el de la propia fortaleza del sector taurino. De nada servirán esas leyes proteccionistas si el propio planeta de la Tauromaquia no es capaz de protegerse a sí mismo. La mejor defensa del sector será su buena salud. Hace falta ayuda administrativa, quién lo duda, empezando por la rebaja de la altísima fiscalidad de las novilladas que están desangrando al espectáculo por su base. Pero hace mucha más falta una reorganización del propio sector que permita hacerlo atractivo y, especialmente, competitivo en lo económico.


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