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El Juli: alcanzando la Edad de Oro...

El precoz maestro madrileño mantiene intacta su aura de primera figura del toreo

30 dic 2016 / 07:10 h - Actualizado: 30 dic 2016 / 09:53 h.
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    El Juli actuó dos tardes en la pasada Feria de Abril después de dos años de ausencia. / Manuel Gómez

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El ilustrísimo señor don Julián López Escobar ya puede presumir de esa flamante Medalla de Oro al mérito de las Bellas Artes que sigue consagrando a la Tauromaquia como una de las manifestaciones culturales más importantes de este país que aún llamamos España. La concesión de esa preciada condecoración, además, ha dado una vuelta inesperada a este recorrido anual por la cuenta de resultados de los grandes protagonistas de la temporada. Posiblemente ha llegado el momento de recapitular más allá del año que se acaba. El Juli se acerca a su vigésimo aniversario como matador de toros –le doctoró el gran Manzanares en la Vendimia de Nimes de 1998– sin apearse de la condición de primera figura del toreo que adquirió desde el mismísimo momento de esa alternativa. En 2016 ha reverdecido los galones.

Pero el precoz maestro madrileño no es el mismo matador que asombraba en sus inicios. Las sucesivas etapas profesionales han ido modelando al torero de hoy desde la variada y espumante frescura juvenil de los primeros tiempos a los arriesgados caminos conceptuales que ha tomado su toreo actual, sometido a la dictadura del trazo en detrimento de la estética y ensombrecido, de alguna manera, por aquel durísimo percance de la Feria de Abril de 2013 que cambió al torero y al hombre. Pero El Juli ha sido capaz de seguir sin que se discuta su papel de primerísima figura del toreo. Fue el primero en aceptar el guante que le lanzaban los jóvenes cachorros que, a pesar de todo, aún no han logrado desbancar a los viejos generales del toreo.

Esa hornada de bisoños aspirantes era el acicate que necesitaba para seguir en el tajo y recargar las pilas. Julián comprendió el signo de los nuevos tiempos aquella tarde de la feria de Albacete de 2015. Entonces aceptó el cuerpo a cuerpo con López Simón y José Garrido. Pero en 2016 se ha visto las caras, definitivamente, con Roca Rey, el torero que le ha hecho volver con nuevos bríos a la guerra. Ya se había medido con él en un mano a mano en Arlés que se saldó con la doble salida a hombros; antes había sentenciado a López Simón en las Fallas. Pero la presencia del peruano le iba a apretar las tuercas en Sevilla la misma tarde que Morante cinceló su reconciliación con la afición baratillera. El Juli había oficiado su propio desagravio una semana antes. Fue la tarde que se lidiaban las reses de Victoriano del Río. Cortó una valiosísima oreja que pudieron ser más. Se había roto el absurdo maleficio que le alejó durante dos años seguidos –tampoco había habido acuerdo en 2006 y 2012 por otras desavenencias– de una de las plazas que mejor le han visto.

Pero hay que volver a esa tarde del 15 de abril: Julián hasta recibió una cornada jugándose el tipo en una faena de gran maestro y torero valiente, extraña en el que ya nada tenía que demostrar. Pero tenía delante al nuevo gallito del corral y había que seguir marcando el territorio. Es la guerra del toreo... Después del duro fielato de Sevilla y una vez recuperado del percance, tomó aire en la habitual excursión a Aguascalientes. Pero el verdadero pulso de la temporada lo retomó un mes después de Sevilla cortando tres orejas en el Pentecostés nimeño. Le esperaban dos tardes ásperas en Madrid... aunque el verano siempre llega y el maestro lo celebró, después de pasar a gran nivel por Badajoz o Aranjuez, abriendo la puerta grande de Pamplona en plena feria de San Fermín.

La cuenta de resultados arroja otros triunfos resonantes. Hay que recordar su paso por Santander, de nuevo en las barbas de Roca Rey, con el que también se enfrentaría a cara de perro en la feria de la Peregrina de Pontevedra. La foto fija de aquella tarde volvió a ser la salida a hombros del maestro y el paladín. Esa imagen se ampliaría en Dax con la presencia de López Simón al doblar agosto. La temporada empezaba a encarar su curso bajo sin que se levantara el pie del acelerador. Don Julián tenía otra cita en San Sebastián, nada menos con José Tomás, al que doblegó en una tarde de máxima expectación que devolvió –no sabemos si efímeramente– los esplendores taurinos de la capital de Guipúzcoa. Pero había que continuar: El Juli redondeó una de sus mejores obras en la feria de la Virgen del Mar de Almería; brilló en el homenaje coral organizado para honrar la memoria de Víctor Barrio en Valladolid; no falló en Albacete y celebró su 18 aniversario de alternativa con un nuevo faenón en Logroño. El joven maestro sigue siendo un referente. Será complicado arrebatarle el cetro.


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