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Ateneo de Sevilla: 90 años después

Miguel Ángel Perera ejerció de catalizador del encuentro de un grupo de intelectuales en la Docta Casa. El diestro emuló a Ignacio Sánchez Mejías, que ejerció de mecenas de la generación del 27

14 dic 2017 / 06:12 h - Actualizado: 14 dic 2017 / 08:39 h.
  • La fotografía, de alguna manera, justificaba el encuentro. Los poetas del ayer dieron paso a los intelectuales de hoy, reunidos bajo los oficios de un torero –Perera– que emuló el papel de Ignacio Sánchez Mejías. / Manuel Gómez
    La fotografía, de alguna manera, justificaba el encuentro. Los poetas del ayer dieron paso a los intelectuales de hoy, reunidos bajo los oficios de un torero –Perera– que emuló el papel de Ignacio Sánchez Mejías. / Manuel Gómez
  • Histórica imagen del grupo literario atribuida a Pepín Bello. / Archivo A.R.M.
    Histórica imagen del grupo literario atribuida a Pepín Bello. / Archivo A.R.M.

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En la histórica imagen tomada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País –el sábado hará justo 90 años– posaban Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Junto a ellos quedaron inmortalizados los ateneístas Manuel Blasco Garzón y José María Romero Martínez, que jugó un papel fundamental en la convocatoria de aquel grupo literario.

De alguna manera, se trataba de reeditar esa imagen atribuida a Pepín Bello. Los poetas del ayer son los intelectuales y representantes de la sociedad de hoy, retratados por la cámara de Manuel Gómez. En la imagen tomada en el patio del Ateneo figuran el tenor Plácido Domingo; el filósofo Fernando Savater; el actor Juan Echanove; el poeta Carlos Marzal o el músico Javier Perianes. Completaban el elenco de personalidades invitadas, a riesgo de olvidar alguna, la exministra y profesora de Derecho Constitucional Carmen Calvo, la tenista Conchita Martínez, la piragüista Beatriz Manchón, el cantante Manuel Lombo y el periodista Rubén Amón, además de Elisio Summavielle, director de la Fundación Cultural de Belén, en Lisboa.

Juntos y bajo el amparo del Ateneo, el diestro Miguel Ángel Perera, la cátedra Sánchez Mejías de la Hispalense y la ayudita –todo hay que decirlo– de la Fundación Caja Rural tenían la misión de evocar, homenajear y poner al día aquel acto iniciático que sirvió al grupo literario para tomar espíritu de generación con la excusa de rendir homenaje a la figura del poeta Luis de Góngora. Sobre el evento, de alguna manera, planeaba el espíritu de aquella Edad de Plata en la que nació y se movió la generación del 27. La elección del lorquino Romance de la Luna –La luna vino a la fragua con su polisón de nardos– ayudó a recrear esa atmósfera. La interpretó al piano Francisco Soriano y la cantó con exquisita sensibilidad la soprano Berna Perles. La sorpresa llegó en la voz de Juan Echanove, que puso toda su fuerza interpretativa en la declamación del imprescindible Llanto, la inmortal elegía que Federico García Lorca cinceló a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, el torero que agasajó y anudó los lazos de amistad que unieron a aquellos poetas en los días inolvidables del último otoño de 1927.

Ese papel catalizador ha sido retomado por Miguel Ángel Perera, anfitrión del acto celebrado en el Ateneo de hoy junto a la cátedra Sánchez Mejías que dirige Juan Carlos Gil. Perera, que intervino después de Alberto Máximo Pérez Calero, presidente de la Docta Casa, propuso una mirada al pasado para «darnos cuenta de lo que somos y de quienes somos, de lo que hemos crecido como sociedad y lo que han cambiado nuestras posibilidades». El diestro extremeño recalcó esa idea señalando que «no hay nada mejor que mirar hacia atrás para saber lo que tenemos por delante». Perera desveló además que destinará los honorarios de una corrida de la próxima temporada a financiar de un proyecto de investigación de la Universidad de Sevilla.

Plácido Domingo tomó la palabra en nombre del grupo de personalidades invitadas y habló de aquella generación de literatos «que se mostró al mundo como un grupo de artistas revolucionarios en busca de su propio destino, innovando una nueva forma de decir conjugándola con la más profunda raigambre del sentir y la tradición de España». «Sevilla fue la cuna que los vio nacer como generación poética pero también la musa que les hizo poner de nuevo en valor la importancia de la Tauromaquia en nuestra cultura y sensibilidad», remachó el prestigioso tenor.

La última intervención correspondió a la exministra de Cultura Carmen Calvo, que evocó la Edad de Plata de la cultura española como un periodo en el que «Ignacio Sánchez Mejías se vestía de oro». Calvo habló de «libertad» y calificó a los toreros de «poetas que tienen que explicar y contar mejor» una profesión, que definió como «palabras mayores».


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