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Especial matadores VIII: los tapados

Las distintas posiciones del escalafón no revelan la auténtica proyección de un grupo de toreros que pueden y deben contar más en las ferias

30 dic 2018 / 12:47 h - Actualizado: 30 dic 2018 / 12:52 h.
  • Pablo Aguado volvió a dar un golpe en la mesa a las puertas de Sevilla. Su actuación con los toros de Algarra marcó la diferencia. / Álvaro Pastor Torres
    Pablo Aguado volvió a dar un golpe en la mesa a las puertas de Sevilla. Su actuación con los toros de Algarra marcó la diferencia. / Álvaro Pastor Torres

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No ocupan los primeros puestos del escalafón. En la mayor parte de los casos ni siquiera se han asomado al circuito de las ferias pero sus nombres destellean en medio de un escalafón amortizado y necesitado de aire fresco. Las velocidades y las situaciones difieren pero gozan de un denominador común: las ganas de volver a ver a estos toreros con mejor prensa que agenda. En este apartado también podríamos incluir la situación de Paco Ureña, que ya había logrado romper el cerco. Su nombre se ha vuelto a poner de actualidad después de anunciar su reaparición en la feria de Fallas. Perdió la visión de un ojo en el desgraciado percance de Albacete cuando se encontraba, posiblemente, en el mejor momento de su vida profesional. Dueño de un concepto muy puro y, a veces, un punto sobreactuado, Ureña tiene ante sí el reto de tomar el camino en el mismo punto que lo dejó. Se le espera y merece mejor suerte.

Otro de los casos más representativos en este apartado lo encarna el veterano diestro riojano Diego Urdiales, cuyo culto -paradójicamente- crece a la vez que se espacian sus actuaciones. Había quedado fuera de San Isidro por propia voluntad pero volvió a Madrid, metido en el famoso bombo de Simón Casas, en la otoñada. Apenas había toreado. Al final sorteó la bomba premiada, un gran ejemplar de Fuente Ymbro que le permitió cuajar una de las faenas de su vida que logró la unanimidad de la crítica y los aficionados. ¿Le servirá para animar su agenda en 2019? ¿Se convertirá en cabeza de los carteles de lujo? Todo está por ver... Y hablando del otoño madrileño hay que recordar que Pablo Aguado logró entrar en la cartelería por la vía de la sustitución confirmando el crédito que se había ganado en la Feria de Abril. El joven matador sevillano apenas se ha prodigado en las plazas pero ha conseguido envolverse en una vitola de torero clásico y caro que será su mayor exigencia de cara al año que ya está a las puertas. Aguado estará puesto en Valencia, Sevilla y Madrid. Hay que conservar las posiciones y ganar otras nuevas. Y seguimos en Madrid, pero sin abandonar el acento sevillano, para resaltar el papel de Juan Ortega, un matador prácticamente inédito que se destapó el día de La Paloma en Las Ventas con un toreo intemporal que puso en alerta a profesionales y aficionados. Le deben oportunidades; y él debe corresponder aprovechándolas.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más: la temporada 2018 también ha revelado las auténticas posibilidades como Octavio Chacón o Emilio de Justo. El primero venía de trotar por el duro circuito de los pueblos más recónditos de la América taurina. La clave fue aprovechar la oportunidad cuando se presentó sin temor a quedar encasillado. Chacón se ha convertido en un consumado especialista de los llamados hierros duros. El matador gaditano sabe que esa es su guerra y no está dispuesto a perderla. Hemos mencionado a Emilio de Justo, un torero de constrastada calidad,capacidad y valor que ha sabido convencer tarde a tarde para convertirse en una de las auténticas revelaciones del año. Confinado en un principio al circuito francés, de Justo ha concluido el año con su papel cotizando al alza. Su nombre debe contar para las ferias.

La lista de coletudos, sujeta a gustos personales, podría seguir ensanchándose. Ahí está el malagueño Fortes, que ha evolucionado desde aquella entrega suicida que le costó no pocos percances hasta un concepto personal, empacado y de bella hondura que también merece ser prodigado. Hay que salvar también el papel de Ginés Marín, que parecía haber perdido el hilo. Cuando arreciaban los comentarios sobre su verdadero estado de sitio logró espabilar. En Almería, por la Feria de la Virgen del Mar, se pudo ver de un toro a otro. Puede y debe dar más para volver a ilusionar cómo lo hizo después de la puerta grande de Madrid de 2017. Y no, no nos olvidamos de Pepe Moral, dueño de una de las más valiosas mano izquierda del toreo y reconvertido en especialista de las corridas duras a lomos de sus reiterados triunfos en la miurada abrileña. Añadan más nombres. En estas líneas apuntamos al madrileño Javier Cortés, el toledano Álvaro Lorenzo o el valenciano Román, muy castigado por los toros. La semana que viene, más.


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