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Hasta el rabo todo es toro

El futbolista lebrijano Juan Cala es un firme defensor de la Fiesta Nacional, y ahora que vive en Madrid es abonado de Las Ventas

31 ene 2018 / 21:20 h - Actualizado: 01 feb 2018 / 08:29 h.
  • El futbolista Juan Cala, en el callejón de las Monjas de Lebrija, su pueblo natal. / Antonio Delgado-Roig
    El futbolista Juan Cala, en el callejón de las Monjas de Lebrija, su pueblo natal. / Antonio Delgado-Roig

En un terreno de juego también se puede ser torero, aunque se esté jugando un partido de fútbol, al poner en valor una larga lista de valores como la gallardía, la afición, el compromiso, el respeto o la superación. Las casualidades de la vida han hecho que el futbolista criado en la cantera del Sevilla Fútbol Club y ahora en las filas del Getafe, protagonice hoy esta página sólo unos días después de que su tesón y constancia hasta el último suspiro del partido resultaran decisivos para que su equipo arañara un punto el pasado domingo en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. Y es que, como dice el dicho popular, hasta el rabo todo es toro.

El jugador nacido en Lebrija se declara abiertamente taurino para decir también, también hay que ser torero para reconocerlo, que no es un entendido en la materia. No todo el mundo que va a la plaza de los toros reconoce que conoce la materia muy por encima y que no se sabe bien cómo debe ser la técnica idónea para torear, cuál es la variada y compleja nomenclatura taurina o cuál es la función de cada uno de los tercios de la lidia del toro bravo. Juan sí lo dice, pero eso no quita que la atracción que siente por la fiesta nacional le haya hecho ser, ahora que vive en Madrid, abonado de la plaza de toros de Las Ventas.

Al bravo defensa sevillano siempre le ha llamado la atención todo lo que rodea a la fiesta de los toros, e intenta meterse en la mente de cualquiera de los bravos hombres que se ponen el traje de luces delante del animal. La primera vez que estuvo en el coso venteño vio aquello como un coliseo de la vieja Roma en el que, y es prácticamente igual, uno de los dos tiene que morir. Gladiador o fiera, torero o toro. Es así de sencillo. Es así de duro. Juan, que por su profesión de futbolista ha jugado en estadios ante miles de personas y lleva muchos años en la élite del fútbol español, sabe que muchas ocasiones al futbolista le tiemblan las piernas cuando están ante miles de personas, ya sea con el público o favor el contra, cuando realmente van a jugar un partido de fútbol. No quiere ni pensar cómo tiene que ser aquello de ponerse ahí abajo delante de una plaza abarrotada y delante de un animal bravo que te puede quitar la vida en un suspiro sin que te des cuenta y con el público muy pendiente y pegándote la bronca si considera que no lo estás haciendo bien y no estás poniendo todo lo que habría que poner.

Salvando las distancias, en su experiencia como abonado en la Ventas durante una Feria de Otoño y un San Isidro –no todas las corridas, por razones de disponibilidad– también ha podido comprobar como el público se ceba a veces, y de forma injusta, contra los matadores. Al menos así lo entiende Juan, que aunque no sea experto en el arte de Cúchares sí es capaz de discernir entre lo que le emociona y lo que no, entre lo que es bello y vulgar y entre quien de verdad está arriesgando por el triunfo y entre quien no está poniendo toda la carne en el asador y está haciendo la denominada faena de aliño.

Ahora que algunas corrientes quieren erradicar esta fiesta de siglos, Juan lo tiene claro. El toro es cultura española y debe seguir tal cual. El bello animal que va a morir en la plaza y que ha recibido durante años los mejores cuidados y las mayores de las atenciones en la dehesa no hubiera nacido jamás, y la especie estaría extinguida hace muchos años si las corrientes que quieren terminar con la fiesta hubieran logrado salirse con la suya. También es un firme defensor de toda la industria que de forma directa o indirecta crea riqueza y genera empleo alrededor de los toros. Y así, se pregunta de forma retórica qué pasaría con el trabajo que tienen actualmente los empleados de las plazas, los artesanos que hacen los trajes, sus costureras, los talabarteros, los veterinarios, los areneros, los agricultores, los transportistas de animales o aquel que tiene un puesto en la plaza de agua y pipas. Y su respuesta es muy clara: que siga la Fiesta.


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