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Observatorio taurino

Historias para entretener el otoño

La modificación del equilibrio accionarial de la empresa de Las Ventas, las olas que llegan a la puerta de la plaza de Málaga o el complejo maridaje de la cosa política y el mundillo taurino nos sirven para trazar la parafernalia taurómaca de la última semana

14 nov 2017 / 09:40 h - Actualizado: 14 nov 2017 / 09:43 h.
  • Churchill hace el inconfundible signo de la victoria. / El Correo
    Churchill hace el inconfundible signo de la victoria. / El Correo

Obras, acciones y algún rumor en el Foro

La noticia ha sorprendido al planeta de los toros. Dicen que la unión de empresas que gestiona la plaza de toros de Las Ventas ha modificado el equilibrio accionarial. Simón Casas se habría quedado con un 49% por ciento de las acciones y la agencia Nautalia, su socio capitalista en la aventura madrileña, habría pasado a detentar el 51%. No sabemos qué consecuencias puede tener para el futuro inmediato de una plaza que tiene que afrontar un complejo programa de reformas para adaptarse a los tiempos y los actuales parámetros de comodidad y seguridad. Esas taras, y las obras que deben resolverlas, han impedido desarrollar la programación extrataurina que -precisamente- había hecho entrar a Nautalia, con Rafael García Garrido al frente, en el azaroso negocio taurino. Rumores hay de todos los colores y alguno apunta al perejil que aliña todas las salsas...

Las cosas se complican en el Mediterráneo

Ya veremos en qué queda el asunto de Madrid. Nos marchamos a Málaga sin dejar de invocar al ínclito Casas. Hay que recordar que los más encopetados empresarios -Martínez Erice, Ramón Valencia, Matilla, Martín Lorca, José Carlos Escribano y el propio Simón- se habían hecho con la gestión del coso de La Malagueta en un pulso con Bailleres y Cutiño del que resultó ganador moral la tercera oferta en liza: la del sevillano José María Garzón. La decisión de no repercutir la rebaja del IVA en el precio de las localidades cayó como una bomba entre los aficionados y la propia diputación malagueña -propietaria de la plaza- que después de apercibir a sus inquilinos ha puesto el asunto en manos de sus servicios jurídicos para resolver si ha habido incumplimiento de contrato. Mal asunto.

La complicada ecuación de política y toros

Y hablando de política y políticos, los taurinos pudimos desayunarnos al fin con una buena noticia: el consejo de ministros ha dado luz verde al recurso para revocar los ‘toros a la balear’, ese aberrante texto normativo que pretende, de facto, acabar con la fiesta en las islas. La tentativa abolicionista en las Baleares hace mirar, inevitablemente, a sus vecinos catalanes. La prohibición de las corridas de toros constituyó, de alguna manera, el primer capítulo de esa fallida desconexión de lo español que ha concluido con más de medio gobierno en la trena. Aún quedan algunos por enchiquerar aunque hay uno, Santi Vila, que se ha librado del traje de rayas por echar el freno a tiempo. Es curioso, fue de los pocos que votaron en su día -ya va para siete años- en contra de la vergonzante prohibición catalana. Los analistas le han calificado de verso suelto, un apelativo que también viene a medida del ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, que ha dejado a un lado la estúpida corrección política -sólo es el trampantojo de la falta de libertad de expresión- para afirmar que “prohibir las corridas de toros es llevar a la locura lo políticamente correcto”. Pues con un par... el mismo que le falta a ciertos maricomplejines río arriba. El nombramiento de hijo predilecto de un cordobés universal se quedará sin la unanimidad de su pleno municipal por mera mezquindad política. Hablamos de Manolete, una figura histórica que trasciende de lo taurino, en el año de su centenario. A Winston Churchill, el histórico premier británico, no le dolieron prendas cuando escribió una emotiva carta de pésame a doña Angustias Sánchez, la madre del torero. Manolete le había regalado tres años antes de su muerte la cabeza de un toro con un lucero en forma de V -el símbolo de la victoria popularizado por Churchill- en la testuz. El toro se llamaba Perdigón y había pastado en la Isla Mínima. Lo mandó disecar José María Escobar, su criador, después de que el monstruo cordobés lo lidiara en la feria de julio de Valencia de 1944. Quedaban poco más de nueve meses para la victoria aliada en Europa.


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