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La temporada comienza a andar

La resaca de las larguísimas fiestas navideñas ya ha dado paso al primer engranaje de la Feria de Abril. Pero estos días también se ha hablado de la difícil situación que atraviesa la plaza de Vitoria o de los asombrosos comentarios que se leen en las redes sociales

09 ene 2018 / 12:04 h - Actualizado: 09 ene 2018 / 12:24 h.
  • Alguacilillos de la plaza de toros de Sevilla. / Rafael Avilés
    Alguacilillos de la plaza de toros de Sevilla. / Rafael Avilés

{La trasera de la carroza del rey Baltasar es la trampilla de muchas cosas y el arranque de un tiempo nuevo. Uno de esos ritos cíclicos se verifica en los despachos de la calle Adriano. Con la despedida de los magos, la gestación de los carteles abrileños entra en definitiva velocidad de crucero. El calendario litúrgico y lunar manda: sólo quedan doce semanas para el Domingo de Resurrección y la maquinaria de la empresa Pagés tiene que ponerse a todo trapo para poner a punto unas combinaciones de las que, más pronto que tarde, iremos conociendo sus líneas maestras. Ya conocemos la lista de ganaderías. También al primer y más sentido ausente. Comienza el año taurino.

{La noticia, dicha con prisas, pondría en un aprieto a las gentes del toro: la plaza de Vitoria volverá a quedarse sin toros en 2018 por incomparecencia de empresas dispuestas a gestionarla en el concurso convocado al efecto por el ayuntamiento de la capital vasca. Dicho así, parece que este mundillo cainita tiene tendencias suicidas pero conviene profundizar en el pliego de condiciones redactado por el ayuntamiento vitoriano -del PNV, apoyado por lo mejor de cada casa- para comprobar que el asunto es inasumible. En ese documento llama poderosamente la atención la obligatoriedad que contraería la empresa adjudicataria de instalar y retirar a sus expensas la arena del recinto, una operación que -dicen- supera los 30.000 euros. La vocación anti del consistorio vasco no es un secreto. Pero hay que seguir profundizando para recordar que esos condicionantes se han unido a la irrefrenable decadencia taurina del llamado Iradier Arena. El edificio, un moderno recinto con vocación multiusos inaugurado hace poco más de una década, no logró reverdecer la rica tradición taurina de la capital vasca, enterrada con los escombros de la antigua plaza. El pulso de la afición languideció a la vez que los célebres blusas se retiraban de los modernos tendidos del Iradier, envenenados por el nuevo panorama sociopolítico. ¿Es la puntilla definitiva?

{La reflexión surgió, con cierto estupor, al contemplar ciertos comentarios vertidos en las redes en torno al elenco ganadero presentado por los Pagés para la temporada 2018. La opinión y el gusto es libre y la lista, a buen seguro, también es mejorable. Los tiros van por otro lado: leyendo a algunos opinadores, un neófito que pretendiera conocer los entresijos del toreo a través de la ventana de Twitter podría pensar que los Domecq en pleno son una pandilla de malhechores; que El Juli es un estafador; Ponce un trilero... En el lado contrario se elevan a los altares algunas ganaderías que no embisten ni en fotografías y se cubren de laureles a toreros flojitos que siempre han alegrado las pajarillas de cierta prensa y determinado sector de la afición. No daremos nombres para no liarla. El fenómeno no es nuevo. No deja de ser la moderna versión de esa historia del toreo tergiversada que ha consagrado tantos y tantos segundones en detrimento de los primeros actores que se batieron el cobre en su momento. El caso de los grandes Puerta, Camino o El Viti podría ser el más flagrante pero si nos vamos al flanco ganadero convendría recordar a los nuevos aficionados que la misma prensa que hoy llora por según qué encastes fue la responsable de su desaparición y, de paso, de la consagración de la denostada sangre Domecq, casi la única que ha sumado volumen, toreabilidad y adaptación al rigor de la lidia de hoy. Y nos vamos, acusando recibo de la carta enviada por Victorino Martín a Canal Sur. Le agradece que no cediera a las presiones de Equo para sacar a Manuel Díaz El Cordobés de la retransmisión de las campanadas de fin de año. Bien. ~

Los carteles entran en fase de gestación

La trasera de la carroza del rey Baltasar es la trampilla de muchas cosas y el arranque de un tiempo nuevo. Uno de esos ritos cíclicos se verifica en los despachos de la calle Adriano. Con la despedida de los magos, la gestación de los carteles abrileños entra en definitiva velocidad de crucero. El calendario litúrgico y lunar manda: sólo quedan doce semanas para el Domingo de Resurrección y la maquinaria de la empresa Pagés tiene que ponerse a todo trapo para poner a punto unas combinaciones de las que, más pronto que tarde, iremos conociendo sus líneas maestras. Ya conocemos la lista de ganaderías. También al primer y más sentido ausente. Comienza el año taurino.

Formas sutiles de acabar con la Fiesta...

La noticia, dicha con prisas, pondría en un aprieto a las gentes del toro: la plaza de Vitoria volverá a quedarse sin toros en 2018 por incomparecencia de empresas dispuestas a gestionarla en el concurso convocado al efecto por el ayuntamiento de la capital vasca. Dicho así, parece que este mundillo cainita tiene tendencias suicidas pero conviene profundizar en el pliego de condiciones redactado por el ayuntamiento vitoriano -del PNV, apoyado por lo mejor de cada casa- para comprobar que el asunto es inasumible. En ese documento llama poderosamente la atención la obligatoriedad que contraería la empresa adjudicataria de instalar y retirar a sus expensas la arena del recinto, una operación que -dicen- supera los 30.000 euros. La vocación anti del consistorio vasco no es un secreto. Pero hay que seguir profundizando para recordar que esos condicionantes se han unido a la irrefrenable decadencia taurina del llamado Iradier Arena. El edificio, un moderno recinto con vocación multiusos inaugurado hace poco más de una década, no logró reverdecer la rica tradición taurina de la capital vasca, enterrada con los escombros de la antigua plaza. El pulso de la afición languideció a la vez que los célebres blusas se retiraban de los modernos tendidos del Iradier, envenenados por el nuevo panorama sociopolítico. ¿Es la puntilla definitiva?

Reflexiones taurinas en torno a Twitter

La reflexión surgió, con cierto estupor, al contemplar ciertos comentarios vertidos en las redes en torno al elenco ganadero presentado por los Pagés para la temporada 2018. La opinión y el gusto es libre y la lista, a buen seguro, también es mejorable. Los tiros van por otro lado: leyendo a algunos opinadores, un neófito que pretendiera conocer los entresijos del toreo a través de la ventana de Twitter podría pensar que los Domecq en pleno son una pandilla de malhechores; que El Juli es un estafador; Ponce un trilero... En el lado contrario se elevan a los altares algunas ganaderías que no embisten ni en fotografías y se cubren de laureles a toreros flojitos que siempre han alegrado las pajarillas de cierta prensa y determinado sector de la afición. No daremos nombres para no liarla. El fenómeno no es nuevo. No deja de ser la moderna versión de esa historia del toreo tergiversada que ha consagrado tantos y tantos segundones en detrimento de los primeros actores que se batieron el cobre en su momento. El caso de los grandes Puerta, Camino o El Viti podría ser el más flagrante pero si nos vamos al flanco ganadero convendría recordar a los nuevos aficionados que la misma prensa que hoy llora por según qué encastes fue la responsable de su desaparición y, de paso, de la consagración de la denostada sangre Domecq, casi la única que ha sumado volumen, toreabilidad y adaptación al rigor de la lidia de hoy. Y nos vamos, acusando recibo de la carta enviada por Victorino Martín a Canal Sur. Le agradece que no cediera a las presiones de Equo para sacar a Manuel Díaz El Cordobés de la retransmisión de las campanadas de fin de año. Bien


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