lunes, 20 noviembre 2017
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Las leyendas no suelen embestir

La última novillada del abono sevillano no se escapó del decepcionante tono que ha presidido todo el ciclo. Hubo un único ejemplar de Partido de Resina que se acordó de sus ancestros

01 jul 2017 / 09:19 h - Actualizado: 01 jul 2017 / 09:19 h.
  • Ángel Jiménez sorteó el único ejemplar con auténticas posibilidades de triunfo y estuvo muy cerca de cortarle una oreja. / Reportaje gráfico: Toromedia
    Ángel Jiménez sorteó el único ejemplar con auténticas posibilidades de triunfo y estuvo muy cerca de cortarle una oreja. / Reportaje gráfico: Toromedia
  • El novillero ecijano dio la única vuelta al ruedo de toda la noche.
    El novillero ecijano dio la única vuelta al ruedo de toda la noche.

La tragedia de los antiguos pablorromeros viene de largo. Comenzó cuando los toros guapos de la marisma comenzaron a sacarse de tipo pero se hizo especialmente virulenta cuando los sacaron de quicio. Hablamos de la sumisión a ese torismo malentendido que convirtió a una ganadería señera en una reliquia zoológica casi incompatible para el toreo.

El asunto merecería una página aparte pero el caso es que en la fresca –fresquísima– noche del jueves saltó un ejemplar que realizó un viaje inverso. Fue el único que sacó las hechuras de antaño y además de bonito brindó un puñado de embestidas que también evocaron a la ganadería de otro tiempo más lejano. Ese toro, que fue el primero, cayó en las manos del novillero ecijano Ángel Jiménez, resucitado para la profesión gracias a la fe de Enrique Peña y José Luis Moreno. El chaval, que se había marchado a portagayola a recibir a su enemigo, fue fiel a su artístico concepto del toreo componiendo una faena dicha a izquierdas y resuelta con un peculiar codilleo que caló con algunas intermitencias en el público.

Jiménez sólo tomó la derecha para interpretar una serie espatarrada, plena de expresión, que supo rematar con inspiración. ¿Pudo apretarse algo más en el corazón de la faena? Puede ser. La espada enredó el asunto pero la larga agonía del animal no desesperó al público que se mostró más entregado en la petición del trofeo que en el transcurso del propio trasteo. El palco, una vez más, se enrocó a pesar de la petición mayoritaria. Al novillero de Écija, que abrió temporada cortando una oreja en Madrid, le habría venido de perlas. Pero el chico, esa es la verdad, no se arredró y supo dar la barba con el serísimo cuarto, un auténtico toro con dos puntas de vértigo que engañó en los caballos y quiso cazar moscas en el tercio de banderillas. Fue un animal duro de patas y corto de viajes; un toro a la antigua usanza al que supo apretar hasta ganarle la partida. Eso sí, la calamidad de su acero dejó el asunto en agua de borrajas. Llegados a este punto cabe decir que habría merecido la pena verle, también a sus compañeros, con alguno de los buenos encierros que han salido este año en Sevilla. Pero la suerte, dicen, va por barrios. O por pueblos.

También hay que comentar especialmente la presencia de un público juvenil que colmó las localidades de Sol. Anticiparon el ambiente que se vivirá a partir del próximo jueves y evidenciaron que la empresa tiene ahí una buena cartera de clientes. Sólo hacía falta que llegaran las vaciones... Otra cosa es que les queden ganas de volver a tenor del comportamiento del resto de los novillos. Los dos peores –segundo y quinto– formaron bolita en el mismo lote y fueron a caer en manos de David Martín, que bastante hizo con matarlos sin volver la cara.

Antonio Medina, ganador del ciclo de promoción del pasado año tuvo cara y cruz. La cara fue un tercero manejable con que se mostró puesto, resuelto y lleno de recursos. La cruz, un mal sexto que no tenía un pase.

Plaza de la Real Maestranza

Ganado: Se lidiaron seis novillos de Partido de Resina, desigualmente presentados. Se dejó, y mucho, el rajadito primero por ambos pitones y fue también el de mejor fachada y hechuras. El manso segundo resultó intoreable y peligroso. Sirvió a medias el tercero. Áspero y duro el cuarto; bronco y deslucido el quinto; sin recorrido, brusco y peligroso el que cerró la noche.

Novilleros: Ángel Jiménez, de caldera y oro, vuelta tras petición y aviso y silencio tras dos avisos.

David Martín, de blanco y oro, silencio y silencio tras dos avisos.

Antonio Medina, de coral y oro, palmas y palmas de despedida.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en noche inusualmente fresca. Saludó David Sevilla tras parear al quinto.


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