viernes, 28 abril 2017
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Los cachorros calientan motores

Rafa Serna enseñó su madurez como novillero en el mismo festejo –organizado a beneficio de la fundación Alalá– que debutaron Rodrigo Molina y Fernando Navarro

28 feb 2017 / 23:24 h - Actualizado: 01 mar 2017 / 00:17 h.
  • Los cachorros calientan motores
    El festejo celebrado ayer en el Coso de Tablantes se saldó con la salida a hombros de Rafa Serna y Rodrigo Molina. / Reportaje gráfico: Eventos Taurinos Multimedia
  • Los cachorros calientan motores
    Rafa Serna mostró ayer su madurez en el ruedo de Espartinas.
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La fundación Alalá, sus patronos y animadores además de los deudos y amistades de los propios novilleros habían dotado de un ambiente peculiar al evento. El hormigueo taurino se notaba desde horas muy tempranas en los fogones más apreciados de la zona, desde Umbrete a Villanueva del Ariscal. Pero luego tenía que salir el toro para calibrar los talentos, las aptitudes y hasta la proyección de cada uno de los chavales que ayer se encontraron en el ruedo de Espartinas en distintos puntos kilométricos de su trayectoria vital.

Es obligado comenzar por Rafa Serna, el más cuajado de los tres y en trance de tomar una lujosa alternativa sevillana que aún se demorará hasta septiembre. Serna sufrió un durísimo percance al finalizar la primavera de 2016 que puso a prueba su futuro como torero. El amor propio del joven novillero le sirvió para reaparecer antes de sanar. En esa tesitura, el festejo de ayer también era un calibre para saber qué quedaba de aquella sangre derramada en Madrid: la respuesta es nada.

Lo mostró con el cuarto novillo de la tarde, un ejemplar grandullón y con algunas teclitas que tocar que acabó sirviendo en la muleta del novillero de la Costanilla. Serna sacó su mejor ser y estar con este animal cuajando una faena asentada, bien hecha y dicha en la que el toreo fluyó con trazo rotundo y firmeza de planteamiento. La espada funcionó como un cañón y Rafa cortó dos orejas que marcaron la diferencia con sus bisoños compañeros. Serna ya se había llevado una del bonito e inválido remendado que había roto plaza gracias a la contundencia de su acero. La verdad es que, a pesar de sus ganas, no encontró enemigo. El prometedor novillero tiene el camino despejado. Se le desea suerte en el empeño.

Y si Rafa Serna se encuentra en el colofón de una fase fundamental de su vida taurina, Rodrigo Molina y Fernando Navarro no han hecho nada más que empezarla. Ambos evidenciaron cierto verdor aunque las ganas y la compostura suplieron la falta de recursos. Molina, que se llevó a Espartinas a un buen puñado de familiares y amigos, cayó en gracia desde el primer lance. Se encontró con un novillo, el segundo, con cierto fondo de fuerza y bravura que no le perdonó las dudas propias de su bisoñez. Después del susto mostró su mejor versión toreando al natural más reunido y enfibradito. La espada, ay, se atascó pero la oreja cayó a favor de ambiente. Pareció otro con el noble y manso quinto, que le permitió andar agusto, especialmente en los muletazos a pies juntos con los que finiquitó su labor. La espada, ojo, hay que machacarla.

Tampoco tuvo demasiado motor el bruto tercero. Navarro logró componer un trasteo firme y de buenas formas que apuró las embestidas del animal hasta que se rajó. La espada no es lo suyo pero le quedaba el sexto para desquitarse. Las ganas le acabaron jugando una mala pasada aunque volvió a mostrar cosas buenas que superaron a su inexperiencia. Eso sí: el acero le privó salir a hombros con sus compañeros.


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