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Toros

Morante: 20 años como matador

El diestro de La Puebla tomó la alternativa el 29 de junio de 1997 en la plaza de Burgos

28 jun 2017 / 21:28 h - Actualizado: 29 jun 2017 / 11:14 h.
  • Morante posa para la ambiciosa campaña publicitaria de la feria zaragozana de El Pilar de 2016. / Joserra Lozano
    Morante posa para la ambiciosa campaña publicitaria de la feria zaragozana de El Pilar de 2016. / Joserra Lozano

Veinte años han dado para mucho. Ni siquiera sabemos qué queda de aquel chico cetrino y bien peinado que tomó espada y muleta de manos de César Rincón en presencia de Cepeda el 29 de junio de 1996 en el coso del Plantío. En estas dos décadas estuvo a punto de desaparecer la propia plaza y la actual nada tiene que ver con el recinto desarrollista en el que se convirtió en matador. ¿Por qué tomó la alternativa en Burgos? Las aguas no bajaban mansas a orillas del Guadalquivir y tuvieron que ser las del río Arlanzón las que refrescaron las ganas de ser de ese novillero prometedor que ya estaba pidiendo medirse con el toro. No se había arreglado con los Pagés para tomar la alternativa en Sevilla aunque Morante sí llegó a torear dos novilladas –con el corte de otra oreja– antes de cambiar de escalafón en la capital castellana.

Su debut como matador en la plaza de la Maestranza se retrasó hasta la Feria de Abril de 1998 y la cosa no pudo darse mejor. Llegó a cortar cuatro orejas, incluyendo dos de un sexto de Gavira en la tarde de su presentación como diestro de alternativa. Un año después, vestido de grana y oro, abría su primera y única Puerta del Príncipe. Fue el colofón a una pletórica actuación con un encierro de Guadalest. Con esos mimbres volvió a la plaza de la Maestranza convertido en la base indiscutible de la Feria del año 2000. Todo estaba preparado para su definitiva consagración pero un toro de Victoriano del Río –ya le había cortado dos orejas a su primero– se cruzó en su camino cuando trataba de pasarlo con un cartucho de pescao. El animal le partió por la mitad y reventó, de paso, toda la feria; era la última que había organizado en vida Diodoro Canorea aunque no llegó a verla.

Morante y y el difunto Canorea habían firmado antes una exclusiva que también se tambaleó después de aquella cornada inaugurando las tortuosas relaciones con los herederos del recordado empresario manchego –Ramón Valencia y Eduardo Canorea– que sólo se resolvieron con la reciente salida del segundo del organigrama de la empresa Pagés a raíz del famoso conflicto que separó a las primeras figuras del toreo de la plaza de la Maestranza en las temporadas de 2014 y 2015.

Pero antes hay que contar muchas cosas. Morante también faltó a su cita con el coso sevillano en 2002 y en 2004, año en el que abandonaría temporalmente la profesión por unos graves problemas psiquiátricos que le obligaron a viajar a Miami para recibir tratamiento. Pero el diestro de La Puebla volvió a vestirse de luces la temporada siguiente. Toreó poco, poquísimo, en la campaña de 2006. Pero iba a sorprender a propios y extraños estrenando la temporada 2007 de la mano de un apoderado imposible. Hablamos de Rafael de Paula. Pero el sueño –o la fantasía– duraron muy poco. Morante volvió a quemar todas las naves y se sumergió, después de una emocionante actuación en Sevilla, en un nuevo eclipse que siguió su encerrona de la Beneficencia madrileña de 2007. El alejamiento no fue demasiado duradero. El diestro de La Puebla estrenaría temporada y apoderado –el constructor y ganadero José Sánchez Benito, suegro de Antonio Barrera– al comenzar la campaña de 2008. Volvía la normalidad; el arte dosificado y comenzaba a fraguarse el personaje definitivo; también su aura.

Hubo tregua con los Pagés y fue la base las ferias de Abril de 2008 y 2009. En esta última cumplió cinco paseíllos y aún toreó a placer a un toro de Juan Pedro en el ciclo abrileño de 2010, año en el que se apuntó a la corrida de Victorino... pero el recital definitivo en la Maestranza empezaba a resistirse antes de llegar el conflicto que le alejó del coso sevillano dos largas e infructuosas temporadas. Retomadas las relaciones, cuajó la mejor faena de la Feria de 2016 en el octavo y último toro que mataba en aquella primavera.

Morante ha pasado por los últimos farolillos dejando buenas sensaciones aunque acusando cierto desgaste en la taquilla. A pesar de todo sigue siendo el torero base de una plaza en la que velará sus últimas armas. Cumple 20 años de matador convertido en referente inexcusable; en una figura indiscutible y hasta en un diestro enciclopédico que ha refrescado las últimas ramas del árbol del toreo sevillano. No sabemos cuanto tiempo seguirá vistiendo aún ese traje de luces que ha reinterpretado mirándose en el espejo de los toreros de la Edad de Plata. Sí podemos asegurar que José Antonio Morante Camacho ya está en la historia.


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