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Morante: una trastienda mutante

La nueva etapa profesional del diestro cigarrero refresca la historia de sus apoderamientos

05 nov 2017 / 21:34 h - Actualizado: 05 nov 2017 / 21:35 h.
  • Morante, en el transcurso de la presentación de un festival en La Puebla del Río. / Archivo A.R.M.
    Morante, en el transcurso de la presentación de un festival en La Puebla del Río. / Archivo A.R.M.

La noticia es archisabida: Morante de la Puebla volverá sin haberse ido del todo. Afrontará la temporada 2018 de la mano de un nuevo apoderado, Manolo Lozano, dejando tras de sí una larguísima lista de mentores y etapas profesionales. Esta vuelta que no es tal invita a recuperar esa tortuosa historia de apretones de manos y despedidas que ha marcado la historia taurina de un matador y un artista necesario, imprescindible e irrepetible.

Para ello hay que rebobinar un cuarto de siglo, recordando las primeras andanzas del futuro torero de la mano de Leonardo Muñoz, que le prepara su debut con picadores en Guillena en 1994. Miguel Flores, el recordado taurino malagueño –fallecido el pasado año– creyó en él y le llevó a su alternativa burgalesa el día de San Pedro de 1997. Las desavenencias con Diodoro Canorea habían alejado su doctorado del coso sevillano pero los resultados cosechados en las ferias de Abril de 1998 y 1999 –dos temporadas en las que navega de la mano de José Luis Marca y Álvarez Canorea– animan al viejo empresario manchego a prepararle una millonaria exclusiva que tendría corto recorrido.

La famosa exclusiva ya hacía aguas a la muerte de don Diodoro y quedó sentenciada después de la feria de 2000, preparada para la coronación de Morante que resultó gravísimamente herido. Manolo Macías, amigo del torero, se hizo cargo de sus asuntos profesionales en ese tramo de transición pero la temporada 2001 la estrenó con nuevo mentor. Manolo Camará, el prestigioso taurino cordobés –también fallecido– tomó las riendas de su carrera sucediendo a Macías, que siguió vinculado al torero. Pero al final de aquella campaña iba a llegar un nuevo acuerdo que inauguraba otra etapa profesional.

Morante otorgó los poderes esta vez a su amigo y paisano José Luis Peralta, con el que afrontó un largo lustro en el que no faltaron las dificultades. El diestro cigarrero estaría ausente de Sevilla en 2002 y 2004, año en el que tuvo que cortar por lo sano para afrontar y resolver unos graves problemas psiquiátricos. Pero el torero iba a poner a prueba la capacidad de sorpresa del toreo una vez más. Al concluir la temporada 2006, Peralta se quedaba en el camino. Ese mismo otoño convocó a lo medios en el hotel Alfonso XIII para anunciar a bombo y platillo que su nuevo mentor era Rafael de Paula. Los que conocían el paño torcieron el gesto. Aquella fábula no podía durar y Morante, fiel a su vocación de Guadiana, volvió a sumergirse en un nuevo eclipse después de mandar a Jerez al diestro gitano. Antes había quemado todas sus naves en la emocionante encerrona de la Beneficencia madrileña.

Pero –la historia se repite– el alejamiento no iba a ser demasiado duradero. Su íntima amistad con Antonio Barrera le llevaría a la órbita de su suegro, el constructor y ganadero José Sánchez Benito que le aseguró un altísimo caché difícil de materializar. El asunto saltó en la famosa espantada de Roquetas –se marchó de la plaza vestido de luces y sin hacer el paseíllo por desavenencias económicas– aunque el torero aún mantuvo a Benito –y Barrera– a su lado hasta 2009.

Lo que nadie podía suponer es que el diestro de La Puebla escogería a Curro Vázquez para que llevara sus asuntos a partir de 2010. Ambos habían chocado poco antes, a raíz de la concesión de la medalla de oro de las Bellas Artes a Francisco Rivera, sobrino de Vázquez. Pelillos a la mar: Morante y el veterano diestro de Linares afrontaron juntos las temporadas de 2010, 2011 y 2012. Ese último año reaparecería en escena su cuate Antonio Barrera, recién retirado de los ruedos.

Barrera quedaba con las manos libres para retomar la carrera de su íntimo amigo bajo la cobertura empresarial del multimillonario mexicano Alberto Bailleres, mascarón de proa de la empresa Espectáculos Taurinos de México. Algunas formas y decisiones de Barrera, investido de embajador de los asuntos taurinos del magnate azteca, también acabarían por dejarle en el camino sin abandonar la poderosa casa empresarial, reconvertida en Fusión Internacional por la Tauromaquia (FIT) a raíz de las sucesivas alianzas con José Cutiño y los hermanos Chopera. Morante escogió entonces a un hombre de trastienda, José Miguel Carvajal, para hacerse cargo del trabajo de despacho. El pasado 13 de agosto, ya es sabido, llegaba el último eclipse que implicaba un nuevo cierre de etapa. Manolo Lozano reaparecerá para bordarle una nueva temporada a Morante. Estaremos para contarla.


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