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Yo soy taurino

Orgullo de ser español

30 may 2018 / 11:24 h - Actualizado: 30 may 2018 / 23:50 h.
  • El cantante José Manuel Soto simulando la suerte de banderillas en su barrio de Heliópolis. / Antonio Delgado-Roig
    El cantante José Manuel Soto simulando la suerte de banderillas en su barrio de Heliópolis. / Antonio Delgado-Roig

A estas alturas de su vida y después de todo lo que ha trabajado –una veintena de discos en el mercado y más de dos mil conciertos– José Manuel Soto cree que ha llegado la hora de decir lo que piensa sin tener que pensar si su planteamiento es o no políticamente correcto. Por ese motivo, aunque nunca lo ha ocultado, no tiene reparo alguno en defender la fiesta las veces que haga falta y pregonar que es una de las grandes aficiones de su vida junto a su familia, la música, los caballos y la naturaleza.

Se aficionó ya mayor, rondando los veinte años, y le ocurrió como a muchos. Fue entrar por primera vez en la Real Maestranza y quedar atrapado por un ambiente que, aunque le resultaba familiar, una vez vivido en primera persona le resultó sobrecogedor. ¿Qué le fascinó? El escenario, los colores, los aromas, la música, los silencios, el respeto y un sinfín de matices que regala cada festejo que se celebra en el coso baratillero.

Nos ubicamos en los primeros años del decenio de 1980 y por aquel entonces, José Manuel comenzaba a despuntar en su carrera. Su presencia era fundamental en muchas fiestas y ahí comenzó a establecer amistad con muchos toreros. Emilio Muñoz, Espartaco, José María Manzanares, entre otros, eran entonces jóvenes figuras que potenciaron enormemente la afición del artista gracias a la amistad que fueron forjando. Esa pasión por la fiesta, con estas amistades, se potencia tremendamente y José Manuel tuvo la oportunidad de conocerla aún más por dentro gracias a los viajes que hizo muchas en los coches de cuadrillas por las carreteras de la piel de toro con Emilio Muñoz y Enrique Ponce. Ahí supo de primerísima mano como es la convivencia entre las cuadrillas, una verdadera familia que se ayuda a diario para superar el miedo. También vio con sus propios como el día antes de una corrida importante, el torero se transforma, se vuelve huraño, se le cierra el estómago y se mete dentro de un mundo propio para intentar superar sus miedos e inquietudes, algo que pocas veces se logra hasta que se está en el ruedo delante del animal.

Ese trato tan directo provoca, lógicamente, que cuando el que está anunciado en los carteles sea amigo, la vara de medir sea distinta. Ahora le ocurre lo mismo pero con los hijos de sus amigos (Pablo Aguado, Rafa Serna, Alfonso Cadaval). Esto no quiere decir que sea menos exigente, pero sí distinta porque se tienen muchos más elementos de juicio que el que pueda tener un espectador convencional. Y José Manuel lo ha pasado mal por este motivo muchas veces en alguna plaza cuando el público se pone demasiado exigente. Para él, que es hombre tranquilo y le gustan las cosas en su justa medida, le gustan las plazas coquetas. Ronda es su medida perfecta, como Jerez o Sanlúcar de Barrameda sin olvidar lógicamente Sevilla, aunque también ha visto muchos toros en Francia, Bilbao, Madrid o Nimes.

Su torero es Pepe Luis Vázquez. Ahí pierde pie. Llegó a apoderarlo con una sociedad que montó con Juan Palma –y a Martín Pareja-Obregón–, que podríamos decir que fue una sociedad de arte aunque poco rentable económicamente. En aquellos momentos, era incluso lo de menos.

Su orgullo por la fiesta y por su país le han devuelto a la primera línea de la actualidad por su nuevo tema, Soy español. Quiere dar gracias por formar parte de un país que ha dejado una gran huella en el mundo y que conforman de verdad quienes día a día levantan la persiana de sus negocios para trabajar. Por ellos, y por todos los aficionados al toro, defiende José Manuel el orgullo de ser español. Va por ellos.


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