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Toros

Pablo Aguado: paciencia y memoria...

Aguado está. Y también se le espera. La tarde de su alternativa, en la feria de San Miguel, anunció lo que después se confirmó en abril. Los vericuetos de un sistema injusto le han dejado parado cuatro meses sin que le falte el crédito del aficionado

01 ago 2018 / 09:41 h - Actualizado: 02 ago 2018 / 18:23 h.
  • El diestro sevillano posa en los aledaños de la plaza de la Maestranza en la que tomó la alternativa en septiembre de 2017. / Jesús Barrera
    El diestro sevillano posa en los aledaños de la plaza de la Maestranza en la que tomó la alternativa en septiembre de 2017. / Jesús Barrera

Han pasado cuatro meses en los que, sin vestirse de luces, Pablo Aguado ha conseguido mantener el crédito de los profesionales y los aficionados. Esa confianza conforta, pero también exige. El matador sevillano vuelve de nuevo a la cancha. Y se sabe esperado.

—¿Cómo es posible que Pablo Aguado permanezca parado después de pasar como pasó por la Feria de Abril?

—No soy de esos que se obsesionen o que me quede en casa maldiciendo a todo el mundo. Tengo paciencia. En realidad ya contaba con este parón lógico después de la alternativa. Ha llegado; posiblemente es injusto, pero estaba mentalizado para ello.

En su caso se puede decir que ha ganado con el paso del novillo al toro.

—Soy sincero conmigo mismo y de novillero me ha costado mostrar esa imagen, la que la afición le pide a un novillero. Realmente esa forma de torear ni la sentía, ni la disfrutaba y resultaba un poco artificial. No era yo, quería demostrar las ganas y la ilusión que se le piden a un novillero pero a veces me aceleraba en esa busca. Sólo encontré el relajo en las últimas novilladas. Me las tomé como preparación para la alternativa y por fin encontré el punto de calma que me hace ser yo. Es lo que pude demostrar en Sevilla en la alternativa y en abril.

—El día de su alternativa logró la unanimidad: ojo, que aquí hay torero.

—Ese día había mucha gente que me había seguido toda la vida y que me iba a exigir. Estaba con dos figuras del toreo y una ganadería buena pero también brava y exigente? Se reunía todo para que la cabeza fuera por otro lado. Pero fui capaz de mantener la calma con el toro bueno y con el complicado y pude dar la cara. Me dio algo que me cuesta mucho que es creer en mí mismo.

—Aquella fecha dejó una foto que luego se llenó de significado: el brindis a su padre.

—Después llegó un invierno marcado por su enfermedad y, después, la muerte. Es muy duro perder a tu padre y si te llega en un momento profesional tan delicado, jugándome literalmente todo al mes de fallecer en una tarde en Sevilla? Creo que eso me ha hecho madurar mucho y siendo el invierno que menos he podido seguir mi rutina de entrenamiento en Sanlúcar de Barrameda y en el que más he tenido que compatibilizar mi vida profesional y personal, me han salido las cosas. Me ha servido para darme cuenta que no hay que obsesionarse. Hay que tomarse las cosas con naturalidad.

—La naturalidad... Es una de las virtudes que más se le han cantado después del paso por Sevilla.

—Se torea como se es pero también como se está. Busqué la sencillez. Eran dos toros. Había que colocarse bien y echarle la muleta despacio, desmontando todos los pájaros que uno tiene en la cabeza para encontrar esa sencillez. Se trata de eliminar la hojarasca, separar el trigo de la paja..

—Está toreando al toro mejor que al novillo...

—De momento sí; toquemos madera. Sólo llevo dos corridas de toros y he tenido suerte. Soy cauto y no quiero echar las campanas al vuelo. Me queda por aprender todo y sé que esa ilusión que se ha creado puede pasar factura. Las cosas salieron bien, la gente se ilusionó y si estoy menos bien la gente va a salir insatisfecha.

—La entrevista coincide con la final del ciclo de promoción que ganó hace cuatro años. El tiempo vuela...

—No hace ni seis años que empecé a querer ser torero y ya me veo como matador. Bendita velocidad. Por eso me tomo a bien este tiempo. Se me ha exigido porque las cosas han ido rodadas. Tengo que dar gracias por haber llegado a donde he llegado. Esto es una carrera de fondo para muchos años..

—Han pasado cuatro meses pero el toro vuelve a salir...

—Sí aunque dejar de torear seguido crea un poco de inseguridad. Ves a las figuras toreando todos los días y ahora, cuatro meses después, te enfrentas a dos toros sin saber cómo va a responder tu cuerpo. Eso sí, cuando sale el toro y le pegas dos capotazos recuperas la confianza en ti mismo.

¿Cómo se vive esa zozobra antes de ponerse delante?

—La gente se cree que los toreros somos unos valientes pero tenemos el mismo miedo que una persona normal. Por mucho que hayas entrenado, que te hayas machacado en el campo, antes de hacer el paseíllo te crees que no sabes ni torear. Luego llega una varita mágica...


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