domingo, 28 mayo 2017
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Pepe Moral recupera su sitio

El diestro palaciego cuajó un faenón al natural al nobilísimo quinto de Miura. La presidencia se aferró a la letra del reglamento para cerrarle la Puerta del Príncipe. Esaú y Nazaré, de vacío

07 may 2017 / 22:10 h - Actualizado: 08 may 2017 / 00:12 h.
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    Moral cimentó sobre la mano izquierda la fase central de su reveladora faena al mejor toro del variado envío de los campos de Zahariche. / Arjona-Toromedia
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    El matador de Dos Hermanas sorteó en primer lugar a un animal inválido. / Efe
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    Nazaré pasa con el capote al cuarto de la tarde. / Efe
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    Fernández fue conducido a la enfermería pero salió en cuanto recobró el sentido.
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En el recuerdo planeaba otra faena fundamental que sacó a Pepe Moral del ostracismo en la tarde del Corpus de 2014. Casi tres años después la miurada de clausura de esta Feria hipertrofiada volvía a ser un clavo ardiendo al que agarrarse antes de caer al vacío. Pero Pepe Moral supo sacar lo mejor de sí mismo para volver a reivindicar su calidad como torero. Para ello contó con el mejor lote de una variada y nada aburrida corrida de Miura que, mira por donde, le ha vuelto a poner en el mapa.

El diestro palaciego se había encontrado en primer lugar con un toro, el segundo, zancudo y muy amplio que comenzó a hacer cositas buenas en los capotes después de emplearse en el caballo. Juan Sierra le arreó un gran par y Pepe Moral se apresuró a pasarlo sobre la mano derecha sin terminar de cogerle el aire. El sobo fue largo, quizá de pura aclimatación a las características intrasferibles de esta ganadería. Pero el torero acabó acoplándose en dos completas y redondas series diestras que confirmaron la calidad que había anunciado el animal. Se fue pronto a por la espada pero aún fue capaz de enjaretarle una airosa tanda al natural antes de dejar una estocada trasera y un punto tendida.

Cayó la oreja, que le supo a gloria. Pero lo mejor aún estaba por venir. Pepe Moral sabía que el triunfo estaba en la mano y no quería dejar pasar otro tren. El quinto era un auténtico trolebús de más de seiscientos kilos. Le zampó dos largas cambiadas en el tercio, le cuajó un ramillete de verónicas y aún tuvo fuelle para dibujar dos medias garbosas. El toro anunciaba cositas buenas y el diestro palaciego, sin dar tregua a los tiempos muertos, se lo llevó al caballo galleando por rogerinas. Romero le soltó un gran puyazo y Pepe, muy centrado en los medios, comenzó la faena acertando a cogerle el pulso, la distancia y hasta la presentación retrasada por el derecho en medios viajes que, ¡atención! se convirtieron en una embestida templada y enclasada cuando el torero se echó la muleta a la izquierda.

Ahí rompió, y de qué manera, la faena. Los naturales -los mejores de la Feria- surgieron limpios, tersos, armónicos y largos. Pepe Moral se hartó de torear sobre ese palo, el más clásico del toreo, en una faena honda, maciza y reveladora que aún remachó volviendo al otro lado y en un ceñido trincherazo. La altura de ese toreo, naturalmente encajado, bien hecho y mejor dicho estaba pidiendo los máximos trofeos pero la espada se empeñó en caer más baja de la cuenta. La presidenta Anabel Moreno se aferró a la literalidad del reglamento para negar la segunda oreja. El lance, posiblemente, necesitaba otra sensibilidad. Pepe se pegó dos vueltas subido al tren de su vida. A la dama le cayó una galerna de improperios.

Pero hubo más en esa miurada que no dejó aburrirse a nadie aunque el primero, prácticamente inválido, no dejó esbozar a Nazaré ni un solo muletazo o capotazo digno de tal nombre. Tuvo que esperar al complicado y duro cuarto para mostrar sus avales. El diestro de Dos Hermanas estuvo francamente bien con ese animal que no regalaba nada. Sobrado, muy por encima, supo hacerlo romper hacia delante en los primeros capotazos y entregarse en una faena sorda y valiosa que debería poner en alerta a las empresas.

El tercero era Esaú Fernández, que dio el susto de la tarde después de ser arrollado por el tercero, al que había recibido a portagayola. Volvió recobrado de la enfermería pero tuvo pocas opciones con ese animal que estuvo a punto de herir gravemente a Curro Robles en el tercio de banderillas. El diestro camero le plantó cara pero el toro, visiblemente congestionado, entregó la cuchara antes de tiempo. Tampoco iba a poder ser con el sexto, un toro de más a muy menos que acabó abortando una faena que había comenzado felizmente por redondos. Pero, desgraciadamente, duró un suspiro.

El pasodoble Suspiros de España -el mismo que debieron tocar anteayer a Ferrera en su hermoso recital- había abrigado el crepúsculo mientras la Feria se moría en el interminable clarinazo que avisaba que había llegado el final. Se había acabado el invento. Un año más -y ya son algunos- estuvimos para contárselo. Fue un placer.

Plaza de la Real Maestranza

Ganado: Se lidiaron seis toros de Miura, bien presentados y de juego muy variado. Sobresalió el lote conformado por un segundo que humilló y se desplazó en la muleta y un quinto de excelente clase, especialmente por el lado izquierdo. El primero, blando y deslucido, no sirvió. El tercero, duro y bronco, se lastimó durante la faena. Resultó correoso y complicado y correoso el cuarto y el sexto, que prometió algunas embestidas, duró muy poco.

Matadores: Antonio Nazaré, de carmelita y oro, silencio tras aviso y ovación.

Pepe Moral, de amapola y oro, oreja y oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo.

Esaú Fernández, de tabaco negro y oro, ovación y palmas de despedida.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde espléndida. Dentro de las cuadrillas destacaron los picadores Francisco Moreno y Espartaco además de los banderilleros Curro Robles, Juan Sierra y Miguel Ángel Sánchez.


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