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Feria de Abril 2017

Perú, Francia y... ‘Derramado’

Castella malogra con la espada la mejor faena del ciclo a un bravísimo ejemplar de Victoriano del Río. Roca Rey cortó dos orejas y acarició la Puerta del Príncipe

06 may 2017 / 00:29 h - Actualizado: 06 may 2017 / 00:43 h.
  • Roca Rey, celebra la muerte de su primer toro, del que cortó las dos orejas. / Reportaje gráfico: Diego Arenas
    Roca Rey, celebra la muerte de su primer toro, del que cortó las dos orejas. / Reportaje gráfico: Diego Arenas
  • Sebastián Castella, en los primeros momentos de la lidia al cuarto toro de Victoriano del Río, que mereció dar la vuelta al ruedo al final de la faena.
    Sebastián Castella, en los primeros momentos de la lidia al cuarto toro de Victoriano del Río, que mereció dar la vuelta al ruedo al final de la faena.
  • José María Manzanares durante la faena de muleta a uno de sus astados.
    José María Manzanares durante la faena de muleta a uno de sus astados.
  • Derechazo de Sebastián Castella al segundo de su lote.
    Derechazo de Sebastián Castella al segundo de su lote.
  • El joven torero peruano entra a matar al tercero de la tarde.
    El joven torero peruano entra a matar al tercero de la tarde.

La Feria –que ya anda de recogida haciéndose muchas preguntas– necesitaba una tarde así: dos faenas rotundas y un toro de vacas que mereció esa vuelta al ruedo póstuma. Estaba marcado con el hierro de Victoriano del Río; se llamaba Derramado y tenía capa castaña. Castella lo templó a la verónica aunque el piquero se pasó de rosca. No importó, el animal se vino arriba en banderillas y apuró a Chacón, que también estuvo importante con los palos. En los primeros muletazos ya se mascó lo que estaba por venir. Derramado se empleó en los pases por bajo y, ya en los medios, rompió a galopar con importancia en las primeras series formales. Castella le tomó el pulso toreándolo por abajo, muy largo y en redondo en tandas de intensidad creciente. Hubo cambios de mano, sensacionales pases de pecho y hasta sentido de la escena para corregir un pequeño bajón argumental y un inoportuno desarme que no rompió el hilo. El toro no se cansaba de embestir y se venía arriba muletazo a muletazo mientras el diestro francés cincelaba la que ya es su mejor obra en la plaza de la Real Maestranza.

Sebastián lo cuajó sobre ambas manos y enganchó sus mejores muletazos, cuando el trasteo ya encaraba su final detrás de un colorista pase de las flores. Quizá se pasó de rosca en las manoletinas finales. La espada entró a la primera pero el toro, con la boca cerrada, vendió cara su muerte. El descabello terminó de esfumar las dos orejazas que se había ganado. Si Derramado es ya, por derecho propio, el toro de la Feria la de Castella es la faena más completa. Lástima que el diestro francés no tuviera material idóneo con el precioso ensabanado que rompió plaza, que recibió a portagayola. Josele le puso un puyazo magistral después de un derribo estrepitoso pero el toro, obediente en la muleta del francés, estuvo falto de alma y la cosa no llegó a trascender nunca.

Y si hablábamos del mejor toro y la faena más completa también podemos hablar del primer gran triunfador –con permiso de Ferrera– de este ciclo declinante. Es Andrés Roca Rey, que ayer dio otra vuelta de tuerca en su irresistible ascensión a la cima del toreo. El joven paladín peruano salió suelto y resuelto a triunfar y estuvo cerca, muy cerca, de abrir esa puerta que se mira en el Guadalquivir y que envenena el sueño de todos los toreros. Roca había tenido que ver como le devolvían el burraco que salió en tercer lugar. En su lugar salió un serio sobrero, con dos gatillos en la cabeza, que se apresuró a brindar a la parroquia. Decenas de banderas de Perú se abrieron en los tendidos para saludar a Andrés, que comenzó la faena con ayudados por alto y algún efecto especial antes de que el toro huyera como un gamo.

No importó, se marchó al terreno de su querencia y se puso a torear largo, hondo y muy obligado. La plaza rugía mientras el joven matador lo metía también en la canasta por el lado izquierdo con naturales largos y tersos rematados con un sensacional pase de pecho. Hubo otra serie diestra, reunida, empacada y con la arrucina llegaron nuevos efectos especiales con la gente en pie. La estocada desprendida y la larga agonía del animal no impidió que cortara esas dos orejas de peso. Las paseó entre un clamor. Tenía la Puerta del Príncipe entreabierta y aunque hizo méritos para cortar una tercera oreja al informal sexto –mientras arreciaba el agua– el mal manejo de la espada aguó la fiesta. Una fiesta a la que no pudo unirse Manzanares que sorteó un segundo bronco que se rajó pronto y un complicando quinto con el que no terminó de sentirse a gusto.

Plaza de la Real Maestranza

Ganado: Se lidiaron seis toros de Victoriano del Río, incluyendo el sobrero de Toros de Cortés que hizo tercero, manso pero muy potable. En cualquier caso, el toro del encierro fue el cuarto, un ejemplar de bravo galope, clase diferenciada, gran recorrido, duración ilimitada y embestidas humilladas que mereció la vuelta al ruedo. El primero, de más a menos, resultó soso; temperamental pero rajado el segundo; complicado el quinto y algo desigual, pero potable, el sexto.

Matadores: Sebastián Castella, de malva y azabache, silencio y vuelta tras aviso.

José María Manzanares, de aguamarina y oro, ovación tras aviso y ovación.

Andrés Roca Rey, de after eight y oro, dos orejas tras aviso y ovación tras aviso.

Incidencias: La plaza .se llenó hasta la bandera. Llovió durante la lidia del sexto. Dentro de las cuadrillas destacaron Josele picando al primero de la tarde y Antonio Chacón pareando al cuarto.


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