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Ponce: el año de los prodigios

El maestro valenciano ha cerrado por todo lo alto su 27 temporada de matador de toros

04 dic 2016 / 18:00 h - Actualizado: 04 dic 2016 / 18:36 h.
  • Ponce ha cubierto una excelente temporada en la que ha vuelto a mostrar su incombustibilidad. / Efe
    Ponce ha cubierto una excelente temporada en la que ha vuelto a mostrar su incombustibilidad. / Efe

El dato es objetivo y se puede comprobar echando mano de las frías estadísticas; de las de hoy y de las de ayer. El caso de Enrique Ponce no conoce parangón en la historia del toreo. Mantenerse 27 temporadas como matador de toros, más de tres décadas como profesional, haber superado durante diez años la cifra de cien corridas toreadas en la temporada española y, sobre todo, hacerlo sin apearse de la primera fila es absolutamente excepcional, se mire por donde se mire una historia, la del toreo profesional, que supera los dos siglos.

Conviene poner a funcionar la moviola para viajar a aquella tarde valenciana del 90 en la que se quedó solo con un corridón de toros por incomparecencia de sus compañeros de cartel. Aquel día arrancó su buena estrella. Entre aquellos seis ejemplares iniciáticos de la feria de San Jaime y la encerrona sinfónica de Istres –el famoso día del smoking– en el año que está a punto de marcharse han pasado muchas cosas pero se ha mantenido una constante: la incombustibilidad de un torero que fue dejando en la cuneta a todos y cada uno de los rivales que le salieron al paso. Pero esa época de rivalidades ya pasó hace mucho. El productivismo de aquel tiempo –la lista de toros indultados o ganaderías lidiadas es apabullante– fue dando paso a la depuración de un concepto personal que, a la postre, le ha convertido en uno de los intérpretes más destacados del año. La recentísima concesión de la preciada Oreja de Oro de Radio Nacional de España –que recibe por sexta vez en su carrera, otro récord que comparte con Espartaco– ha venido a rubricar esa fecunda excepcionalidad.

Pero aunque la temporada de 2016 ha supuesto levantar un ancho retablo de prodigios no ha faltado el afán de alcanzar nuevas metas, como el famoso récord de Lagartijo el Grande 4.867 toros estoqueados a lo largo de su larguísima carrera que el maestro valenciano consiguió pulverizar en Santander. A esas alturas ya se sabía que los auténticos objetivos de Enrique Ponce no pasaban por seguir acumulando cifras. El torero había abierto fuego en Castellón cortando dos orejas que sirvieron de declaración de intenciones y a partir de ahí se puede trazar una larga lista de triunfos y faenas para el recuerdo. Ponce puntuaría en Valencia y llegaría a la Feria de Abril de Sevilla –había contratado una única tarde– con la mente clara para trazar un hermoso concertino –un auténtico dechado de temple y armonía– con un pastueño ejemplar de Juan Pedro Domecq. Como es habitual, Ponce echó el freno después de Sevilla y retomó el pulso de la temporada europea mediado mayo. Madrid se alzaba en el horizonte y el valenciano afrontó el compromiso con solvencia de gran figura para cuajar un torazo del Puerto de San Lorenzo al que pinchó. Pero el maestro, que formó un gazpacho en el Corpus toledano, había puesto una especial ilusión en la prevista encerrona de Istres, convertida en una antología de sí mismo. La breve polvareda levantada por el traje de etiqueta que escogió para matar los últimos toros es lo de menos. También las ocho orejas, los dos rabos y hasta el indulto del gran toro de Cuvillo que hizo quinto. Ponce estaba sublimando un concepto que, definitivamente, iba a marcar la clave de Sol de su temporada. En aquella tarde francesa, además, se estaban ensayando algunas inquietudes –la fusión de la música y el toreo– que el maestro quiere profundizar aún más.

La temporada ya se había colocado en velocidad de crucero. La lista de plazas saludadas por el estado de gracia del veterano diestro de Chiva es larga: Ávila, Alicante, Zamora, Burgos, Mont de Marsan, Santander, Palma de Mallorca, Gijón, Málaga... también se iba a sumar una tarde especial en la localidad segoviana de Cantalejo en la que Ponce destinó sus honorarios a erigir un monumento a Víctor Barrio, el joven compañero caído en el fragor de la campaña veraniega. A esas alturas ya se sabía que las miserias del toreo y el veto del mismísimo José Tomás le habían dejado fuera del homenaje coral que se estaba organizando en Valladolid y, por añadidura, del resto del ciclo pucelano.

¿Qué importaba a esas alturas? El viaje de la temporada continuó sin que el torero dejara de pisar plazas como Bilbao, Almería, Palencia o Mérida que alternó con ruedos menores. Su excepcional momento también se hizo patente en Logroño, Salamanca, Albacete... pero quedaba una última tarde, en Zaragoza, en la que se salió del pellejo. Y lo que queda.

CIFRAS Y LETRAS: LA ESTADÍSTICA Y EL RECUERDO

Un rápido vistazo al escalafón de los matadores de toros correspondiente a la temporada 2016 sitúa a Enrique Ponce en la quinta posición de la tabla. Son 43 corridas de toros las que ha contratado el maestro valenciano en las que ha estoqueado 90 reses a las que ha logrado cortar un total de 74 orejas y cuatro rabos, 43 de ellos entre plazas de primera y segunda categoría.

La calidad de los trofeos logrados vinculados a la categoría de las plazas le colocarían en el segundo lugar del cuadro de honor, superado tan solo por el joven paladín peruano Andrés Roca Rey, al que dobla en edad. ¿Qué pasará el año que viene?


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