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Un movimiento en contra que crece y se mantiene fiel a la calle

En Sevilla la oposición a la fiesta lleva organizada desde finales de los 80. Hoy, junto con las manifestaciones, la oposición se ejerce en las urnas y con denuncias

25 mar 2017 / 17:45 h - Actualizado: 25 mar 2017 / 18:44 h.
  • Un movimiento en contra que crece y se mantiene fiel a la calle
    Manifestaciones en el Palacio de San Telmo durante la marcha antitaurina de 2016. / José Luis Montero
  • Un movimiento en contra que crece y se mantiene fiel a la calle
    Concentración contra las corridas de toros en la Maestranza en 2008. / J. M. C.

«La fiesta de los toros desaparecerá más pronto que tarde. Pero no sucederá tal cosa por imposición de los que mandan, sino por la desidia de los que pagan (...) Muy pronto, la fiesta de los toros será historia». Así lo dejaba escrito el 29 de agosto de 2016 el crítico taurino (!) del diario El País, Antonio Lorca. La cuestión sobre el futuro de la fiesta está más que nunca en la mesa de debate; especialmente porque el movimiento en su contra no cesa de crecer. «No es una cuestión de manifestaciones, o no solo, es la constatación de que la mayoría de los españoles viven de espaldas a ella y se avergüenzan de sentirse representados por lo que pasa en las plazas», dice el sociólogo Javier Madero.

Sevilla es un bastión para la tauromaquia, y muchos escritores e intelectuales que se han manifestado en contra de la misma han zozobrado en ocasiones intuyendo que este será, algún día, el último reducto donde pervivirán las corridas de toros. Así lo cree, por ejemplo, Manuel Vicent, y como él muchos de los que, desde la pluma, atacan el sentido de mantener este duelo público en el siglo XXI. «Sabemos que el mundo será mejor sin guerras, ni hambre, ni tauromaquia, ni zoos, ni trata de blancas, ni narcos, ni militarismo. Solo tenemos que trabajar en hacer llegar a la sociedad este precepto ético y científico», defiende Leonardo Anselmi, de la Fundación Franz Weber e impulsor de la iniciativa legislativa que llevó, por petición ciudadana, al Parlamento de Cataluña a prohibir las corridas de toros.

El movimiento antitaurino en Sevilla lleva décadas escribiendo su propia historia. A finales de los 80 comenzaron a celebrarse las primeras concentraciones antitaurinas en la puerta de la Maestranza: «Al principio éramos solo seis o siete personas; poco a poco fuimos siendo más; hicimos hasta protestas en coches», recuerda Luis Gilpérez, vicepresidente de la Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales (Asanda). «Salir a la calle está bien, pero hay que saber con qué respaldo se cuenta. Nosotros nos hemos enfocado más a la lucha burocrática, al trabajo de denunciar, denunciar y denunciar toda irregularidad y cualquier resquicio que veamos, a acorralarles», dice. Recientemente el Defensor del Pueblo Andaluz ha admitido a trámite una pregunta que el Ayuntamiento de Sevilla se niega a responder a la organización: «¿Por qué si los toros en esta ciudad nunca han sido declarados como Fiesta Mayor aparecen en la web municipal junto con la Semana Santa y la Feria de Abril?, ¿por qué se da publicidad gratuita a la empresa privada que gestiona la Maestranza?», cuestiona Gilpérez, quien incide en que el mito de que Sevilla sea una ciudad taurina es eso, «un mito».

Según el Informe socioeconómico de la ciudad –publicado originalmente en 2003 y reeditado con parecidos resultados en años posteriores– la actividad menos frecuentada por los universitarios sevillanos son las corridas de toros, «ya que casi habría que contemplar un horizonte de cuatro años (0,31 veces año) para reunir una asistencia a este tipo de espectáculos», según el citado estudio estadístico. El apoyo a la tauromaquia ha descendido de un 30 a un 19 por ciento en los últimos tres años y el porcentaje de los jóvenes de 16 a 24 años de edad que rechazan los toros alcanza el 84 por ciento, que aseguran estar «poco» o «nada» orgullosos de vivir en un país donde la tauromaquia es una tradición cultural, según una encuesta de Ipsos Mori dada a conocer en 2016. Según datos del Ministerio de Cultura, la asistencia a corridas ha descendido un 60% pasando de 953.000 espectadores en el año 2007 a 395.000 en el 2015.

«Como los datos nos avalan por eso el mayor ataque que el movimiento animalista debe seguir infringiendo a la tauromaquia es la presión política por medio de los grupos reacios y mantener la lucha para acabar de una vez por todas con las subvenciones al sector», reivindica Antonio Moreno, portavoz del Colectivo Andaluz Contra el Maltrato Animal (CACMA), una asociación la suya que resucitó el espíritu manifestante en el año 2007 cuando planteo la posibilidad de realizar una visita anual a la Maestranza para recordar que «Sevilla es antitaurina, que frente a los 12.000 asientos que hay dentro y que nunca se llenan la ciudad da mayoritariamente la espalda a un espectáculo que ataca la sensibilidad y que no tiene razón de ser hoy día», dirá.

El CAS International (Comité Antitaurino Holandés) es, por su parte, una muy activa organización internacional que arremete contra uno de los puntos más fuertes de Sevilla y España por extensión, el turismo. Ya en la Expo’92, el vicepresidente de Asanda, Luis Gilpérez, recuerda cómo «no hubo ninguna publicidad taurina; ningún país quiso ser partícipe de este fasto, de puertas para adentro, en la Cartuja, los toros parecían no existir». «La tauromaquia daña la imagen de España y nosotros nos encargamos de sugerir a los potenciales visitantes que elijan preferentemente destinos donde no existan plazas de toros, o donde estas no estén operativas», reconoce desde el CAS Marius Kolff, portavoz del mismo.

Las manifestaciones y los saltos al ruedo serían la parte más visible y, en ocasiones controvertida, de la oposición a la tauromaquia. Pero el movimiento ha evolucionado y su madurez ha pasado por votar en conciencia –el Partido Animalista (Pacma) es ya la formación extraparlamentaria nacional con más votos (286.702 en las pasadas elecciones)– y las organizaciones que se posicionan en contra crecen: Anima Naturalis, Libera, Igualdad Animal y Serás Su Voz son algunas de las que operan en España a nivel nacional. Además, el perfil ha cambiado. «Si antiguamente la militancia pasaba por acabar con la fiesta, ahora el animalista es una persona con formación universitaria, habitualmente vegano o vegetariano, y que ha extendido su empatía a todos los seres sintientes», concluye el doctor en Filosofía y profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Óscar Horta.


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