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Los protagonistas de 2016

Víctor Barrio, el año que murió

Héroe taurino. Con tan sólo 29 años, la trágica muerte del diestro segoviano el pasado 9 de julio en la plaza de Teruel sacudió hasta los cimientos al mundo del toro

26 dic 2016 / 08:55 h - Actualizado: 26 dic 2016 / 08:00 h.
  • Víctor Barrio, el año que murió

En la temporada 2016 se sucedieron ferias, triunfos, fracasos, acontecimientos, apoteosis y, desgraciadamente, algunas decepciones que se solaparon con esa insoportable presión antitaurina que sólo está siendo contenida –a duras penas– por la flamante Fundación del Toro. La nueva plataforma, precisamente, desplegó sus primeras estrategias en el año que se acaba. Y no les ha faltado trabajo para recordar que el toreo es una actividad legítima y legalmente protegida. Pero este año 2016 que ya anda pidiendo la cuenta no fue uno más. Será recordado por un acontecimiento funesto, más allá de las estadísticas o el desarrollo de las ferias. El suceso taurino de 2016 fue la muerte de Víctor Barrio en la plaza de Teruel el 9 de julio.

Víctor Barrio era un matador de vocación tardía, hibernado en la trastienda de la segunda fila después de unos prometedores inicios novilleriles. ¿Podría haber llegado más alto? Es sabido que el viaje del toreo es tan duro como incierto pero, posiblemente, tampoco había dicho su última palabra en el oficio en un momento de oportunidades escasas. Se trataba de seguir en la brecha, pelear por codearse con los grandes... el torero, de 29 años, sólo había cubierto dos contratos en la temporada, incluyendo su paso por la feria de San Isidro. El zambombazo definitivo seguía resistiéndose y el compromiso de Teruel, en la Feria del Ángel, no dejaba de ser un asidero para mantener la llama y ganarse un nuevo contrato.

Era una tarde más, perdida en el nomadeo veraniego de los hombres de luces y, seguramente, eclipsada por el poderoso halo de las fiestas de San Fermín. Barrio había acudido a la cita con entusiasmo pero Lorenzo, un toro marcado con el hierro de Los Maños que saltó en tercer lugar, le descubrió detrás del engaño en una inoportuna ráfaga de viento cuando más a gusto se encontraba toreando. El animal hizo por él, le levantó por un muslo y lo derribó en el suelo. Pero el toro no quiso soltar su presa y le corneó contra el piso atravesándole el pecho de costado a costado hasta arrancarle la aorta. Cuando las asistencias lo recogieron del albero ya era un cadáver. En la enfermería, más allá de las obligadas maniobras de reanimación, sólo se pudo certificar su muerte.

Había muerto un torero y la profesión volvió a unirse, sobrecogida, como sólo sabe hacerlo cuando se derrama la sangre de uno de los suyos. Pero había novedades: el dolor unánime de otras veces fue sustituido por algunas manifestaciones nauseabundas que dejaron al descubierto algunas de las cloacas que esconde el animalismo. En el fondo, sólo se estaba diagnosticando un nuevo síntoma de esta sociedad enferma. Decía un viejo torero que sólo la sangre de los nuestros conseguiría recuperar el crédito perdido en esta causa general contra el oficio. Pero la muerte de Víctor Barrio también sirvió para desenmascarar a algunos miserables. El fallecimiento del torero segoviano había sacudido hasta el alma a esos hombres que se visten de oro y plata al atardecer arrancando las caretas a ciertos seres que nada tienen de humanos. Especialmente dura, sangrante y repugnante fue la intervención de cierto maestro valenciano llamado Vicent Belenguer que quiso escurrir el bulto al ser identificado por la policía.

Mientras lloraban a su compañero caído, los toreros –y todo el sector– tuvieron que soportar otras descalificaciones que otorgaron una dudosa y triste celebridad a personajes como el rapero Pablo Hasel o un tal Petirrojo que, acosado por la indignación social, fue despedido fulminantemente por la multinacional Nestlé, que le había contratado para la campaña de promoción de uno de sus productos. Fueron las voces más lamentables del coro de burlas que saludó la muerte del torero y ensució el dolor de sus familiares a través de las redes.

Pero aquel 9 de julio había marcado un antes y un después. Se estaba trazando un inédito espíritu de grupo que hizo crecerse a las gentes del toro mientras entonaban su propio ¡basta ya! La intervención del mismísimo presidente del Gobierno; la llamada de atención de la Fiscalía General del Estado o la defenestración pública de esos personajes nauseabundos eran una auténtica novedad. La muerte de Víctor Barrio fue, en definitiva, el suceso taurino de la temporada 2016; una noticia que nadie quiso haber contado. Pero el doloroso suceso mostró, una vez más, la auténtica verdad del toreo y la vigencia de los valores que lo alientan. Otros quedaron retratados.


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