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Universidad de Sevilla

Uno más uno suma uno

Manuel Ortiz y Carla Carmona han creado OC, un heterónimo nacido como autor de su obra conjunta, que ahora se expone en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla

h - Actualizado: 22 oct 2016 / 15:29 h.
  • Manuel Ortiz, en medio de la pieza titulada ‘La sombra y el deseo’, que cierra la exposición. / José Luis Montero
    Manuel Ortiz, en medio de la pieza titulada ‘La sombra y el deseo’, que cierra la exposición. / José Luis Montero
  • ‘La pecera de los artistas’, en primer plano, y al fondo otras obras de la exposición. / José Luis Montero
    ‘La pecera de los artistas’, en primer plano, y al fondo otras obras de la exposición. / José Luis Montero
  • Carla Carmona, el 50 por ciento de OC. / El Correo
    Carla Carmona, el 50 por ciento de OC. / El Correo

OC no es una persona, pero tiene obra propia, y se expone en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS) hasta el 15 de diciembre. La muestra se llama Correspondencias, y el título es un buen punto de partida para saber quién, y por qué, se esconde detrás de ese heterónimo.

Lo explica Manuel Ortiz, coautor de la exposición junto a Carla Carmona, ahora en Londres. Porque estas piezas nacen «del presupuesto de una correspondencia, de dos individuos que intervienen sobre una misma obra. Lo que en principio se basa en una proposición y una respuesta se complica a lo largo del tiempo, y con el uso de ese método de correspondencia se van creando obras cada vez más complejas y algo que me parece muy interesante: un nuevo autor».

El propio Ortiz destaca la extrañeza que le produjo la sintonía entre los dos artistas. «Una de las cosas más sorprendentes es que desde las obras primeras ya existe esa conexión muy clara, que fluye bien la obra. Siempre hay momentos de disputa, pero como los hay en un autor. Cuando yo hago una obra mía, tengo discusiones conmigo mismo. Eso existe también en OC, pero no hay ningún momento en el que todo esté obstruido».

¿Pero qué se encuentra el visitante que acude al CICUS? Pues multitud de formatos, intereses, discursos, estilos y conceptos. Todo surgió de manera natural, una vez que ambos autores vieron las posibilidades del proceso que habían iniciado y «cómo era susceptible de ser aplicado a muchas técnicas, a muchas maneras de hacer. Hemos pasado de obras puramente formalistas, como en algunos dibujos y cuadros, a obras de carácter más conceptual», como la pieza Historia de la literatura. Ortiz se refiere a ella como «una colección de botellas exactamente iguales que acogen unas pequeñas etiquetas en las que representamos conceptos, momentos, lugares o personajes. Es una reflexión sobre experiencias sobre literatura que hemos compartido en algún momento o vivido anteriormente». Un espíritu revisionista similar está tras La pecera del artista, una pecera que incluye elementos realizados con el estilo de autores muy conocidos, sobre todo de las vanguardias artísticas.

La muestra destaca por la variedad de técnicas y formatos. Hay grandes formatos pictóricos «y formatos pequeñísimos de obras conceptuales», como Sparkling water y Cactus, «pequeñas botellas sobre las que hemos introducido un elemento de extrañeza». En la primera han transformado las burbujas del agua en bolas de plomo, lo que dificulta asir la botella. En la segunda, han rodeado otra botella de clavos, de manera que tampoco puede cogerse y, además, plantea una reflexión sobre los límites de los objetos, difusos. Además de «una especie de paradoja en la relación entre lo de fuera y lo de dentro».

A pesar de la diversidad, Ortiz destaca una constante: la geometría inorgánica. «En obras en dos dimensiones, en papel o lienzo, ha consistido en crear una estructura, unas mallas de fondo, en la que intervenían elementos orgánicos, figuras que podían relacionarse con algún elemento natural». Con el tiempo, «eso evolucionó hasta crear una serie de elementos geométricos, como estas cajas que se inundan de elementos naturales reales y que hacen de contenedor». Quedaba un paso más: «Después, en otros casos ya directamente esos elementos naturales rompen esa geometría y establecen otro diálogo, como si estallara la geometría en forma orgánica».

La muestra les sirve a los propios creadores para valorar el conjunto de su obra, que nació como simples proposiciones y respuestas. «Después, conforme pasa el tiempo, vemos que esa correspondencia es susceptible de otros formatos, otras historias, que nos interesa contar otros discursos. Y vamos viendo realmente que la correspondencia funciona. Podía no haber funcionado, no haber tenido esa conexión, era un experimento». Y surge una nueva necesidad: «Cuando te das cuentas de que esta obra empieza a coger cierta entidad, empiezas a ver una cierta necesidad de exhibición, pero no sólo por una demostración de nada, sino por tomar una perspectiva. Hasta que no hemos visto la exposición montada no hemos sido conscientes al cien por cien de lo que había».


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