martes, 25 febrero 2020
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«Alegría»: Sin dolor no hay nada

El finalista del Premio Planeta del año 2019 es un buen relato. Aunque contiene defectos que impiden que sea una gran novela. Es posible que Vilas, sin quererlo, se imite a sí mismo y a su mejor literatura. Y el resultado es una caricatura. Nada grotesca, pero caricatura al fin y al cabo

20 ene 2020 / 07:09 h - Actualizado: 20 ene 2020 / 07:16 h.
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  • Manuel Vilas. / EFE
    Manuel Vilas. / EFE

Arranca la novela de Manuel Rivas en el territorio acotado por unos versos de José Hierro: «Llegué por el dolor a la alegría. / Supe por el dolor que el alma existe. / Por el dolor, allá en mi reino triste, / un misterioso sol amanecía». Al menos esa es la conclusión que el que escribe sacó al cerrar el libro.

«Alegría», que es la digna finalista del Premio Planeta de año 2019, es una novela que quiere volar muy alto aunque, sin embargo, no logra elevarse más allá de lo que suelen hacerlo las novelas correctas. La altura la consigue puesto que en el relato encontramos imágenes excelentes, algunas sentencias que el narrador parece lanzarnos a la cara para que reflexionemos. El problema es que esos grandes momentos narrativos quedan rodeados, envueltos, por páginas y más páginas que son reiterativas a más no poder. Las ideas se estiran sin compasión alguna, se exprimen como limones aunque ya estén secas. Manuel Vilas sabe, porque es un buen escritor, que una idea debe abandonarse a su suerte una vez dicha. Pero no lo hace y explota hasta el dolor lo que no tiene más que la enunciación y la posibilidad de ser pensada por el lector.

Manuel Vilas sabe que muchas de sus reflexiones son universales y que, por esa razón, funcionan bien en una novela. Manuel Vilas sabe que el amor que se siente por los padres es la puerta que se abre para ejercer el amor a los hijos y, sobre todo, a uno mismo. Manuel Vilas sabe que el amor a un lugar es la alegría que produce la certeza de pertenecer a una tierra y a un tiempo. Pero esto no es suficiente para construir un relato. Vilas enuncia todas esas ideas (no solo esas, claro, aunque son las fundamentales) intentando que sean suficientes para que la novela funcione, para que el relato sea robusto. Y no es así.

«Alegría» es el narrador, es el personaje (coincide). Posiblemente, lo se cuenta tenga una carga autobiográfica importante, pero eso no interesa ya que si a la realidad se le incorpora una gotita de ficción todo se convierte en ficción. «Alegría» es, efectivamente, la voz narrativa y tiene algunos problemas técnicos. Por ejemplo, resulta incomprensible hablar de una acción que ocurre «en este mismo momento» cuando todo se cuenta desde el recuerdo y, efectivamente, unas frases más allá se habla, otra vez, en pasado.

«Alegría»: Sin dolor no hay nada

Además, al margen de esos problemas técnicos, el relato no se construye desde la credibilidad. Todo se enuncia. Si el personaje dice que está alegre hay que creerle. Y, no pocas veces, no casa la afirmación con lo cierto. Y no es ironía lo que desprende el texto. El lector, lógicamente, lo cree o no lo cree. Cada uno hace lo que quiere y eso es un enorme problema. Que no case el estado de ánimo del personaje con lo que se dice en el texto es una error imperdonable.

Se toma excesivas molestias Vilas para contar tan poca cosa. Deja algunas frases estupendas, algunas ideas maravillosas. Pero el mundo del narrador es siempre el mismo, ni evoluciona ni deja evolucionar al personaje.

La figura del padre (esencial e inmensa); la de la madre (necesaria y equilibradora); la de los hijos (esperanzadora si se convierte en el legado del padre al desaparecer); y la de la esposa (una especie de anclaje a la realidad); son los pilares de un mensaje que coloca el dolor y la alegría al mismo nivel porque son causa el uno del otro. El recuerdo como algo fundamental en la vida del adulto que siente que la vida se va acabando sirve para canalizar toda la información y la expresividad que rebosa en cada página. Y atención a cómo en los aeropuertos se puede perder parte de lo que somos porque allí nada se comparte casi nunca.

Calificación: Premiada con lo que eso significa.

Tipo de lectura: Amena y, a veces, deliciosa.

Tipo de lector: Padres, hijos, madres, esposas.

¿Dónde puede leerse?: En un aeropuerto.


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