viernes, 18 octubre 2019
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Alta literatura para ‘pinkwashers’ (I)

Aquellos que identifican el universo gay con la frivolidad, estaban mejor en sus casas, leyendo. Así se enterarían de algo más. Porque detrás del movimiento LGTB, la extravagancia, y el desenfado, hay mucho dolor, mucho valor. Demasiado sufrimiento como para reducirlo a banalidades. Se respeta a quienes se han hecho respetar, solo por eso

25 oct 2018 / 19:29 h - Actualizado: 31 oct 2018 / 23:14 h.
  • Yukio Mishima. / El Correo
    Yukio Mishima. / El Correo
  • Portada de ´La máscara de carne’. / El Correo
    Portada de ´La máscara de carne’. / El Correo
  • Portada de ‘París-Austerlitz’. / El Correo
    Portada de ‘París-Austerlitz’. / El Correo
  • Portada de ‘Confesiones de una máscara’. / El Correo
    Portada de ‘Confesiones de una máscara’. / El Correo
  • Portada de ‘Confusión de sentimientos’. / El Correo
    Portada de ‘Confusión de sentimientos’. / El Correo

1958 - EL TORTURADO: «LA MÁSCARA DE CARNE», de Maxence van der Meersch.

Un testimonio desgarrador, en lo que podría ser perfectamente un Caballo de Troya literario, una novela engañosa, por tanto, que bajo la defensa aparente de unos valores y conductas, quizás no hace más que reflexionar sobre la legitimidad moral de sus contrarios.

Pensamos en un infiltrado porque el conocimiento de los ambientes homosexuales, en los Países Bajos, en el inicio del siglo XX, es demasiado detallado como para haberlo inventado -y lo sabemos porque no cambiaron tanto hasta el final de ese siglo en toda Europa, y porque son así aun, nos tememos, en algunos países oscurantistas- la penetración dentro de la mente del invertido es suficientemente auténtica como para haber sido tomada del natural, de amigos muy cercanos, o relaciones muy sinceras. También tenemos algunas menciones, al final del libro, a las nuevas teorías contemporáneas que abogaban por la normalización de la homosexualidad, que –aun tangencialmente- hacen el efecto de un punto de fuga para la narración.

En cualquier caso, Maxence van der Meersch empatiza –con su neutralidad- y retrata, como se ha hecho pocas veces en la literatura, una alma que se siente pecadora y nefasta, el Anima Dannata llena de temores, de frustraciones, de angustia y culpabilidad de un hombre que ha conocido las relaciones homosexuales y sabe que su destino está dibujado en esa práctica proscrita. En ese sentido es una novela aterradora, asfixiante.

Una familia y un entorno burgués, cultivado. En su seno se produce el error imperdonable. Exactos los retratos de los padres, de la sociedad, de los cómplices ocasionales, y de las víctimas involuntarias de un protagonista, que no nos puede causar otra cosa que una inmensa compasión. No es un monstruo, aunque él se sienta así, porque el escritor no ha querido retratarlo bajo esa forma, y por lo tanto entendemos que lo perdona, pues si no fuera tal, esta novela no tendría mucho sentido. Porque si el autor no interviene, es para interrogar al lector poniéndolo en el lugar de dios, como vemos en la conclusión.

Quizás la conversión del escritor al catolicismo, desde su inicial ateísmo, y las doctrinas humanistas cristianas que siguió, marquen el campo minado de este diario simulado, pero demasiado real.

Nada tiene que ver con otras novelas de la época, en las que la homosexualidad comenzaba a liberarse de tabúes y a rebelarse al mundo, ni tampoco con las que se deleitan en la depravación, la caricatura, el libertinaje, o el castigo. Solo se parece a El ángel de Sodoma, del cubano-español Hernández Catá en su siniestro abismo humano y provincial, aunque Manuel Ghelens, su protagonista, no tiene un momento de tregua, como si lo tiene en cambio José María Vélez ‘El ángel’, pero tampoco toma una decisión letal. Tienen por tanto diferentes caminares y destinos.

2016 - EL ELITISTA: «PARÍS-AUSTERLIZ», de Rafael Chirbes

La distancia entre dos estaciones de ferrocarril de la misma ciudad contiene una metáfora de la vida, enhebrada entre paradas diferentes que pueden ser amores. Que suelen ser amores.

El recorrido, subterráneo, dominado por los movimientos de los vagones y el chirriar de los raíles, aparentemente seguro, pero abierto siempre a una incidencia inesperada, es la metáfora de la relación que descarrila en las páginas de papel. Todo transitado por una idea, la de que cualquier estación puede ser la última. Y por una certeza, que a pesar de los contrasentidos y de los sinsabores, cualquier compañía sincera marcará nuestras vidas.

París-Austerlitz es una novela profundamente penetrada por el complejo del egoísmo con el que los seres humanos defendemos nuestras existencias de los demás. Narra una historia de amor entre dos seres desunidos por las diferencias de clase y las maneras de vivir, condenados a no confluir por mucho que lo intenten, cuanto más ha de ser así cuando ni siquiera lo hacen.

París, la bohemia, la condición obrera, el sexo, la aparición del sida, son los materiales con los que Rafael Chirbes construye una de sus mejores novelas. Clara, sincera en su intención; personal en su punto de vista, que nos parece cercano a acontecimientos vividos por el autor, y si no es así hábilmente planteados por el novelista, que los tuvo en la cabeza durante largos años y que los publicó, después de mucha obra mayor, en el final de su vida, como si de un testamento literario se tratara.

1949 - EL MALDITO: «CONFESIONES DE UNA MÁSCARA», de Yukio Mishima

Hay algo inquietante y literario en esa idea de una máscara que se confiesa.

No es una persona que se quite la máscara y se muestre tal y como es. Al fin y al cabo, el hombre llamado Kimitake Hiraoka vivió toda su vida bajo el pseudónimo del escritor Yukio Mishima, de Japón. Un país que reflexiona mediante un teatro basado, también, en la utilización de caretas que muestran y significan.

Todos interpretamos en la vida el papel de una máscara, aunque nos cuesta confesar nuestras más perturbadoras perversiones, las fantasías sexuales ocultas, la morbosidad de nuestras tendencias, y lo patológico de algunas fijaciones.

Las del escritor son sinceras y escabrosas –algunas salvajes- y convenimos en que hace falta valor para develarse de esa forma. En 1948. Porque sucede que en vez de resultar desagradable o repugnante, las ennoblece con la verdad y con el lenguaje, convirtiéndolas en una obra de arte.

Obra de arte que no nos resulta tan lejana, porque su inspiración bebe en fuentes que queremos olvidar pero que no podemos, porque atraviesan nuestras plazas en los pasos procesionales, porque las encontramos en la gloria de nuestros museos (sí, también en nuestro Prado tenemos un San Sebastián martirizado por Guido Reni), porque están en los martirologios cristianos, en su literatura, y en su iconografía.

Y no deja de haber en ellos una tensión sexual no resuelta que nos negamos a ver y que Mishima nos escupe en la cara, como si quisiera cargar –cordero del mundo- con nuestros pecados. Como si hubiera conseguido llevárselos con él después de cometer un suicidio ritual en 1970. Seppuku.

Yukio Mishima murió como vivió, con dramatismo, envuelto en el misterio religioso que convocó con sus fantasías.

Confesiones de una máscara es un viaje al interior de uno mismo, contado con valentía.

1926 - EL SINGULAR: «LA CONFUSIÓN DE LOS SENTIMIENTOS», de Stefan Zweig.

La confusión de la colectividad al marginar el potencial de inmensas minorías, que no comenzó a aclararse hasta el final de la Gran Guerra. Una civilización pétrea, tallada sobre la moral burguesa y una religión intransigente, castradora, que mantenían a la sociedad embridada y que Zweig ha retratado con deleite en todas sus novelas y que aquí condensa y sublima, descargándola en tres personajes.

La analiza desde un territorio fronterizo, una línea lábil en la que muchas experiencias convergen y se confunden. Es la variedad de los sentimientos entre personas y sus matices: sexo, sensualidad, atracción, deseo, repulsión, rechazo, admiración, cariño. La disociación entre los deseos de la mente y el cuerpo, su convivencia en la comunidad. El martirio de ser diferente, de no comprender ni comprenderse.

El deseo platónico de encontrar un alma gemela que nos acompañe en esta existencia efímera.

Con una prosa elegante y precisa, el literato alemán avanza desde la ambigüedad por un territorio escabroso que poco a poco va alisando, iluminando. Pocas veces en la literatura se permite a un lector sumergirse en una experiencia ajena con tanta intensidad, y tanta empatía hacía el receptor. De una manera tan sincera.

Una novela de iniciación que es también un tributo a la figura magnífica del sabio intelectual -el profesor- como a la inocencia de la primera juventud.

Demuestra el autor un conocimiento preciso de ambientes periféricos, de maneras de actuar y de encubrir, de dudas y de certezas que hacen de La confusión de los sentimientos una revelación, y un icono precursor de la literatura gay.


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